– Dime – me pidió aunque ya sabia lo que tenía que decir lo había leído en mi mente… pero él deseaba que hablara, que lo dijera, no necesitaba leerle la mente para saberlo, era su forma de ayudarme. – Gracias… por estar aquí. – ¿Porque lo hiciste? . – Ya sabes porque – no le miraba a los ojos miraba al suelo, se acercó un poco mas y me levanto el rostro sosteniéndome la mirada, me acarició la mejilla y es espero, se podría quedar ahí durante mucho tiempo viéndome con esos ojos llenos de amor y yo podría perderme en ellos eternamente, pues no podía pedir más que hundirme en ellos. – Por supuesto que los odias … dilo – confirmo mis pensamiento, el ya no necesitaba leer mis pensamientos, el sabia como funcionaba, me conocía bien. – Israel… tengo que mantenerte a salvo… no los quier

