—Steven —dije impresionado al abrir la puerta—. ¿Qué haces aquí? —¿Puedo pasar? —preguntó suavemente, jugando con sus manos, nervioso. Me corrí y le hice un gesto con la cabeza. —Sí, claro. Entra. Ingresó en silencio y tomó asiento en el sofá, mirando con desaprobación la manta que yacía encima. Me senté a su lado y lo miré expectante, sin embargo, por un par de minutos, todo fue silencio. —Chris —dijo finalmente. Buscó mi mirada, la cual chocó con sus inseguros y tímidos ojos azules. Hacía mucho tiempo que no lo veía así. Suspiró—. Te extraño. Por favor, vuelve. Abrí desmesuradamente los ojos y subí las cejas, desconcertado. Tragué saliva y tomé un respiro. —Vaya, Steven, me tomaste por sorpresa —murmuré rascándome la cabeza, sin saber qué hacer—. Pero… bueno, yo… eh, no puedo volve

