VÍCTIMA

1228 Words
La furgoneta Caravan estaba maniobrando para aparcar delante del Hospital General Massachusetts, cuando Zarigüeya conductor de la cadena de televisión CBS y también el doble de iluminación, sabía que el día empezaría caluroso. —¡Justo como le gusta al diablo! – trató de divertir a Zeus y a Freud, poniendo los frenos del vehículo. Nicolau era su verdadero nombre, ganó su apodo debido a que, su tamaño era poco olímpico. Menudo, delgado, con la cara afilada, los dientes sobresaliendo como si se hubiera tragado un piano, dejando las teclas fuera, era igual a la mismísima Zarigüeya. – ¡Los hombres ya están en el aire! – Y Zarigüeya señaló el coche de policía y los coches de uno o dos periódicos de la ciudad, aparcados más adelante. —¡Aparca aquí, Zarigüeya! – sugirió Zeus al conductor. – Freud, entremos a grabar… Luego, los editores cortarán lo que sea necesario… —Antes de eso, Zeus, ¿Qué marca de zapatillas, llevas hoy? – preguntó Zarigüeya, apagando el motor de la furgoneta, los otros dos sabían a qué se refería. —Hace calor. Hoy vamos a hacer el mejor informe del año… ¡Si, vamos a hacerlo! En la entrada del hospital, el ambiente era de prisa, de confusión. Aterrada, llorando, sintiéndose culpable, la trabajadora de la guardería, la que estaba de turno en la madrugada del secuestro, intentó dar explicaciones. —Todo sucedió tan rápido… –no sabía qué decir ante la insistencia de los periodistas. —Atención, periodistas, ¡tómenlo con calma! Por el momento, se limitarán a ocupar el vestíbulo aquí en el hospital… – un caballero moreno, con un traje azul, de gran cuerpo, daba órdenes. Se trataba, como sabían los reporteros, del Dr. Gordini, el delegado policial más competente de la región. —Después de tomar las declaraciones de los empleados y hacer la inspección de la guardería, liberaremos el área para ustedes… -–Y, volviéndose hacia el m*****o del personal, ordenó: —Vamos a esa habitación. —Discúlpenos, Doctor Gordini, sólo queremos hacer nuestro trabajo… –Zeus y los reporteros estaban tratando de negociar. —El trabajo lo podrás hacer más tarde, o después… –Y el delegado, desde el pasillo, indicó el banco, dando a entender que Zeus y los demás debían sentarse allí a esperar. Antes de salir al pasillo, el doctor Gordini, solicitó a un policía para que contuviera a los reporteros más ansiosos. Zeus obedeció, molesto, muy molesto, pero obedeció. En cuanto se sentó, una joven rubia y pecosa se acercó al mostrador de recepción. Al identificarse como la hermana del recién nacido del 015, se preguntó por qué no podía subir a la guardería. —Pero… pero… ¿cómo no voy a ver a mi madre? Necesito entregar sus bolsas… Son cosas personales que… Cuando la recepcionista le informó del terrible suceso, Mónica, rompió a llorar, era un llanto convulso. Zeus se acercó a la rubia; Freud se quedó parado, filmando todo. —¿Eres pariente del bebé? Entre sollozos, Mónica dijo que sí, que era la hermana del recién nacido. —¿Cómo te llamas? —¡Mónica! —Mónica, mantén la calma. Todo podría ser un gran error. Dr. Gordini y sus ayudantes están arriba, investigando lo que ha pasado en la guardería. Mantén la calma. Hablemos un poco… Cuando sintió pasar el primer impacto y Mónica recuperó la calma, se presentó: —Mi nombre es Zeus. Soy reportero de la televisión CBS. La chica, estremecida, no sabía qué decir. —No te preocupes. Habla con naturalidad, como si estuvieras conversando conmigo. – Zeus estaba listo para comenzar el informe. - ¿Empecemos ya? —Está bien… —¡Atención, editores! Grabación de la entrevista con Mónica Culler, hermana del bebé. Culler se escribe con C-U-L-L-E-R. – Zeus pasaba información para que el editor pudiera dar después lo que se llama, en lenguaje televisivo, un crédito. Luego, mirando firmemente a la cámara, comenzó el informe y la entrevista a la hermana de la víctima. —Mónica, esta joven para aquí de mi lado, es la hermana del recién nacido secuestrado aquí en el Hospital de Massachusetts. Acaba de enterarse de lo ocurrido y está muy conmovida. Pero vamos a intentar hablar con ella. Mónica, ¿cómo se llama tu hermano? —¡Jacob! Jacob Culler. —¿Lo llegaste a conocer, el día de ayer? —Sí. Si, él nació por la mañana… Es muy lindo, bastante grande, regordete, una delicia de niño… Ahora… ahora… ha sido secuestrado. – Mónica no pudo decir más. Comenzó a llorar fuerte nuevamente. Freud cerró la cámara en su cara. Ella se llevó la mano derecha a la cara, secando sus lágrimas. Cuando se dio por terminada la entrevista, Zeus miró a la pequeña rubia, invadido por la ternura. Quitando su piel de reportero neutro e insensible, abrazó suavemente a la joven, reconfortándola: —¡Cálmate, Mónica! Cálmate… tranquila por favor… –Zeus intentaba consolarla. – Vamos a sentarnos en ese banco mientras, hasta que puedas entrar, ¿vale? Mónica hizo lo que le propuso. —¿Estudias, Mónica? – preguntó Zeus, cambiando de tema para intentar tranquilizarla. —Si, estudio en el ante último año en, High School Washington. —¡Vaya! La novia de mi hermano también está en el ante último año, sólo que en New Medel… –Zeus intentaba animar la conversación, sin saber cómo hacer. —¿Y tú? – Mónica, un tanto más calmada, se limpiaba las lágrimas. —Terminé la carrera de periodismo… ¿Te sientes más tranquila? —Sí, estoy más tranquilo. – ella volvió a suspirar con tristeza. Tras una considerable espera, el Dr. Gordini autorizó el acceso de los periodistas al hospital. María no pudo decir nada debido a su estado emocional. En cuanto Felipe, se limitó a llorar por su hijo secuestrado. —No soy un hombre de recursos, no tengo dinero, no entiendo qué pueden exigirme los secuestradores. Sólo le pido a Dios que nos dé la fuerza para mantener la calma, esperaremos a que nos contacten. De camino a la emisora de televisión CBS, Zarigüeya trató de superar el sombrío silencio de Zeus y Freud con un chasquido de dedos, como si de una gran idea tratase: —¡Miren! Hay que decirle al editor de imágenes que trabaje en el pie de foto: “Zeus, un héroe griego, consolador de rubias…”. Freud se echó a reír. La declaración del conductor tenía sentido. Zeus estaba realmente engatusado, y, conmovido por el drama de la joven. — ¡Vamos, Zarigüeya, deja de hacerte el payaso! ¿No has visto cómo estaba la pobre chica? – Zeus no quería saber nada de bromas. —Si, cada mujer que te babea en el micrófono, tú vas y apoyas… –Freud ironizó. —¡No consolaste a esa anciana en San Clement! —¿Cuál anciana? —La que le dispararon a su hijo… – Zarigüeya se refería a un informe que habían realizado en otra ciudad de la región. —Y ni siquiera aquella señora de la huelga en la fábrica de peluches, que perdió su trabajo y tuvo que mantener a cinco hijos. Ni siquiera con ella estabas tan lleno de cariño. – Zarigüeya refrescó la memoria de Zeus. —¡Ah, ve a contarte pendejos del chivo, ve! – Zeus se quedó sin respuesta.
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