—Solo les contaré que lo conocí un día totalmente atípico en mi vida, es un hombre fuera de lo normal, de esos que uno cree que ya no existen, tenemos algunas cosas en común y algunas divergencias, pero nos la pasamos muy bien juntos, me hace reír, además es muy romántico, no somos novios, somos amigos, él dice que me estuvo esperando toda su vida, que yo soy su alma gemela, realmente no creo mucho en todas esas palabras; sin embargo, me cae bien, me gusta, me siento muy libre, segura y feliz a su lado— expresa Laura, de manera muy locuaz, a todas las mujeres de su familia.
Su madre la escucha atentamente y observa como el rostro de Laura va cambiando, a medida que va describiendo su relación con Ricardo, se torna alegre y menos rígida, sus ojos se agrandan y se iluminan, sin emitir palabras, su madre puede percibir que se están enamorando y eso la alegra mucho, pues siempre ha soñado con que su hija primogénita, encuentre el amor puro y verdadero, pare que termine de ser totalmente feliz, de igual manera, también ha deseado que Laura le dé nietos, aunque con el pasar del tiempo, duda un poco que eso sea posible, por los momentos, se complace con que se enamore y tenga esa compañía, ese apoyo que toda mujer requiere en su vida.
Posterior a toda la tertulia de la tarde, se disponen a comer, como casi siempre su madre sirve la mesa y Laura realiza la oración para dar gracias y bendecir los alimentos; Ricardo, no puede creer lo que está viviendo, ver una reunión familiar tan grande, tan amena, tan sencilla, donde el amor flota en el aire, todos sonríen, se tratan con cariño y respeto; todo lo contrario, a las experiencias en su propia familia y lo que ve hoy, es todo lo que soñaba, lo que quería vivir, tener una familia unida, compenetrada, feliz. Realmente, no le gustaría que se acabe este momento tan emotivo que ha podido disfrutar.
—Está muy sabrosa la comida— se atreve a decir, Ricardo.
—Qué bueno que te guste, los méritos son de mi madre—responde Laura.
—Para la próxima vez, prometo ayudar a cocinar, a mí me gusta y según algunos comensales que han probado mi sazón, me queda muy rica la comida, por supuesto, estos platillos están insuperables c—continúa diciendo Ricardo.
Todos están concentrados en degustar su comida y no le responden. Laura, inmediatamente piensa: ya se auto invitó, ¿Cómo está tan seguro que habrá una próxima vez? ¿Y ofreciendo que él ayudara a cocinar?, ¿cómo hago para manejar esto? Es algo nuevo para mí, creo que fue muy apresurado traerlo a la casa.
Laura, quisiera erradicar sus temores, las inseguridades, quisiera dejarme llevar por lo innovador de lo vivido con Ricardo, regocijarse por lo bien que él la hace sentir, por como la trata, con tanta ternura, cariño, respeto, hasta con entrega total, con sencillez, quisiera valorar más el simple, pero importante hecho de que su familia lo haya aceptado tan amablemente.
—Es que tienes ya tienes muchos años pensando como lo haces, desconfiando de los hombres, creyendo que el amor de pareja, no es para ti, que todos los hombres, excepto tu papá y tus hermanos, son iguales, son insensibles, que solo les interesa una sola cosa de las mujeres— se dice en su mente.
Terminan de comer, Laura ayuda a recoger la mesa Y Ricardo, se ofrece espontáneamente a ayudar a lavar los platos, la mama de Laura, acepta el ofrecimiento de Ricardo, de manera muy sonriente. Laura, observa la escena en retrospectiva, parecen ya novios, o mejor aún esposos, es que hay tanta confianza, tanta afabilidad, tanta compenetración, que no se lo puede explicar. ¿Será que puede ser real?, ¿será que a esto es lo que llaman felicidad?, será que me estoy enamorando? —se pregunta a sí misma, sin obtener, por ahora las respuestas.
—Creo que es hora de irnos, Ricardo— dice Laura, de manera sorpresiva.
—Si usted lo dice, sus palabras son órdenes para mí— contesta Ricardo.
—Vamos, no quiero llegar tarde a casa, recuerda que hoy yo debo dejarte a ti y luego emprender mi regreso a casa, sin compañía— expresa Laura.
—Si esa es tu preocupación, resolvamos inteligentemente, puedo regresar a mi apartamento en un taxi, para que tú no te desvíes y no corras ningún peligro— responde, de inmediato Ricardo.
—No, de ninguna manera permitiré que hagas eso, yo te trate y yo te llevo, despidamos ya. —dice Laura.
Se despiden con mucho cariño de todos los presentes.
— Vuelve pronto— dice la mama de Laura a Ricardo, al oído y aprovechando la oportunidad para darle un fuerte abrazo de despidida.
—Así será, hasta pronto— responde Ricardo.
Abordan el vehículo y emprenden el recorrido de regreso, Laura está un poco cansada por lo que Ricardo se ha ofrecido a manejar él, hasta que lleguen a su destino, ella acepta, lo percibe como un acto de cariño y as u vez de caballerosidad.
—Laura, gracias por invitarme hoy a tu casa, lo pase muy bien, tu familia es muy linda, muy especial, que calidez, me sentí como si estuviese con mi propia familia— inicia Ricardo, una conversación.
— Me alegra mucho que te hayas sentido bien, que hayas encajado, te soy sincera, creí que sería más difícil, que mi familia tendría un poco de rechazo., menos mal que los envolviste con tu magia a todos— responde Laura.
—No es magia, mi bella dama, es ser original, soy fui yo mismo y hubo aceptación, de verdad, te repito, muchas gracias por este maravilloso regalo, tenía tiempecito qué no estaba presente en un compartir familia, y lo mejor de todo, es que sentí qué era mi familia.
—Vamos paso a paso, sin perder la perspectiva, recuerda que solo somos amigos— responde Laura, a esas palabras tan profundas de Ricardo.
— ¿Y si somos algo más? — pregunta Ricardo, con cierto temor.
— ¿Qué quieres decir? — interroga Laura.
—Laura, yo ya no puedo controlar a mi corazón, es que apenas que te vi de ti me enamoré y ahora ocupas, mis pensamientos por completo, a cada instante me pregunta por ti, Acepta, por favor, ser mi novia. ¿Es posible que surja en ti el amor hacia mí?, ¿qué desees vivir la experiencia de amar? ¿Qué tal si te despierto esas maripositas?, ¿Qué tal si te enamoras de las locuras mías? ¿Qué tal que sea yo el portador de tus alegrías?, ¿Qué tal que estamos juntos por el resto de la vida? — expreso Ricardo, con mucho sentimiento.
Laura inmediatamente, frena el vehículo, lo estaciona, observa fijamente a Ricardo, le toma sus suaves y cálidas manos.
—Sí, sí, sí, y mil veces si— responde Laura, con gran efusividad.