Luan
Recibí una llamada a las siete de la mañana, para esto ya me había duchado y estaba alistando mi atuendo del día, debía asistir a un almuerzo con mi hermana y no quería llegar tarde. Según la empresa Olsen Security ya tenían a los indicados para mí, eran los mejor según las pruebas que les ejecutaron gracias a mis instrucciones.
Ellos estarían a más tardar a las diez de la mañana, mi hermana me citó a las doce medio día así que la hora me pareció más que bien.
Desayuné solo ya que mi única compañía por las mañanas se había enfermando, Campeón y Princesa estaban en el jardín jugando, miré las noticias y no hubo nada que me llamara la atención así que cambié el canal por un documental en YouTube que me habían recomendado hacía unas semanas.
—Disculpe señor, hay un auto afuera, preguntan por usted, traen documentos de una empresa de seguridad, dicen que son sus nuevos guardaespaldas, aquí tengo los documentos.
—Gracias Teddy.
Los tomé en mis manos y revisé, Oscar era el nombre del primero documento que leí.
—¿qué hago?
—Déjalos pasar por favor.
Caminé detrás de Teddy, observé como se abría el portón y la camioneta entrar, me observé desde mis pantuflas hasta la punta de mi abrigo.
—¿será que me veo mal estar vestido así?
Pensé por lo que entré a la casa y cambié mi ropa por la que tenía ya preparada para ir al almuerzo con mi hermana.
Salí de nuevo para conocer a los hombres que me escoltarían de ahora en adelante.
El primer que bajó fue el grandulón, el tal Oscar, lo reconocí por la foto. Me saludó amablemente y estrechó mi mano con la suya.
—Estamos a sus órdenes.
Asentí satisfecho.
Miré hacia un lado y una chica caminaba hacia mí con un traje que la hacía ver tan hermosa como una diosa, mi boca se agrandó al ver tanta hermosura en una sola mujer, ese golpe en el pecho se hizo presente ¿qué cosa había sentido al solo mirarla caminar hacia mí?
—¿quién es ella?
Tuve que cuestionar debido a mi asombro.
—Es mi compañera lamento si no es lo que esperaba, pero parece que fue lo mejor que tenía la agencia.
Lo miré cuestionando sus palabras, ¿mi guardaespaldas? ¿qué chiste era ese? no estaba seguro de haber especificado que fueran solo hombres, pero es qué, era la primera vez que veía a una mujer ser escolta de un hombre, lo di como un hecho que enviarían solo hombres
Las palabras de Oscar era chillidos para mí, chillidos que no lograba entender, estaba confundido por sus palabras y por la belleza de esa mujer, pero ¿mi guardaespaldas? eso sí que era un chiste, ella parecía ser de esas que necesitaban ser cuidadas como rosa frágil, no estaba molesto porque fuera mi escolta, estaba anonadado, ¿quién era ella para dejarme con tanta impresión?
—Buenos días —hablé primero, pero la chica me miro con tanto desprecio que inmediatamente mí estómago dolió —¿disculpe quién es usted señorita?
—Soy Milena Olsen, su guardaespaldas, Señor —hizo una pausa para mirarme de arriba abajo —Señor Swanson.
¿tan insignificante era para esta mujer?
—Creo que hubo un error, no me dijeron que tendría una guardaespaldas.
Quitó sus lentes y me miró de nuevo, sus ojos eran de odio profundo, aquellos ojos celestes como el cielo me miraban asesinos.
—No hubo ningún error, puede comprobarlo si usted gusta, le aseguro que soy lo mejor que lo pudieron dar como guardaespaldas, mantendré su trasero sano y salvo.
¿mi trasero?
¿quién era esta mujer definitivamente?
—Sí, iré a revisar antes de salir, ¿mi guardaespaldas?
Dije caminando hacia el interior de la casa, pero no lo hice en forma de burla o de sarcasmo sino de afirmación, tenía una guardaespaldas.
Miré los documentos que me habían entregado anteriormente, Milena parecía tener mucha experiencia y más cuando del ejército se trataba.
¿en cuántos campos militares había estado? me pregunté curioso de su trabajo, le debía respeto por haber brindado su servicio al país sin duda alguna.
Ignoré el hecho de llamar a la agencia de servicios y me conformé con tener a una linda guardaespaldas salvándome mi trasero cada vez que lo necesitara.
Cuando volví a salir ellos me esperaban en cada extremo del auto, parecía haber discordia entre ellos dos, ¿un hombre machista tal vez? o quizá ¿una mujer muy feminista?, no lo sé.
—Ya nos podemos ir, tengo un almuerzo en el restaurante Olio e Più, necesito llegar a tiempo.
La mujer quitó sus lentes oscuros y me miró desafiante, la observé y mi mente solo había una pregunta:
—¿cómo puede ser ella tan hermosa e intimidante a la vez?
