5. Entonces deja de intentar.

1059 Words
Manson entra. No lo hace con prisa ni con furia; su andar es pausado, calculado, como si cada paso fuera una declaración silenciosa. Su chaqueta de cuero n***o está ligeramente abierta, revelando una camiseta gris ajustada que deja entrever la tensión de sus músculos. Sus ojos oscuros no se apartan de los míos ni por un segundo. Slater lo observa con calma, pero la tensión entre ambos es evidente. Puedo sentirla como un campo eléctrico que hace que el aire en la cafetería se vuelva insoportablemente pesado. Manson se detiene junto a nuestra mesa y se inclina ligeramente hacia mí. Su perfume, una mezcla de tabaco y algo amaderado, me invade, devolviéndome a noches en las que todo era caos y pasión. —Emma. —Su voz es grave, controlada, pero sus ojos cuentan otra historia. Están llenos de preguntas y reproches que no me atrevo a enfrentar. —Manson… —Logro decir, mi garganta seca como si hubiera tragado vidrio. Él no me responde de inmediato. Su mirada se desliza hacia Slater, a quien evalúa de arriba abajo con la indiferencia de alguien acostumbrado a intimidar. Slater, para su crédito, no se inmuta. Su mandíbula sigue tensa, pero su postura relajada no cambia. —¿Interrumpo algo? —pregunta Manson, su tono cargado de una ironía que corta como una cuchilla. —No, no interrumpís. —Mi respuesta es rápida, demasiado nerviosa. Estoy tan atrapada entre los dos que apenas puedo respirar. Slater levanta una ceja y me mira, claramente esperando que le diga algo más, que defienda la situación o al menos lo ponga en claro. Pero Manson no le da tiempo. —Vos debés ser Slater. —pronuncia su nombre con un dejo de burla que me hace encogerme en mi asiento. —He oído cosas de vos. —¿Ah, sí? —Slater cruza los brazos y se inclina hacia atrás, proyectando una calma que me hace admirarlo por un segundo. —Me sorprende que te interese. Manson suelta una risa seca, un sonido sin humor que parece más un aviso de tormenta. —Me interesa cualquier cosa que tenga que ver con Emma. —Sus palabras están cargadas de una posesividad que me hace estremecer. No sé si es miedo, emoción o una mezcla insana de ambas. —Bueno, entonces tal vez deberías escucharla más. —Slater no se amedrenta, y eso parece irritar a Manson, aunque no lo demuestra del todo. Sus ojos se estrechan apenas un poco, y por un instante temo que este enfrentamiento pueda escalar. —Slater, basta. —Intento intervenir, pero mi voz suena débil incluso para mí. Manson da un paso más cerca de mí, y la intensidad de su presencia me abruma. Su mano roza el respaldo de mi silla, un gesto casual que se siente como un reclamo silencioso. —Emma, tenemos que hablar. A solas. —No es una pregunta ni una invitación. Es una orden, dicha con esa voz suya que siempre me hace temblar. Miro a Slater, buscando apoyo, pero él solo me da una mirada que dice es tu decisión. Y aunque sé que está tratando de no presionarme, desearía que insistiera un poco más, que me diera una excusa para no seguir a Manson. —Está bien. —La palabra sale de mi boca antes de que pueda detenerla, y el brillo en los ojos de Manson me dice que él sabía que cedería. Fuera de la cafetería, el aire es frío, y el sol ya empieza a ocultarse en el horizonte. Manson se detiene en la acera y me mira, su expresión dura y llena de algo que no logro descifrar. —¿Qué estabas haciendo con él? —pregunta, con su voz baja pero cargada de tensión. —Tomando un café. Hablando. Nada que tenga que ver con vos. —Mi respuesta es más desafiante de lo que esperaba, pero no voy a dejar que me domine tan fácilmente. —¿De verdad? —Da un paso hacia mí, y aunque no me toca, su proximidad me envuelve como una sombra. —Parecía algo más que eso. —Y si lo fuera, ¿qué? —Levanto la barbilla, intentando no parecer tan vulnerable como me siento. —No sos mi dueño, Manson. Él me mira, y por un momento creo ver algo parecido al dolor cruzar su rostro, pero desaparece tan rápido que dudo de haberlo visto en primer lugar. —No soy tu dueño, Emma. Pero tampoco voy a quedarme mirando mientras alguien como él intenta meterse en tu vida. —¿Alguien como él? ¿Te escuchás? —Me río, aunque no hay alegría en el sonido. —Slater no es el problema aquí. El problema sos vos, Manson. Siempre lo fuiste. Él se queda en silencio, sus ojos oscuros fijos en los míos. Por un instante, creo que se va a ir, que simplemente va a darse la vuelta y desaparecer como lo ha hecho tantas veces antes. Pero no lo hace. —Emma, no tenés idea de lo que hago para protegerte. —Su voz es apenas un susurro, pero sus palabras me golpean como un puño. —¿Protegerme de qué? —exijo, cruzando los brazos. —¿De vos mismo? Porque si de verdad quisieras protegerme, Manson, te alejarías de mí de una vez por todas. Él no responde de inmediato. En cambio, su mano se alza, y por un segundo, pienso que va a tocarme. Pero se detiene a centímetros de mi rostro, como si el simple contacto fuera demasiado peligroso. —No puedo alejarme de vos. —Su voz se quiebra ligeramente, y esa pequeña grieta en su fachada me desarma. —No importa cuánto lo intente, siempre vuelvo. —Entonces dejá de intentar. —Mi voz también es un susurro ahora, y siento mis propias defensas derrumbarse. Manson me mira como si estuviera debatiendo algo dentro de sí mismo. Sus dedos rozan mi mejilla, un gesto tan suave que casi parece irreal. Y cuando su rostro se inclina hacia el mío, sé que estoy perdida. Otra vez. Su beso es como siempre: intenso, desesperado, lleno de emociones que ninguno de los dos sabe manejar. Es caos puro, y aunque sé que me destruirá, no puedo resistirlo. Porque, por mucho que odie admitirlo, el caos es lo único que sé amar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD