Ambos estallaron en carcajadas mientras el agua seguía cayendo sobre ellos. Theo cambia el agua de fría a tibia. Ahora agua tibia cae sobre ambos ahora en ropa interior, mientras Theo la sostiene firmemente. Thais, todavía un poco aturdida por el alcohol, se aferra a su cuello, su respiración entrecortada por el calor que se acumula entre ellos. Theo la observa con intensidad, con sus labios curvándose en una sonrisa traviesa. —Dime tu nombre —le susurra al oído, con su voz ronca de deseo. Thais parpadea, confusa. —¿Qué? —Dime tu bendito nombre —repite Theo, deslizando sus manos por su espalda—. No quiero que mañana me digas que no estabas en tus cinco sentidos. Ella frunce el ceño y le da un manotazo en el pecho mojado. —Soy Thais Morgan Hill, idiota. ¿Contento? —Mmm, no tan conte

