DUKE No consigo dejar de pensar en esa noche… y en esa cosita bonita. Es una mujer preciosa. Y por más que intento evitarlo, las imágenes vuelven una y otra vez: su mirada entrecerrada, el temblor de sus labios, y ese… Uf. Ese culo sobre mi coche aguantando mis empellones… La única forma de acallar esos recuerdos es sumergirme por completo en el trabajo. Como siempre. Mi Fratello Miguel entra en mi despacho como si fuera su casa. —Miguel, ¿no tienes casa? Pasas más tiempo en Boston que en Nueva York últimamente… —Ya sabes —responde—, he venido por negocios… y, de paso, a disfrutar los tacos que prepara tu mujer. —Que yo sepa, nadie te ha invitado —digo, molesto. —Ella me invitó —sonríe Miguel—. Está tan agradecida por lo que hice por su familia que hasta preparó un postre especia

