Isabella salió de la oficina con paso decidido, el eco de las palabras de su padre aún resonando en su mente. Apenas avanzó unos metros, escuchó una voz que la detuvo. —Isa… ¿puedo pedirte algo? —preguntó Nico, acercándose con cierto nerviosismo. Ella se giró, relajando un poco la expresión al verlo. Su hermano no solía pedir favores, y su tono la hizo mirarlo con curiosidad. —Claro —respondió amable—. ¿Qué necesitas? —Es sobre el viaje —dijo, rascándose la nuca—. Sé que Luciana es tu asistente y… bueno, no quiero invitarla yo directamente porque papá podría sospechar algo. Ya sabes cómo se pone… Isabella sonrió, casi divertida por la vergüenza en el rostro de su hermano. Puso una mano en su hombro, con ternura. —Tranquilo. Luciana vendrá con nosotros. Los ojos de Nico se iluminaron

