Finalmente el día del baile había llegado, mi familia no cabía de la emoción en sus cuerpos, exceptuando a Bastián, quien se rehusaba completamente a asistir. Mamá estaba como loca, decía que nadie podía faltar a un baile tan importante y aunque me costara aceptarlo, ella tenía razón. Yo tampoco tenía deseos de ir pero era mi deber estar presente en esta clase de eventos.
-Me rehúso totalmente – exclamaba Bastián.
-No me vas a hacer esto hoy – replicaba mamá molesta.
-Bueno, entonces váyanse y continuamos con esta discusión mañana – respondía mi hermano con firmeza – da lo mismo, lo más probable es que solo estén pendientes de Colette y Silvain, ni siquiera notarán mi ausencia.
-Yo voy a notarla – mamás se ablandó un poco y se acercó a él gentilmente, como si sus palabras la hubiesen hecho sentir mal.
-El chico tiene razón, Isabelle. Nadie notará su ausencia – intervino papá en la conversación.
-Disculpe, rey Thomas, no sabía que su posición le daba el derecho de menospreciar a su propio hijo – replicó mamá realmente colérica.
Bastián no tuvo otra opción que acceder ante el inevitable desastre que se aproximaba. Mis primas estaban listas desde temprano, supongo que querían llegar a acomodar las mesas, mi tía solo sabía preguntarme por el príncipe Dante durante todo el camino, no importaba que la supiera o no, ella volvía a repetir una y otra vez las mismas palabras «¿Es tan guapo como dicen? ¿Crees que exista alguna posibilidad de que haya hecho todo este baile solo para conseguir esposa? Yo creo que sí, algo me dice que un joven tan apuesto no puede solo evadir las alegrías que solo otorga el sagrado matrimonio» al llegar al palacio pude notar que todo lo que había escuchado sobre él se quedaba corto, no había visto antes un lugar más hermoso, aunque tampoco era como que saliera mucho de mi castillo.
-Es un placer poder verla – se acercó Damián para saludar haciendo una reverencia.
-El placer es mutuo, siento que tenemos una conversación pendiente por terminar – contesté respondiendo a su gesto.
-Espero pueda disculparme por aquel bochornoso momento. Nunca había estado al lado de una persona como usted.
-¿Cómo es una persona como yo? – pregunté un tanto confundida.
-No lo sé – contestó sonriendo.
-Le tiene usted mucho miedo a lo desconocido – repliqué de manera inmediata.
-Yo diría que en realidad tengo una gran fascinación, sin embargo no es fácil mirar al sol sin sentir que tus ojos arden.
A pesar de lo placentera que era la conversación tuve que continuar hacia el interior del palacio, pues, mi tía venía en camino a interrumpir nuestra plática y no deseaba castigar de tal manera al pobre Damián. Estando en el exterior el palacio de Smarágdi fue digno de mis alabanzas, pero una vez en el interior me di cuenta de que me estaba quedando corta, si la fachada ya era por si sola un encanto, el interior era un verdadero sueño.
-Bienvenida a mi humilde morada – fui recibida cordialmente por Dante, se veía un tanto diferente a aquella noche, quizás porque su traje era mucho más formal, porque ya no había sudor en su frente, ni sucio en su rostro, probablemente el ambiente también ayudaba bastante.
-Vive usted en un lugar hermoso, parece que el mismo Dios ha guiado la mano de sus constructores – comenté con una leve sonrisa.
-Dios ha hecho un trabajo maravilloso – respondió él mientras me observaba, mi corazón dio un ligero brinco en ese momento, no entendía muy bien el porqué.
-¿Cómo se encuentra, príncipe Dante? – intervino Damián antes de que yo pudiese dar respuesta alguna.
-Muy bien, gracias. Bienvenido a Smarágdi – contestó Dante gentilmente.
-Espero que la señorita Colette pueda concederme la primera pieza – confesó Damián.
-Ella es mi invitada especial, ha prometido dar apertura al baile conmigo, sin embargo creo que ella no tendrá inconvenientes en bailar la segunda pieza con usted – replicó Dante sin perder la compostura.
-No tenéis porqué debatir sobre el tema, bailen ustedes dos, yo puedo bailar con alguien más. Con permiso – no tenía deseos de estar allí en medio de dos hombres que creían tener el derecho para intervenir en mis acciones, aunque tampoco tenía el deseo de elegir, se me hacía muy difícil. Miraba a ambos y extrañas aunque diferentes emociones se mezclaban en mi pecho.
Al iniciar el baile me quedé sentada entre los demás invitados «No puedo creer que nadie te haya invitado» se quejaba mamá mientras luchaba con el calor gracias a su abanico.
-Si me han invitado, pero he preferido no aceptar, me siento un poco indispuesta.
-Pero qué barbaridad, deberías estar allí con el resto, no acá para que la gente piense que nadie desea bailar contigo.
-Me importa poco lo que el resto esté pensando, papá dice que los pensamientos de la gente inferior me deben resultar indiferentes – papá realmente decía aquello, un consejo que nunca me había servido para nada hasta el día de hoy.
-Eres igual a él, de eso no tengo ninguna duda – replicó mamá molesta.
Al dar inicio la segunda pieza Dante se acercó hacía mí lentamente.
-¿Me concede el honor? – preguntó extendiendo su mano.
La mirada de mamá no me dio lugar a dudas, debía aceptar quisiera o no, aunque realmente si quería, podía sentir las miradas de el resto dirigiéndose hacia nuestra ubicación, sin embargo no podía pensar claramente mientras aquella mano sujetaba la mía. Él era un excelente bailarín, debía admitir que incluso estaba a mi nivel y yo no bailaba solo para complacer a mis padres, lo hacía porque tenía cierta pasión por ello.
-Lamento haberla puesto en una situación incómoda – la voz de Dante era profunda, la sentía lejana.
-No se preocupe, aunque no recuerdo haberle prometido nada respecto a un baile – contesté sin detener mis pasos.
-Le ruego que también disculpe mi mentira, fue algo espontáneo – dijo él con una sonrisa que me hacía pensar que no estaba realmente apenado por ello.
-¿No es usted la princesa que acabó con varios de mis hombres? – preguntó el rey Belmont acercándose a nosotros.
-No es necesario hacer esto, padre – interfirió Dante rápidamente, luciendo un poco avergonzado.
-¿Y no es usted el rey que quiso acabar con nuestros reinos? – contesté firmemente.
-El hombre que se case contigo va a ser realmente afortunado – replicó el rey Belmont para luego hacer una reverencia hacia mí y retirarse.
-¿Ahora me conocen en tu reino por ser una problemática? – pregunté entre risas.
-Te conocen por tu valentía – contestó Dante.
Al terminar de bailar volví nuevamente con mi familia, lo único que podía hacer era escuchar sus preguntas y tratar de no alterarme ante sus repetidos y absurdos comentarios. Damián no volvió a acercarse a mí durante el resto de la noche, quizás estaba molesto o sintió que le había hecho un gran desplante. Luego le escribiría una disculpa por herir su orgullo.
-No puedo creer la gente que estaba en ese lugar – decía la tía sentada en el sillón de regreso en el castillo.
-Tenían un muy mal gusto, yo jamás saldría vestida de una manera tan corriente – agregaba Camile.
-Colette fue la única que tuvo el honor de bailar con el príncipe Dante – comentaba Celine mordiendo una galleta – se veía bastante interesado en ella.
-Pero si la he visto hablar con el príncipe Damián – exclamaba la tía Annette casi ahogada de la emoción – Terranova es uno de los reinos más prósperos y hermosos que existen, solo imagina ser la reina de un pueblo tan hermoso.
-Voy a ser reina de Aithéria Póli, probablemente el reino más balanceado y poderoso de los seis, me siento bastante conforme con ello – intervine en seguida.
-Tu hermano podría reinar acá si tú llegas a contraer nupcias con el príncipe Damián – sugirió mamá inmediatamente.
-Es una lástima que solo estemos dejando volar nuestra imaginación, porque lo que he tenido con el príncipe Damián no ha sido más que un pequeño intercambio de palabras entre dos personas, no existen y probablemente nunca existirán razones para que surja una relación amorosa entre ambos – contesté de manera educada.
-Yo que tú no estaría tan confiada – se dirigió la tía hacia mí – recuerda que si lanzas una flecha al cielo va a caer en cualquier momento y tú puedes ser su objetivo.
La verdad quería negarlo, pero me había dejado completamente muda, yo era firme creyente de darle siempre un beneficio a la duda para no tener que arrepentirme más tarde de mis palabras. Solo esperaba no tener que tragarme estas algún día.