—¿Entonces? —preguntó Luciana mientras colocaba la carpeta de informes sobre la mesa del desayunador de la mansión—. ¿Cómo te fue anoche con la doctora? Isabella levantó la vista desde su café con una sonrisa que trató de disimular, aunque no lo consiguió del todo. —Fue una cena… agradable. —Agradable —repitió Luciana con ironía, cruzándose de brazos—. Te arreglaste como si fueras a una gala y saliste manejando tu deportivo sin decirme a dónde ibas. Vamos, dame algo más. Isabella suspiró, ladeando la cabeza con diversión. —Está bien, está bien —cedió—. Charlamos mucho. Me contó que vive con su abuela, una mujer mayor que ha criado a Camila desde que sus padres murieron. Tiene un hermano menor, Nico… bastante intenso por lo que he visto. —Ajá —dijo Luciana, asintiendo con interés—. ¿Y

