El ambiente en el apartamento de Manson se vuelve denso, cargado de electricidad estática. Cada rincón parece susurrar secretos que nadie quiere escuchar, pero nosotros, atrapados en nuestra propia tormenta, no podemos hacer más que abrazar el caos. Después de ese beso, el aire entre nosotros está cargado de algo más, algo que no se puede definir, pero se siente. Manson me mira como si fuera la última persona en el mundo que tiene sentido. Hay una intensidad en su mirada que no puedo ignorar. —Emma... —Su voz es grave, más suave que antes, pero el eco de su amenaza sigue presente, como una sombra en cada palabra. Me acerco a él sin pensar, mis manos temblando ligeramente cuando toco su pecho. La cercanía, el calor de su cuerpo, me provoca una sensación de vértigo. Es como si todo en mí

