CAPÍTULO 28: Los sueños

1017 Words
ISABEL Por primera vez, Duke habló conmigo sin ordenarme o amenazarme y, encima me contó algo personal. Eso es todo un logro. Parecía cansado, o quizás agobiado… Eso no debería de importarme. Me repito como un mantra. Unos golpes en la puerta me arrancan de mis pensamientos. Es extraño; en esta casa nadie llama, todos entran directamente porque tienen permiso para hacerlo. ¿Será Miguel? La idea apenas nace cuando otra, mucho más inquietante, me atraviesa la mente: ¿Y si es el Consigliere? El estómago se me encoge. Podría haber venido a pedirme explicaciones. El miedo me paraliza, la tensión se me clava en la espalda y siento que no sé cómo reaccionar. Pero, aunque no quiera, tarde o temprano tendré que hablar con él. Me obligo a respirar hondo, reúno el poco valor que me queda y abro la puerta. El corazón me late tan fuerte que me retumba en los oídos… hasta que una cabellera rubia aparece frente a mí. Mis ojos, antes desbordados de pánico, se cierran con alivio. —Uy, parece que no soy bienvenida…—se burla Carolina. —Eres tú… —balbuceo, apenas logrando articular las palabras. —Hola, Isabel. —Hola… ¿y tú qué haces aquí? —Ya que no he recibido señales tuyas y tengo la sospecha de que me estás esquivando a la salida del colegio… decidí venir personalmente a invitarte a ir de compras. —No puedo… —respondo algo nerviosa, recordando la advertencia de Duke sobre Carolina. Ella entrecierra los ojos, como si lo hubiera notado, y sonríe con descaro: —Sabía que me ibas a decir que no, así que he traído la tienda hasta aquí. Vamos a probarnos ropa y joyas. Ya sabes, no puedo permitir que la mujer de uno de los nuestros vaya por ahí… así —dice tan tranquila, señalándome de arriba abajo con la mano. —Eh… no entiendo por qué todo el mundo repite lo mismo… —Por algo será, ¿no?—me contesta sonriendo de oreja a oreja. —¿Y qué tiene de malo mi ropa? —Mmm… parece que te escapaste de un capítulo de The Office. Pero sin ofender, ¿eh? —No, claro… ¿cómo se me ocurriría ofenderme? Carolina suelta una carcajada, parece que lo está disfrutando. —Va a ser divertido. De repente, la puerta se abre y entran varias personas cargadas con bolsas y cajas enormes. El salón empieza a parecer un almacén improvisado, todo se va apilando en cuestión de segundos. Yo, mientras tanto, miro de reojo las cámaras de seguridad con un nudo en el estómago…porque a Duke no le va a gustar que ella esté aquí. No puedo echarla, así que respiro hondo y me resigno a su plan. En cuestión de minutos, abrimos cajas repletas de vestidos de seda, zapatos con brillantes y joyeros que parecen sacados de una película. Todo brilla demasiado. Carolina me arrastra hasta el sofá, pone un vestido en mis brazos y me sonríe como si no aceptara un "no" por respuesta. —Anda, pruebatelos. Después de ponerme un vestido n***o con un escote profundo en la espalda y ceñido a la cadera, Carolina silba con entusiasmo. —Este es perfecto para tu figura curvilínea. La verdad es que es precioso. No puedo evitar pensar que nunca en mi vida he tenido cosas así. Vestidos que parecen acariciar la piel, zapatos que hacen que me sienta una actriz de Hollywood… Es como entrar en un mundo que no me pertenece. Justo cuando estoy frente al espejo—que los chicos dejaron en el salón—, admirando cómo me queda el vestido, mi móvil vibra. Es Duke. Con un nudo en el estómago, contesto: —Pásame a Carolina —dice sin saludar. Le doy el teléfono a Carolina. Duke le dice algo que no consigo escuchar. Cuando cuelga, su expresión muestra una mezcla enfado y exasperación; se encoge de hombros y dice: —Bueno, me voy. Sin esperar respuesta, empieza a recoger algunas cosas. Justo cuando va a salir del salón, la detengo agarrandola del brazo: —Espera… me quito el vestido y te lo doy. Ella me lanza una sonrisa traviesa, a pesar de su enfado: —No, él quiere que te lo quedes. Me quedo quieta un momento, consciente de que Duke probablemente está viendo todo a través de las cámaras, siempre vigilante. *** Esa noche, de camino a la cocina, un sonido extraño me detiene en el pasillo. Proviene de la habitación de Enzo. Me acerco a su dormitorio e intento escuchar mejor: son quejidos, palabras entrecortadas, como si hablara en sueños. La preocupación me empuja a abrir la puerta. Lo encuentro moviéndose inquieto entre las sábanas, con el ceño fruncido y los labios murmurando algo que no logro entender. Me acerco a la cama y, sin pensarlo, me subo a un lado. Le tomo la mano con suavidad y espero que eso lo calme. —Lascia stare la mamma, bastardo—gime Enzo en sueños— ¡No, mamma!. El niño gimotea en sueños. Creo que está soñando con su madre…pero no estoy segura porque lo ha dicho en italiano. Le aprieto ligeramente la mano, sintiendo su pequeño cuerpo temblar contra mí. Poco a poco, sus movimientos se suavizan y su respiración se vuelve más tranquila. Entonces abre los ojos, parpadeando varias veces mientras me busca con la mirada. Cuando me reconoce, se acurruca contra mí sin decir nada. —Ya no voy a poder dormir… —murmura con voz queda, como si fuera un secreto. —Claro que sí vas a poder —le susurro—. Yo voy a ayudarte. Tengo una técnica infalible. Empiezo a acariciarle el pelo, despacio, enredando mis dedos en sus mechones suaves, hasta sentir cómo su respiración se calma poco a poco. —Voy a cuidarte, Enzo…—le prometo en voz muy baja. Poco a poco, sus párpados se van cerrando y se queda dormido en mis brazos. ¿Le estoy cogiendo cariño? Nota: *Lascia stare la mamma, bastardo* = Deja en paz a mamá, cabrón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD