41. El dolor que tengo adormecido. Bell. Me siento como si estuviera ebria. —¿A dónde me llevan? —le pregunto al que maneja el triciclo. He visto que los isleños usan este tipo de transporte para llevar a vender verduras al pueblo. —Su casa señorita —me responde una voz de adolescente, algo tímido. —Muchas gracias... ¿Tu nombre es? —René. —Muchas gracias René... yo soy... —Usted es la señorita Loundland. Todos la conocemos, para servirle, señorita —me dice otro adolescente un poco más grande que René. —Me doy cuenta que no somos los unicos que estamos en el triciclo. Hay dos nenes de unos siete y seis años que llevan canicas para jugar y ahora están mirándome con cara de curiosidad— ¿No es tarde para que anden solos en la calle? —Estamos acostumbrados, señorita —me responde Ren

