Tengo el trabajo

1055 Words
Milena Habían pasado dos días desde que llené el formulario, era patético que ni siquiera una llamada me hubiesen dado para que fuera a la empresa, mucho menos un mensaje, sabía que esos tipos eran de los que discriminaban a una mujer creyendo que solo para un buen sexo funcionábamos. Estaba dispuesta a llamar para ver que putas les estaba pasando, estaba por decirles que me cagaba en sus madres por haberlos traído al mundo, pero eso arruinaría todo y mi madre me mataría por ello. Mi celular comenzó a sonar y el nombre apareció en la pantalla, Olsen Security, respiré unas cuantas veces y respondí. —¡bueno! La voz dulce de mi único empleado estrella apreció. —Señorita Milena, disculpe que la llame a esta hora, pero necesito que venga a hacer una prueba, están necesitando sus servicios. —Claro que sí, en unos momentos llego, muchas gracias por la oportunidad. De verdad que estaba en el papel de empleada, me burlaba por esto, pero luego me regañaba porque sabía que era mi jodida culpa que mi empresa, la empresa que papá levantó estaba por caer si no hacía algo urgentemente. —Madre me voy, me han llamado para un trabajo, haré las pruebas, deséame suerte, te amo. Grité cruzando desde la cocina hasta la puerta principal. —Está bien, me llamas cuando hayas terminado, te amo hija. Moría de emoción por llegar, ya sé suena ridículo, pero así era, tenía un reto muy grande que enfrentar, era una mujer en medio de muchos hombres, debía sobresalir más que ellos, trabajar el doble que ellos, yo sería el bocadillo, su pan de cada día. —Buenas tardes, soy Milena Olsen, —Buenas tardes, vamos sígame. Allí iba yo detrás de un chico al cual no conocía, cuando llegué había mucha gente, de verdad mucha gente, nos llevaron a una habitación aparte y como lo supuse, solo era yo como mujer, al menos que las otras chicas estuvieran en servicio, lo que dudaba un poco. Hicieron una especia de competencia, los mejores serían los que escoltarían a un tal Luan, debía ser muy importante el tipo si nos estaban poniendo a competir, además que, por tiempo ilimitado, eso sonaba interesante. Muchas modificaciones sin ser autorizadas por mí, vaya, que viejos estos más idiotas, se les armaría la tercera guerra mundial por tanta estupidez. —Él —anunció Damián mostrando una foto de un tipo —es Luan Swanson, nuestro nuevo cliente. El tipo se veía realmente hermoso, algo amargado, de seguro sería un mal cliente por su ceño fruncido y su rostro de come caca, nada agradable. —Ya saben como funciona esto, los mejores serán los que lo escolten y para la nueva —algunas risitas estúpidas se escucharon, já, se iban a meter sus risas por el trasero, los iba a hacer comerse sus palabras de mierda —Trata de sobrevivir. —Lo intentaré. Cuando mi Milena sarcástica salía, era la rubia con una boca que nadie creería que la tengo. —Se dividen en dos grupos y el mejor de cada uno serán dichos guardaespaldas. Esa era mi maldita oportunidad, debía ser yo una de esos guardaespaldas, me saboreaba la victoria. —Milena, grupo B. —No te quiebres las uñas muñeca. Decía un hombre flaco, no era una persona racista o de burlarme del físico de los demás, pero se quebraba primero él que mis uñas. —Haré lo posible. Maldito idiota. Tomé mi arma, mi propia arma y la competencia inició, para mayor sabor mi primer contrincante era el flaco ese, no dejaba de mirarme y se burlaba, sería yo la que riera cuando terminara esto. —Seré gentil contigo, puedes ir de primero. —Oh no te preocupes, quiero aprender. Dije con melancolía. El hombre falló por dos, bastardo, lo haría irse a llorar a un rincón pidiendo a su mami. —Suerte. —Gracias Susurré. Coloqué las orejeras y tomé mi posición, disparé todos mis casquillos acertando en los blancos, todos me miraban son sorpresa. —¿qué? —me burlé—¿acaso una rubia no sabe usar un arma? No respondieron nada, pero la cara de Damián era de terror, sabía que estaba asustado por mi semejanza a la hija se su amigo, la dueña, que tonto, era la maldita dueña de este lugar. Vencí a todos esos hombres, por primera vez en muchos años, me dieron el lugar y el respeto que merecía. —¿dónde aprendiste eso? Preguntó aquel hombre flaco. —En el ejército. Me hicieron reverencia y estrecharon mi mano, aquí les partiría el ego al que se creyera mejor que yo por ser una maldita mujer, eso en el ejército, era más que condenado. Cuando se llegó el turno de la prueba de resistencia, pasé como si nada, estaba acostumbrada a los largos y pesados ejercicios, correr millas, alzar cosas pesadas, mi agilidad y destreza eran impecables, cosa que muchos de aquí no tenían, algunos estaban obesos y eso, aunque no era problema para trabajar, si lo era para ser un guardaespaldas, —Oscar, Milena, felicidades, son los nuevos guardaespaldas del señor Luan. Ese tal Oscar me miró con odio, idiota, no aguantó que le ganara en uno de las pruebas de resistencia, soy delgada, tengo músculos más que estos tontos, ahora tenía que aguantarse y ver mi maldita cara todos los putos días, ese era su castigo, por burlarse de mí y creerse mejor que yo. Pasamos a la oficina de administración, mi oficina, recogimos los documentos y firmamos el contrato, Damián seguía un poco preocupado, pero me haría la tonta para que no sospechara nada. —Los quiero ver aquí a las cinco en punto de la mañana, cualquier acontecimiento se les llamará, tengas sus celulares con tono y cerca de ustedes., eso sería todo por hoy. Oscar no dijo nada, pero por su cara sabía que trabajar conmigo era una maldición, una burla grande. —Tengo el empleo. Dije apenas mamá respondió la llamada. —Maldición hija, ¿qué haces que todo lo logras?, ven a casa y nos cuentas. —Voy de camino mamá. Solo un temor tenía, y era el que Luan me viera con aquellos ojos de odio por tener una guardaespaldas mujer, los mismos ojos de mis compañeros cuando les pateé el trasero.
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