—Chris, esto es… no sé qué decir —dijo mirando todo, impresionada. —No hay de qué —respondí sintiendo ternura. Su mirada brillaba como mil diamantes y su sonrisa lucía sincera, llena de alegría y agradecimiento. Corrí una silla para ella y dije:— Ahora ven, siéntate conmigo. Se acercó tímidamente y tomó asiento. Corrí la silla hacia delante y me deleité con su perfume antes de ir a sentarme frente a ella. Saboreó lentamente la comida con cada bocado que daba. No pude dejar de observarla a cada minuto que pasaba, sus expresiones siempre me dejaban anonado frente a ella. Sencillamente me fascinaba mirarla. Conversamos sin mayor apuro. Le comenté de algunos de los problemas que Steven y yo habíamos estado teniendo, exceptuando esta semana. Ella me miró de una manera extraña y me dijo que s

