Capítulo 10

1125 Words
Ninguno de los dos, puede creer lo que ha pasado, luego de ese natural y emotivo Sí que Laura la ha dado a Ricardo, contestando a su petición.   —Laura, me haces el hombre más feliz y afortunado del mundo, del universo, del planeta— contesta Ricardo.   — creo que no es para tanto— dice Laura, conteniendo su alegría.   Es la segunda vez en su vida que tiene novio, la primera vez, fue un intento fallido, aunque al inicio el romance fue muy jovial, divertido y hermoso, paso a paso, se fue tornando gris, triste y desgarrador. Es que, para cualquier mujer es difícil aceptar que la dejen plantada en el altar, de allí proviene la dureza, sobresaliente en algunas ocasiones de Laura. Quedo muy dolida, posterior a ese hecho, y aunque ha asistido a múltiples terapias, esa herida ha desgarrado su corazón, el cual se ha remendado con el paso del tiempo, dejando de creer en el amor, en el romance, en el enamoramiento y aparece Ricardo, la antítesis de todo lo que ella piensa, en materia del amor, él la ha llenado de ternura, de cariño, de romance, de alegría, de detalles, de sonrisas, y si, realmente está logrando que Laura, deje aflorar sus verdaderos sentimientos y de deje llevar por la docilidad, paz, tranquilidad, regocijo, bienestar que Ricardo le regala con su entrega, con su  delicadeza en su trato hacia ella.   —Disculpa mi atrevimiento, ya que somos novios te lo diré, o mejor dicho te preguntaré ¿por qué te reprimes a veces?, ¿Por qué tratas de ser dura conmigo?, y no te dejas llevar por ese sentimiento que está surgiendo entre nosotros dos. — le expresa Ricardo, sin reservas.   —Tienes razón, Ricardo, espero y te pido que me entiendas, que me apoyes y que me ayudes a mejorar, es difícil dejar el dolor atrás, aunque han pasado muchos años, sigo a la defensiva, sé y estoy segura de que, con tu amor, eso cambiara— contesta Laura, de manera reflexiva.   —Claro que sí, mi bella dama, ya lo veraz, el amor verdadero, puro, sincero, como el que yo te ofrezco, derrumba toda barrera, y te prometo mi damisela, que te haré inmensamente feliz— comenta Ricardo, con cierta alegría. Al esbozar esas palabras, Ricardo suspira profundamente, observa detenidamente a Laura, que ha decidido continuar conduciendo, está demasiado feliz por ese sí que escucho, su corazón palpita fuerte y aceleradamente, realmente no se lo puede creer, son novios, y serán muy felices, ya nada ni nadie lo separara de ella, ni le arrebatan su inmensa alegría por lograr con conseguir el amor de Laura.    —Caballero, ha llegado a su destino-le dice Laura a Ricardo, sacándole de sus aletargados pensamientos.   —que corto ha sido el recorrido— le responde.   —Eso crees tú, es que vienes ensimismado en tu mente, olvidando que debo conducir sola hasta mi casa— dice Laura.   —Te propongo algo, quédate aquí, en mi casa, ya es muy tarde, es un poco riesgoso que te vayas sola y si lo haces me quedaré preocupado, ahora que eres mi novia, es mi deber cuidarte, protegerte, evitar que te suceda algo desagradable. Entiende, es con toda la buena intención de mi vida, no te faltaré el respeto, te podrás dar una ducha, dormirás en mi habitación y yo lo haré en la pequeña habitación tipo estudio, también es cómoda, estaré bien, mañana es domingo, si deseas dormir un poco más, lo haces y cuando lo desees, con tranquilidad te vas a tu casa— le expresa Ricardo, con convicción.   —No sé qué magia o poder tienes tú, me envuelves, me persuades a seguir tus deseos, está bien me quedaré, con una condición— ha dicho, Laura.   — ¿Cuál será, mi hermosa novia— pregunte Ricardo?   —Yo dormiré en el cuarto, tipo estudio— dice Laura, aparentando seguridad.   —Es tu decisión, no me opondré, si es el precio que debo pagar para que te quedes y te sientas segura, así será, mi bella dama – asevera Ricardo.   —Entremos sin demora. — expresa Laura.   Proceden a entrar al estacionamiento, para dejar el vehículo, seguidamente toman el elevador, el cual tiene acceso directo y privado al apartamento de Ricardo, al llegar, Laura observa cada detalle detenidamente, todo está ordenado, limpio, los muebles milimetrarmente colocados, los colores presentes son el azul índigo, el gris y el marrón.   —Sigue adelante, no te quedes allí parada— invita Ricardo a Laura.   —Muchas gracias, Ricardo, eres muy amable, muy bonito tu hogar, se sorprende el orden, la limpieza, el cuidado, difiere n tanto de la imagen preconcebida de un departamento de soltero— comenta Laura, de manera natural.   —lo has dicho muy bien, imagen preconcebida. Contesta Ricardo, y sonríe.   — te invito una copa, relájate, siéntate— continúa diciendo Ricardo, señalando el sillón.   — Está bien, brindemos— responde Laura.   Ricardo prepara las bebidas, ambos brindan por su noviazgo, se sientan comodante en el sillón uno al lado del otro, entrelazan sus manos, se observan contemplativamente, entre tanto se dan tiernos y emotivos besos. Ambos, se sienten un poco nerviosos y muy emocionados, cuál jovenzuelos en su primera cita de amor, ninguno de los dos expresa con palabras lo que están sintiendo en ese momento, pero sus cuerpos los detallan, Ricardo está callado y torpe, se tropieza, se le olvidan las palabras, sus ojeras están enrojecidas y su corazón le demanda un tictac con tal fuerza que antes no había sentido. Laura, igualmente, regala sonrisas cortas cada tanto, toca sus manos constantemente, tiene calor, a pesar del frescor de la noche, además le ha dado hambre. Ricardo, trata de adivinar los pensamientos y deseos de Laura.   —Tienes hambre— le pregunta.   —Sí, un poco— responde Laura.   —Puedo preparar algo ligero, sencillo, para los dos.   — ¿Cuál sería el menú?   — Puré de papas, enrollado de pollo y ensalada.   — Aprobado.   —Muy bien, hermosa, usted se queda aquí y yo seré el que cocine, o si gustas me acompañas, pero solo miraras, eres mi invita de lujo y no te permitiré mover un dedo en la cocina.   —No hay objeción, sabes que no me gusta cocinar, y si me consentirás de esa manera, yo encantada.   —Vayamos, pues, a la cocina, manos a la obra.   Ricardo, prepara el menú descrito de manera magistral y con prontitud, para mejorar el ambiente ha colocado música clásica, Laura se siente en las nubes, está tranquila, contentas, en compañía de Ricardo, se siente protegida y agradada. Al pesto la mesa, se han sentado a comer uno frente al otro, y entre bocado, se miran, se besan y sonríen de felicidad.
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