Capitulo 7

1408 Words
Amanece y Laura Aún se encuentra en su suave y divina cama, vistiendo sus pijamas blancas de seda, las cuales son sus favoritas, está pensando en que hoy debe volver a su realidad, a su rutina, a sus ejercicios, a su dieta, sus responsabilidades laborales, reconoce que ha pasado una noche diferente rememorando a Ricardo, repasando en su mente cada instante vivido y compartido a su lado, la comida, los detalles, los gestos, las miradas, las palabras, todas las coincidencias, realmente se siente muy feliz de haber aceptado la invitación de Ricardo, lo que más la ha conectado, fue ese roce de manos que hubo durante la cita, el solo sentir la calidez y la suavidad de sus manos  la han emocionado; su cuerpo se estremeció por completo y recuerda a cada instante esa sensación que la gratifica y la hace suspirar.     Debe reconocer que Ricardo es un caballero, un hombre diferente fuera de esta época.     —pensé que ya no existían hombres así, que se habían erradicado, pero existes tú, galante, apuesto, educado, en extremo romántico, se dice así misma en voz alta, refiriéndose por supuesto a Ricardo.     El teléfono nuevamente interrumpe sus ideas al observar la pantalla se percata de qué es un mensaje de su madre recordándole el encuentro que tendrán el fin de semana donde harán unas barbacoas; Laura responde escuetamente.     — Si mami, gracias por recordármelo allí estaré. Inmediatamente viene a su mente la posibilidad de invitar a Ricardo a ese encuentro familiar, ¿será oportuno? ¿Cómo lo irá a percibir su familia? ¿Lo aceptarán?  ¿La criticarán? O, por el contrario, se sentirán a gusto pensando que existe un mayor compromiso entre ambos.     —Recuerda traer el pan— le escribe su madre, ah Y si deseas también puedes traer un invitado, además de Elena.     —Cuenta con el pan, mami, te amo— responde.     —No, no, no, Laura déjate de esas ideas, aterriza pisa firme, que estás muy en las nubes — se vuelve a decir a ella misma. Y de un zarpazo, se levanta de la cama, para comenzar su ajetreado día.     — ¿Cuál será?     —Quiero que sea una sorpresa, por favor aborda mi vehículo y acompáñame.     Laura, piensa brevemente en rechazar la invitación, más bien la voz y la mirada en Ricardo la han convencido fácilmente.     — Está bien, acepto —le contesta, pero por favor debo regresar temprano por mi vehículo.     — No te preocupes, así será y yo te acompañaré, no te dejaré sola.      Ambos abordan el vehículo y emprenden el viaje, la ruta es un camino estrecho, pero largo, un poco curvado, con altas y bellas montañas a ambos lados, con un inmenso verdor. Luego de un largo trayecto, Laura está un poco impaciente y se atreve a preguntar.     — ¿A dónde vamos Ricardo? —con duda.     —Tranquila hermosa, confía en mí iremos a un lugar especial; próximo a haber recorrido varios kilómetros, Ricardo estaciona su vehículo, baja del mismo y le abre la puerta a Laura para que también ella salga, la toma de la mano y dan unos pocos pasos, para encontrarse con un hermoso campo, muy extenso, rodeado de pequeñas y campestres cabañas, lleno de flores, de todos los tamaños, de todos los colores y de todos los aromas.     —Este es el lugar especial, es muy bello, vamos a disfrutarlo. Vine preparado, espérame aquí - comenta Ricardo a Laura.     Se regresa al carro y saca de la maleta todos los implementos para tener un pícnic. Ha traído una manta, emparedados de queso y jamón, té frío, golfeados y agua.     —  Merendemos primero— invita Ricardo a Laura, ella acepta.     Luego de merendar, realizan un recorrido por el campo, donde ambos van disfrutando con la diversidad de cada forma, de cada pétalo, de cada color, de cada fragancia, de cada brisa, de cada respirar. Ricardo recoge algunas flores en el camino, Laura se percata de la acción y le pregunta.     — ¿Para qué estás tomando esas flores?     — Si me lo permites, son para esto, se acerca a ella y las coloca en su cabeza, en forma de corona.     — Eres una reina, la reina de las flores, allí está tu diadema — expreso Ricardo.     —Ricardo, que tierno, que gesto tan hermoso, gracias— esboza Laura. En ese momento, no puede evitar pensar, que él tiene muchos atributos que ella soñaba y deseaba en un hombre, es detallista, sencillo, tranquilo, insistente, soñador.     — ¿Cuál será?     —Quiero que sea una sorpresa, por favor aborda mi vehículo y acompáñame.     Laura, piensa brevemente en rechazar la invitación, más bien la voz y la mirada en Ricardo la han convencido fácilmente.     — Está bien, acepto —le contesta, pero por favor debo regresar temprano por mi vehículo.     — No te preocupes, así será y yo te acompañaré, no te dejaré sola.      Ambos abordan el vehículo y emprenden el viaje, la ruta es un camino estrecho, pero largo, un poco curvado, con altas y bellas montañas a ambos lados, con un inmenso verdor. Luego de un largo trayecto, Laura está un poco impaciente y se atreve a preguntar.     — ¿A dónde vamos Ricardo? —con duda.     —Tranquila hermosa, confía en mí iremos a un lugar especial; próximo a haber recorrido varios kilómetros, Ricardo estaciona su vehículo, baja del mismo y le abre la puerta a Laura para que también ella salga, la toma de la mano y dan unos pocos pasos, para encontrarse con un hermoso campo, muy extenso, rodeado de pequeñas y campestres cabañas, lleno de flores, de todos los tamaños, de todos los colores y de todos los aromas.     —Este es el lugar especial, es muy bello, vamos a disfrutarlo. Vine preparado, espérame aquí - comenta Ricardo a Laura.     —Se regresa al carro y saca de la maleta todos los implementos para tener un pícnic. Ha traído una manta, emparedados de queso y jamón, té frío, golfeados y agua.     —Merendemos primero— invita Ricardo a Laura, ella acepta.     Luego de merendar, realizan un recorrido por el campo, donde ambos van disfrutando con la diversidad de cada forma, de cada pétalo, de cada color, de cada fragancia, de cada brisa, de cada respirar. Ricardo recoge algunas flores en el camino, Laura se percata de la acción y le pregunta.       — ¿Para qué estás tomando esas flores?       —Si me lo permites, son para esto, se acerca a ella y las coloca en su cabeza, en forma de corona.       —Eres una reina, la reina de las flores, allí está tu diadema — expreso Ricardo.       —Ricardo, que tierno, que gesto tan hermoso, gracias— esboza Laura. En ese momento, no puede evitar pensar, que él tiene muchos atributos que ella soñaba y deseaba en un hombre, es detallista, sencillo, tranquilo, insistente, soñador.       —¿Dónde estabas, Ricardo? Yo te busqué por mucho tiempo, ya creí que no existías, que eras solo producto de mi imaginación, y aquí estas, eres real. — Se dice mentalmente.        — ¿Me permites, también que te tome unas fotos? – interroga Ricardo, sacándola de sus pensamientos, ella acede. Los dos sonríen, disfrutando plenamente del momento, toman varias fotos, y se percatan de que ya está oscureciendo, deben volver a la urbanidad, a la realidad de sus ocupadas vidas. Y así lo hacen, aunque sin decirlo verbalmente, los dos se sienten tan bien, que les gustaría quedarse más tiempo en ese lugar que les ha regalado un relax total.       —Ya sé, debemos irnos, no me lo digas— expreso Ricardo.       —Si, te soy sincera, no me quiero ir. Este lugar es muy bonito, muy relajante— comenta Laura.       Durante el recorrido de regreso a la ciudad, van conversando amenamente.       —Me gustó mucho la merienda— ¿Cómo supiste que me gustan los golfeados?, si sigo comiendo así, engordaré muy rápido-dice Laura.       —No es mi intención, te lo aseguro-responde Ricardo.        Al regresar hacen lo prometido, pasan por la agencia de modelaje para que Laura aborde su carro y él la seguirá desde el suyo propio, para garantizar que regrese bien a su departamento. Ricardo, baja del carro, da la vuelta y le abre la puerta.       —Te espero, hermosa—dice Ricardo, en voz baja.       —Bien, gracias— responde ella.       —En ese preciso momento se encuentran frente a frente, se miran fijamente y espontáneamente se dan un beso, rozando sus labios.
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