—Si no hubiese llegado Scott, sí me hubiera atrevido a seguir —ronroneé amargamente, recordando cómo me había sentido cuando la vi besándolo. Olvídalo, no es el momento. Desvié mis labios a su terso cuello, besándolo lentamente, aspirando su abrumador aroma y acercándome poco a poco a sus labios, mi sueño anhelado, mi tortura, mi desvelo. —Chris —silbó, intentando moverse, lo que yo evité rápidamente. No, cariño, sé que tú también quieres esto. La miré, deteniéndome a medio camino. No te retractes, por favor. Quiero saborear tus labios más que nunca. —Dime que pare —mascullé, haciendo que ella suspirara sobre mis labios, dejándome al borde de la demencia—. Dime que me detenga y olvidaremos todo esto. Guardó silencio, mirando mis labios con la mirada llena de dudas. No podía r

