—Déjame mostrarte —pedí sin esperar respuesta. Ella tragó saliva cuando tomé su cintura, recreando perfectamente la escena del teatro, sólo que ésta me parecía mucho más interesante. Sonreí. —Hola, preciosa —ronroneé acariciando su rostro, haciendo que ella apretara sus puños contra mi camisa. Audrey no tenía cómo saber lo mucho que eso me había gustado ni lo que aquella reacción me había causado. Ella, tan dulce e ingenua, no tenía cómo saber lo mucho que la deseaba en este preciso momento —. Hoy te vi en el escenario, ¿sabes? Te veías… deslumbrante. Acerqué mis labios a su cuello lentamente, aguantándome las ganas de mordisquearlo. Olía tan bien y su piel lucía tan tersa... Apetecible. —Me preguntaba si, quizás, podrías facilitarme tu estupendo traje, el que, por cierto, te hacía lu

