Adara…….
Al llegar al salón de la fiesta sentí un poco de aprensión. Es la tercera vez que participo y la primera sin mi padre. Casi lloro al pensar en él.
Bajo del coche con la ayuda de Milán y Sila. Elvira se adelantó para recibir a los invitados. Sigo sin confiar en ella, la mantengo vigilada y ocupada en asuntos protocolares, como le encanta lucirse lo hace encantada. Debo reconocer que lo hace bien cuando no se extralimita.
La majestuosidad de esta fiesta consiste en tres puntos principales. La decoración es el primero. El color de la piedra que representa es el principal atractivo. Se usan varios tonos de verde. La combinación de estos mezclada con dorado o plata realza el misterio de la esmeralda.
El segundo punto se ancla en la facilidad con que se mezclan los coleccionistas, compradores y vendedores de la piedra con aquellos que la producen. Aunque es un evento de gala todos los segmentos vinculados a la obtención de tan maravillosa gema desde los mas básicos hasta los más complejos.
Por ultimo al ser la esmeralda considerada símbolo de amor muchos buscan encontrar pareja en la celebración. Es del protocolo que los miembros solteros de la familia real traigan de acompañante algún m*****o de la nobleza. La identidad del escogido o escogida permanece oculta, por eso todos esperan el momento de la develación, que es al atravesar la fila de honor formada por los marines.
En esta ocasión me hare acompañar del rey Kalaf de Nava a solicitud de él. Una gran oportunidad para poder tantear la personalidad de mi homologo. Necesito medir la posibilidad de hacer algunos tratos con su reino. La otra opción era el pedante rey Farid de Nerea. Por jerarquía y al estar en nuestro territorio debía pedirle a él en primer lugar que me acompañara al baile. Mi equipo lo hizo, pero el muy creído se negó y yo reí aliviada. En gratitud le envié un postre. Ruego que lo haya comido, así me ahorra la molestia de tenerlo de frente.
El entusiasmo de la gente se percibe en la entrada del salón Queen del palacio real. Con una entrada independiente es posible ver desde fuera a la concurrencia. Desfilamos por la alfombra verde hasta el inicio del pasillo. Suenan las trompetas que anuncian el inicio de la procesión.
Inicio despacio viendo a todos lados, saludando con la mano derecha y media sonrisa. Siento alegría por presidir la celebración, aunque no pueda expresarla plenamente. Los conflictos e intrigas del reino ocupan mi mente. A donde quiera que veo, está el rostro del posible causante de la muerte de mi padre. Es duro sonreír a la hipocresía.
Continúo por el pasillo hasta chocar la mirada con el hombre más precioso que vi en estos lares. No se cómo pude derribar esa máquina musculosa que está de pie en un ligar preferencial. Viéndome como quien quiere devorar a una presa. Con su estatura tiene para distraerme, jamás pasaría desapercibido. Esos ojos verdes como la esmeralda, me hacen cautiva de su magnetismo. Soberbio, imponente, avasallante. De larga melena rubia, músculos definidos en cada rincón del cuerpo, que se dibujan a través del traje verde botella que tiene puesto. ¿Quién le dio permiso a este hombre para verse tan bien y caerme tan mal?
Cambio la mirada hacia la persona que me espera al final del pasillo, otro espécimen que se le escapó a los dioses me espera con un traje blanco igualmente apuesto, pero en versión moreno, el pelo n***o sobre su piel blanca. Trae una diadema sobre la cabellera atada en una cola baja. Extiende su mano dándome alcance y le sonrío agradecida.
Todo el esplendor de la noche comienza con el baile. Voy a la pista de la mano de mi acompañante. Al ritmo de las cuatro estaciones de Vivaldi. Cada paso, cada vuelta siento una sensación quemante sobre la espalda. Llegamos a la primera pausa del acto. Aplausos de la multitud. Hacemos la reverencia para dar inicio a la segunda estación. Los demás miembros de la casa real se unen al baile, igual que los nobles. Las damas hacen una línea a esperar a sus parejas de baile. En esta ocasión, Kalaf, no queda frente a mí, fue desplazado a la dama de mi derecha. Mis alarmas se activan. Alzo la mirada para encontrar unos fríos ojos verdes que exigen sumisión.
-Rey Farid, está usted aquí. - saludo inclinando la cabeza.
-Veo que sabe hacer reverencia a quien la merece- Esa media sonrisa me irrita.
-Todos mis invitados merecen respeto, no se confunda. - Los demás esperan para iniciar.
-Es mi turno de bailar con usted- dice con cinismo.
