Antes de que pueda responder, me inclino hacia él y lo beso. Es un beso lleno de emociones reprimidas, de miedo, rabia y amor. Al principio, Manson se queda inmóvil, pero luego responde con la misma intensidad, sus manos en mi rostro como si no quisiera que este momento terminara nunca. Cuando nos separamos, ambos estamos jadeando, y sus ojos me buscan con una mezcla de incredulidad y algo que no puedo identificar. —Emma… —su voz es ronca, cargada de emoción. —No voy a dejarte, Manson. Así que, por favor, dejá de intentar empujarme lejos. Por un momento, parece que va a discutir, pero suspira y asiente. —Está bien. Pero no puedo prometerte que esto va a terminar bien. —No espero un final feliz. Solo quiero estar con vos, pase lo que pase. Manson arranca el auto de nuevo, y seguimos

