POV SOFÍA La sala del tribunal se sentía como un pozo frío y oscuro, aquel silencio roto solo por el murmullo respetuoso de las voces. Me senté junto a mi abogada, la señorita Davies, con el estómago revuelto. Frente a mí, Marco. Lucía un traje impecable y una expresión de ofensa controlada, la máscara perfecta del padre traicionado. Me miró con esa arrogancia helada que siempre me había infundido tanto miedo. Mi corazón latía desbocado. Sabía que todo lo que habíamos construido—la estabilidad, el trabajo, el refugio de Shane—podía desmoronarse en el siguiente instante. Marco fue el primero en tomar la palabra, o mejor dicho, su abogado. Las acusaciones cayeron sobre mí como piedras. Me describieron como una mujer inestable, endeudada, sin un empleo fijo, que arrastraba a su hija de