-Creí que no le interesaba estar aquí- usé su mismo tono.
-No vine a socializar- La voz de barítono resuena en mis oídos.
- ¿A que vino entonces?
-Quería que supiera que tengo una propuesta a sus problemas
-Esas cosas no se discuten bailando- No quiero llamar la atención de los demás. Si no iniciamos será incómodo.
Me toma de la mano llevándome al centro del salón. Hace un gesto a la orquesta que inicia la tercera estación. Enseguida coloca la mano libre en mi cintura acercándome a él más de lo necesario. Puedo aspirar su aroma a madera del bosque en plena primavera.
Nos desplazamos por la sala con giros y acercamientos acordes a los crescendos de la melodía. Cada vez que nos separamos para seguir el ritmo, tira de mi brazo con delicadeza amoldando nuestros cuerpos, acercando nuestros rostros a milímetros de absorber el aire del otro. Tiene una presencia embriagadora. Su estilo de baile es único, firme y preciso. Llegamos a la cuarta estación sin separarnos, olvidados del mundo. Los aplausos nos avisan que ha terminado la música. Me ayudó a incorporarme de la posición de media caída. El final fue de ópera. Después de estar de espalda agarrando con ambas manos mi cintura nos pusimos de frente para que pudiera caer en sus brazos, él sobre mí a punto de besarme con el ultimo acorde. No me sorprende la ovación, las otras parejas no hicieron ese paso.
-Tiene cara de ensueño, no me estará viendo como un príncipe encantado, ¿verdad? - lo fulmino con la mirada.
- ¿Qué le hace pensar que es por el baile? O mejor ¿Qué le hace creer que es por usted? - me alejo un poco para que no escuche los galopes.
-No la vi así con el rey Kalaf- ¡Decepcionante! Egocéntrico además.
-Es porque no tenía una vista frontal de él, cuando estaba bailando con usted pude apreciar lo elegante que es Kalaf, mi rostro habla por mí y si me disculpa debo ir con mi acompañante de la noche. - Su rostro se llenó de cólera.
-Espero que su acompañante pueda permanecer toda la velada, - se acercó a decirme eso al oído- Yo iré a disfrutar de un postre que recibí esta tarde.
-¡Ahh! No lo ha comido aún. - Con razón.
-No se preocupe, no soy alérgico a los arándanos. Necesitará más que eso para acabar conmigo. - Descubrió mis intenciones.
-Por algo se comienza. Se debe conocer al enemigo para poder destruirlo.
Farid…
- ¿Qué fue eso Farid? - Calixto vino a mi encuentro en cuanto me aleje de la reina.
- ¿De qué hablas, Calixto? - No le voy a decir que no pude cumplir con mi objetivo original. Como admitir que esa bruja me ha hechizado con un baile.
-Te he grabado, te tele transportaste a las nubes. Vueltas aquí y allá con una precisión que no te vi en la escuela de baile, tenías dos pies izquierdos. - Habla sin parar como si lo hiciera consigo- Ahora te veo y eres el mismo Beauchamp. - Enarco una ceja por compararme con el padre del ballet- Esto tengo que contárselo a mi tía Gea. - Suspiro.
- ¿Eres un parlanchín ahora? - le pregunto distraído siguiendo los pasos de Kalaf- Necesito que hagas algunos arreglos- No voy a dejar que estén cerca. Esta guerra la gano yo.
- ¡¿Qué?! Ni loco, estoy en una fiesta. Vete a cuidar a la reina Gea.
-Hay gente para cuidar a mi madre, tú debes ayudarme a mí.
- ¿Qué es lo que quieres?
-Esconde la batuta del director de la orquesta
- ¿De qué hablas? Sin la orquesta los reyes no podrán bailar. - Cae en la cuenta.
-Precisamente.
-Eres así de aburrido, no voy a hacer eso.
-Si lo harás o te caso con Xola. - se pone serio.
- ¿Cuántos directores hay?
- No sé, pero esconde las batutas y a los directores que aparezcan. Además, quiero que le digas a Kalaf, que estamos atacando sus tierras ahora mismo- me ve incrédulo.
-Oye Farid, te clavo el demonio una de sus uñas ¿quieres que deje de bailar con Adara o que se vaya?
-Las dos cosas, no quiero que socialicen. Podrían llegar a un acuerdo y no nos conviene.
- ¿O sea que no estas celoso? - Lo miro impaciente.
-Calixto, haz lo que te digo. Nos vemos mañana.
-Si vete, así voy a poder disfrutar la fiesta.