¿Qué pasaba después de la muerte? Me pregunto eso sin saber dónde estoy, en qué estado estoy. Puede que, del otro lado, puede que del lado de los vivos, pero no puedo diferenciarlo porque sigo sin sentir nada y con los ojos cerrados. La oscuridad en la que estoy es mi refugio en este instante, un refugio del cual no quiero salir, porque me cuesta saber qué fue de mí. Me cuesta también el asumir si realmente existe un cielo o si me corresponde el infierno por todas mis mentiras. Igual me costará asumir si no estoy muerta y fui la que expuso a todo ese peligro a esa familia por mis planes estúpidos. No quiero abrirlo, no quiero enfrentar las consecuencias de lo que esté viviendo. Nada. Hasta que oigo una voz muy débil y rota. —¿Lily? ¿Me escuchas? ¿Tu mano se está moviendo? De allá de

