Introducción: El Eco de los Reinos Partidos
Antes de que el mundo fuera una colección de reinos amurallados y corazones endurecidos, existió un tiempo donde la luz no tenía sombras. En aquellos días, el cielo no era un abismo distante, sino una presencia constante; los ángeles caminaban entre los hombres, guiando sus manos en el arte y sus voces en la armonía. No había secretos, pues las hadas tejían la naturaleza a plena vista, y el Reino de Orodos era el faro de una humanidad que prometía alcanzar la gloria de sus creadores. Pero la perfección es un cristal frágil que puede romperse hasta con el mas leve golpe de realidad.
Desde lo más alto del cielo, dios contemplaba a su mas divina creación, esos seres que el decidió crear a su imagen y semejanza, pero Dios había olvidado algo muy importante, en lo más profundo del corazón humano, había dejado un pequeño hueco, uno que no podía llenarse con ningún conocimiento o poder, gracias a ese hueco que fue creado tal vez por decisión propia de Dios mismo o tal vez del único error que el ser más perfecto llegó a cometer, es que se dió origen a esa guerra infernal, que acabo no solo dividiendo a los reinos, sino destruyendo a algunos.
Después de la creación Dios encargó a sus primeros hijos, los ángeles y los serafines, cuidar de su amada creación, que al ser una especie jóven y totalmente imperfecta, necesitarían la guía de alguien, y Dios en su infinita sabiduría encomendó esa tarea a ellos, su misión sería encaminar a la humanidad por el buen camino, para que pudieran prosperar y en algún momento regresar al polvo del cuál fueron creados.
Dios en el momento de la creación destinó un consejo real compuesto por los primeros y más leales ángeles, quienes se encargarían de tomar las decisiones como si fuesen la propia mano de Dios. La finalidad de este consejo era mantener el órden y la paz entre todas las criaturas, incluyendo a los humanos, las hadas, los duendes, y todos los animales y criaturas que fueron creadas por Dios.
El consejo real de ángeles sería el encargado de mantener la paz y la armonía entre todas las criaturas y los hijos de Dios, así pues una vez tomada la decisión Dios trascendió hacia otra dimensión dejando al consejo real a cargo de sus creaciones y prometiendo volver, cuando el mundo se cubriera de oscuridad, y volviese a necesitar de la luz y el amor de Dios.
El conflicto no nació del odio, sino de la ambición. Los hombres, quienes fueron bendecidos con el don de la magia por los mismos ángeles, y que debido al vacío que había en sus corazones comenzaron a codiciar el fuego que no les pertenecía. Descubrieron que en las sombras acechaba un poder más rápido, más voraz, que no exigía virtud, sino sacrificio. La magia se tiñó de oscuridad, y con ella, el alma de los reyes humanos.
Ante la corrupción de su obra, el Consejo Celestial tomó una decisión devastadora: el Retiro. Los ángeles darían la espalda a la Tierra para preservar su propia pureza, dejando a los mortales a merced de la penumbra que ellos mismos habían invocado. Fue un abandono silencioso y absoluto.
Sin embargo, en el epicentro de esta huida divina, un hijo de Dios se negó a cerrar los ojos. Amenadiel, el más brillante de todos, vio lo que sus hermanos ignoraron: que en medio de la podredumbre y de la imperfección humana aún latían chispas de una pureza inalcanzable incluso para cualquiera de los ángeles. Al mismo tiempo, en el corazón del bosque, la Princesa Enhora de la tierra de las hadas soñaba con una unión que borrara las fronteras entre su reino y el reino humano, entregando su corazón al heredero de un trono que ya estaba manchado por la ambición, el deseo de poder y la traición.
Esta es la historia de cómo el amor de un ángel por una mujer mortal llamada Dahela y la valentía de un príncipe del reino humano de Orodos llamado Ethan sembraron las semillas de la redención. Este es el relato de una caída, de una corona degollada y de un velo de espinas que se levantó para ocultar al mundo su última esperanza de supervivencia.
Antes de la historia de Daena y Christov, hubo sangre. Hubo fuego, hubo un pacto roto y una profesía que solo su linaje podría, cumplir años después.