Rebusqué un poco de ropa entre unos cajones olvidados y fui a su encuentro, con la respiración y el pulso un poco más normalizado. —Ten —dije alargándole una camisa, un polerón y unos pantalones de buzo, corriendo la mirada mientras ella se vestía. Se acercó a la estufa y fui en busca del secador. Al volver, detuve a Audrey cuando intentó ponerse de pie, poniendo mis manos sobre sus hombros, obligándola a tomar asiento. —Yo lo hago, no te preocupes —dije tenso, intentando sonar más tranquilo. Encendí el aparato y moví mis dedos entre su cabello mientras el aire caliente lo revolvía. Tomaba largos respiros, intentando calmarme y ahogar esos impulsos casi animales que me querían dominar. Realmente la deseaba, realmente la anhelaba. Este último tiempo había estado tan cerca de tenerla,

