05. El juego de las llaves

2090 Words
¿Sabéis las fieras que se están preparando para atacar a su presa? ¿Que tienen un hambre atroz y les ponen un manjar delante con el que es imposible resistirse? Así está Kiara en estos momentos. Ojalá me quisiera comer, pero en este contexto la palabra comer toma un mal sentido. El sentido de que me quiere arrancar el corazón por la mala hostia que la estoy haciendo tener. Golpea la puerta del despacho como una completa desquiciada, pega gritos que seguro llegan a la otra punta de la calle. No es la primera vez que la veo así y tampoco me asusta. Así que por eso yo estoy leyendo unos papeles que tengo pendientes del trabajo, todo cómodo en mi silla hasta que a la niñita se le acabe el berrinche y acceda a tener una conversación conmigo. —¡Álex, Celia! ¡Sé que me estáis escuchando, sacarme de aquí! —No te esfuerces, se han ido a follar al baño —la aviso más que nada para que no se deje la voz en algo inútil, prefiero que reserve esos gritos para algo más placentero—. Y les dije que no nos abriesen. —¡Señor Martínez! —Por favor, reina —río por los intentos inútiles de conseguir que alguien le saque de aquí, es consciente de que lo tiene jodido—. Sabes que mi padre tiene el despacho insonorizado y está en otra planta trabajando, no te va a oír. —¡No me llames reina! ¡Y déjame salir! —golpea aún más fuerte, ruedo los ojos y me levanto de mi silla, camino hacia ella para evitar que acabe haciéndose daño en las manos— ¡Quiero salir! —¡Kiara! —la sujeto de las muñecas para que se pare quieta de una puta vez— Nadie te escucha porque este despacho está también insonorizado y sabes perfectamente eso. ¿Para qué gritas? —Para desquiciarte y que me saques —ahora entiendo, todo este numerito era para hacerme perder los nervios a mí. —Yo estoy muy tranquilo, te dejo salir cuando hablemos, solo te pido eso —le hablo con calma, aunque por dentro ya estaba a punto de volver a esposarla las manos para que dejara de hacer ruido de una puta vez—. Por favor. —Suéltame —levanto las manos cuando abandono el agarre que tenía en sus muñecas, ella se aleja un poco y se sienta en el sofá cruzando las piernas—. Habla. —Vale —murmuro para mí mismo, supongo que esto es un buen paso, aunque su actitud es más fría que un congelador en el polo Norte. —¿Vas a decir algo o vas a seguir mirándome? —Es que me gusta mirarte —ante mi respuesta, hace un amago de levantarse, se lo impido sujetando su hombro para mantenerla en el sofá y yo sentarme delante de ella—. Nada de bromas, lo pillo. —Ajá. —No quiero que te vayas de esta empresa por mi culpa. —Me voy a ir. —Es tu trabajo y literalmente todo el mundo está contento contigo. —Me voy a ir. —Te pagaremos más. —Que me voy a ir. —¿Qué tengo que hacer para que te quedes? —Morirte. Auch, dolió. —Eso ha sido muy cruel. —¿Cruel? —suelta una risa seca y entrelaza sus manos alrededor de su rodilla— Creo que no entiendes el significado de la palabra crueldad. Una persona cruel hace cosas como engañar, utilizar, ilusionar, enamorar y muchísimos más verbos acabados en “ar”, sabiendo en todo momento que esas cosas son falsas. Tú has hecho todo eso conmigo, así que tengo toda la libertad del mundo de devolvértelo con la misma moneda. —¿Esto va así? ¿Yo te hago algo malo y tú me lo devuelves peor? —Así ha sido nuestra relación desde el principio. —No es verdad. —Sí que lo es, pero yo no te he devuelto nada, no creo que pueda hacer nada peor de lo que tú me has hecho a mí. —No te he hecho nada —y por un jodido demonio, lo que me ha costado decir esa frase sin gritar como un desquiciado. —Yo tampoco. —¿Irte de tu trabajo a una empresa que es la competencia y dónde vas a trabajar con tu ex novio no te suena? —¿Qué con eso? —Que lo haces para tocarme los cojones. —No eres el centro de mi universo. —Lo has hecho para joderme —reafirmo revolviendo mi pelo con frustración—. Has venido a la hora en la que sabes que estoy aquí. Has aparecido en la planta donde trabajo pese a que buscabas a mi padre, sabiendo que este trabaja dos plantas más arriba. Has vuelto a hablar milagrosamente con tu ex novio porque sabías que me iba a poner celoso cuando me enterase. Has venido hoy a renunciar cuando podías haberlo hecho perfectamente por teléfono. Y te has puesto ese puto vestido porque es el que tenías la vez que follamos aquí mismo, en mi despacho —me levanto sacando todo lo que he deducido a medida que iban pasando los minutos—. Así que sí Kiara, tengo razones suficientes como para deducir que me quieres retorcer la polla como una perra vengativa y celosa que cree que la he fallado. —Te equivocas. —Ah, ¿sí? —no me lo creo— A ver, ¿en qué me equivoco? —Vine porque quería verte —frunzo el ceño por esa confesión tan repentina y extraña—. ¿Contento? —No, estoy confundido. —Yo solo… —suspira por sus pensamientos silenciosos— Vi que la mejor manera de empezar de cero contigo era cambiar de trabajo y sí, llamé a Nick para que me ayudase en su empresa, pero no para joderte como dices. —No entiendo. —Ayer me puse como loca, si lo pienso fríamente es posible que todo fuera una trampa de Jennifer para… —Y lo era —la interrumpo sonriendo y con mucho alivio de