Mientras Zeus y Mónica salían de la comisaría. Roxana llamó a la madre de Elisabeth, para concertar una conversación por la noche. Los padres de Claudio llegaron puntualmente. —Buenas noches, ¿cómo estás? – Martina, se acercó a saludarles con una sonrisa amarilla. — Entremos, por favor. No sé fijen en la casa, es muy sencilla, pero somos gente honesta. – Martina se esforzó por ser amable. Sentados en el salón, avergonzados por el tema que les había llevado hasta allí, Fabián y Roxana sonrieron sin saber por dónde empezar: —¿Cómo está Elisabeth, Sra. Martina? ¿Has oído algo? Claudio nos dijo que se fue a una casa de huéspedes… Con una sonrisa incómoda, Martina soltó: —No está bien, no. Salir de casa, en un momento así, es muy difícil. Pero Moisés, mi testarudo marido, hasta que se hiz