Tuve que dejar mis pensamientos de lado y concentrarme en sus palabras.
—¿llamó a la agencia?
Negué
—No es necesario.
Subí al auto y no pude no admirar su cabello rubio acolochado, esas caderas y su trasero bien hecho por el ejercicio.
—Basta Luan, basta.
Golpeé mi cabeza para dejar de pensar y hacer estupideces, Oscar y Milena me miraban extrañados al verme golpear mi cabeza por lo que sonreí.
—Lo siento, es que tengo un pequeño dolor de cabeza y me molesta.
No era del todo mentira, Milena me había provocado una jaqueca inexplicable.
Llegamos al restaurante y me bajé, pregunté por mi hermana y la chica al verme con Milena dijo:
—Hay una reserva, pero para dos personas, no para tres.
Fruncí mi ceño sin entender a qué se refería.
—¿tres personas?
—Sí, veo que ha llegado con su esposa.
Milena bajo sus lentes un poco con su dedo índice y guardó silencio, ese gesto me había parecido muy sexy.
Miré a la recepcionista y hablé.
—Ella no es mi esposa, se ha equivocado, mi hermana me está esperando.
—Lo siento creí que lo era, es que.
—No tiene que justificarse.
Interrumpí.
—Estaremos aquí para que tenga privacidad.
Habló Oscar y Milena asintió.
Mi hermana al ver a la chica no dudó en decir:
—Debe ser muy sensual tener a esa chica salvándote el trasero.
—Es hermosa ¿no?, podría casarme con ella, pero parece que le caigo mal, no me soporta, tendrías que ver los ojos que me hace cuando me está hablando.
—También puede ser porque es su trabajo, no te adelantes a los hechos, pero definitivamente es hermosa.
—Y romántico.
Dije riendo.
—Sí, definitivamente sí.
Me despedí de mi hermana apenas terminamos de almorzar, ella debía ir a una reunión importante y yo debía ir a casa a trabajar.
Oscar estaba en el auto esperándome y Milena estaba en la acera, estos dos eran incompatibles y me causaba gracia ver la actitud tan inmadura de Oscar.
Cuando llegué al lado de Milena se viró y me miró con sus ojos celestes entre encerrados.
—¿a dónde vamos ahora?
—A casa señorita.
Su cabellera rubia era tan llamativa, radiaba un brillo en él que me hizo preguntarle:
—Disculpe, ¿cómo hace para tener su cabello tan rubio?
Pero antes de decirle que era precioso me interrumpió.
—Créame con no soy una rubia sin cerebro, tampoco tiene que burlarse de mí por serlo, le voy a demostrar cómo es una rubia de verdad.
Me sorprendió sus palabras, ¿en qué momento todo se había mal interpretado, debía caerle mal para que se comportase de esa manera conmigo, solo intentaba ser amable con ella y darle un cumplido, pero trapo sucio había quedado yo después de que ella pensara quién sabe qué de mí.
Me subí al coche sin decir una palabra, pensaba en tener un lindo gesto con ella para que viera que era un hombre con buenos sentimientos y ganarme su confianza así que debía pensar muy bien qué para no volver a hacerla sentir mal.
—Ya no saldré de la casa, pueden irse a descansar, cualquier situación yo los llamaré.
Me despedí de ellos e ingresé a casa, mis cachorros me recibieron con siempre sentados en la sala mirando hacia la puerta moviendo sus colas
—Ustedes son los únicos locos que se emocionan por mi llegada.
Los acariciaba y les hablaba a la vez.
Salí al jardín cerca de la alberca a los poco minutos de haber llegado a casa, quería comer un helado y despejar mi mente, vi a Milena cerca del lugar donde estaría sentado, sin quitarle mirada alguna seguí mi camino, me senté aun mirándola y comí el helado. Me daba curiosidad su porte de niña mala, de niña peligrosa y la forma en que me miró molesta me hizo temer por mi vida, no sé lo negaré.
—Señor Swanson, lamento si le ha incomodado la presencia de Milena, si tiene a bien puedo pedir que la cambien, estoy seguro que ella no sería buena escolta, solo mírala, es una mujer.
¿solo una mujer?, ahora entendía la molestia de Oscar, se sentía humillado por tener una mujer cómo compañera.
—No es necesario, no me incomoda tenerla como escolta, estoy seguro que si me la asignaron es porque es buena en su trabajo ¿sabía usted qué ella estuvo en el ejército? ¿qué más con eso de referencia?
Oscar miró a la chica con desprecio, definitivamente eso eran puntos menos para él, el machismo era algo que no toleraba a mi alrededor, lo había aprendido muy bien al ver a mi hermana abrirse paso en áreas laborales hechas solo para hombres.
—Como usted diga señor.
Así sería, las cosas se harían a como yo las dijera y punto.