que esté más abierta de mente ante esto—. Fue todo un mal entendido Kiara, jamás te haría algo así. —Lo sé —asiente esbozando una pequeña sonrisa—. Pero es verdad que he pensado en que si queremos tener una relación verdadera y sana, primero deberíamos separar el trabajo de lo personal. Por eso quiero trabajar en otro lugar donde no tenga a mi novio al lado todo el día. —¿Todavía soy tu novio? —Si quieres, sí. —Pues claro que quiero, reina —me siento rápido a su lado y acaricio su mejilla—. ¿Por qué me has hablado así de mal hasta ahora? —Te he perdonado, pero igual necesitabas una pequeña venganza por lo mal que lo pasé ayer por tu culpa. —Linda, estaba más sorprendido que tú, nunca pensé que Jennifer podía llegar a manipular todo tanto. Entiendo que dudaras de mí, de verdad que sí, pero también me alegra que sepas de lo que soy capaz y de lo que no. —Agradécele a Keira, ella me ha convencido. —¿Necesitabas que te convenciese mi cuñadita? Esa niña se merece un avión privado como regalo por hacer esto. —Cuando me pongo loca es la que me ayuda a volver a ver todo con claridad. —Me alegro, las hermanas son muy importantes —siento el impulso de besarla, pero detengo mi movimiento a mitad de camino hacia sus labios—. ¿Puedo? —no suelo preguntar estas cosas, pero en estos momentos es necesario para que no me salte los dientes si algo no le gusta. —Ven aquí, anda —sujeta mi nuca y es ella la que me besa, eliminando los pocos centímetros que nos impedían juntar nuestros labios. Sujeto su cintura firme contra mí, asegurándome que no se va a escapar. Doy lamidas y algún que otro mordisco por toda su boca, y se la como haciendo eso mismo por dentro. —Ni se te ocurra volver a darme el susto de ayer, habla las cosas conmigo antes de irte como una loca diciendo que no quieres que te vuelva a ver —murmuro contra su boca, en una especie de queja y súplica. —Ya sé —me despeina echando mi pelo hacia atrás y baja sus labios por mi mandíbula. —Y no vas a dejar de trabajar aquí. —Eso sí que lo haré. —No —suspira sabiendo que no voy a dejar ir ese tema. —Sí Víctor, Nick es mi amigo y no siento nada por él salvo mucho cariño. —Pero yo quiero trabajar contigo, como siempre. —Créeme que va a ser un buen cambio, de verdad —me besa suave, yo me aparto frunciendo el ceño—. Voy a hacerlo sí o sí, así que no te queda otra que aceptarlo. —¿Por qué justo en el sitio donde está tu ex novio? —Es el único en el que podía entrar por alguien recomendado, no te pongas celoso porque no hay nada. —Bueno —giro la cabeza, apuntando mi vista al suelo. Me siento algo impotente porque, aunque la conozco demasiado ya, no sé cómo debo convencerla para que se quede. Me queda grande esto, y la veo tan decidida que me llego a plantear si esto puede ser lo correcto. Kiara y yo nos hemos conocido demasiado rápido en un entorno laboral, no nos hemos dado ese espacio de descubrimiento como otras parejas, quizás ahora sea ese momento. —No me evites la mirada. Agarra mi cara entre sus manos y me besa de nuevo con la intención de que deje de darle vueltas a ese tema. Y lo consigue. Me centro en lo delicioso de su sabor y la suavidad de su boca, la dejo moverse y sentarse sobre mis piernas, llevaba queriendo hacer esto hace rato y no la había dejado. Apoyo la cabeza contra el respaldo del sofá en el que estamos y cierro los ojos disfrutando de los besos húmedos que va dejando en todo mi cuello. Aprieto su culo y ella baja rápido sus manos a mi entrepierna, las mete dentro del pantalón justo cuando noto algo frío deslizarse por mi polla. —Encontraste la llave —río metiendo la cara en su escote, este vestido le hace unas tetas de escándalo. —Sí, ha sido un buen juego. —Mmm, ¿qué juego? —El de conseguir la llave —se sujeta a mis hombros y levanta las piernas para ponerse en pie con la llave en la mano—. He tardado más de lo que pensaba. —¿Qué? —elevo mis dejas poniendo una expresión de no entender una puta mierda. —Que yo quería esta llave, así que algo tenía que hacer para conseguirla y salir de aquí —camina hacia la puerta—. No me ha quedado más remedio que decirte todo lo que querías escuchar para que me dejases meterte la mano en el pantalón. —Esto es broma, ¿verdad? —Lo nuestro sí que fue una broma, porque te reíste de mí a más no poder. —¿Estás hablando en serio? —No he hablado más en serio en mi vida. —¡Me has engañado! —me levanto furioso. —Ahora ya sabes lo que se siente. Jode, ¿verdad? No puede ser tan perra. —O sea que todo lo que me has dicho… —Era mentira, sigo pensando lo mismo que te dije ayer antes de irme de tu casa —juega con la llave entre sus dedos poniendo una sonrisa maliciosa—. Te has creído todas las mentiras porque eso era lo que querías, que dijera lo que a ti te gusta y conviene, como siempre —carcajea—. Hasta te has tragado lo de que Nick es solo mi amigo. —Kiara… —Me largo, y como se te ocurra seguirme o ponerte pesado, conozco a un abogado mejor que tú que es capaz de hacer que te pongan una orden de alejamiento —desatranca la puerta mientras yo me quedo mirándola, mis puños están tan apretados que siento mis manos hormiguear—. Que te den, idiota.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD