—No sé qué hacer, quiero cancelar la boda, pero quiero hacerlo de forma que él se sienta tan avergonzado, así como yo lo estoy ahora y, ¡que no pueda volver a mirar a nadie a la cara! —grito y esto hace saltar a mi chofer.
—Lo único que puede hacer es dejarlo plantado en el altar —comenta como si fuera la solución más obvia—, pero debe de tener en cuenta que si hace eso todos hablarán también de usted, por ser tan mala mujer y dejar a su promedio en medio de la boda, con esto solo provocará que él sea la víctima en todo esto.
—¿Y si les muestro a todos la clase de basura que es Facundo? —pregunto aún con lágrimas en mis ojos.
—Pero si no tiene pruebas, eso será realmente difícil —responde no muy convencido.
—¿Quién dijo que no tenía pruebas? —lo cuestiono.
Le muestro mi celular donde grabe su conversación, después de que Dimitri escucha la conversación se ve sumamente molesto.
—Tengo un plan señorita, ¿qué le parece si ponemos ese audio dentro de la iglesia? Para que todos puedan escuchar la verdad por ellos mismos, así comprenderán por qué lo está dejando plantado en el altar.
—Eso será imposible, ¿cómo conseguiré a alguien que haga todo esto? Y a solo unas horas de la boda —no se lo digo, pero la verdad yo dudo que esto sea posible, estoy tentada en no presentarme ni a la boda y huir.
—No se preocupe, déjelo en mis manos. Solo necesito que me pase ese audio —escucho una gran determinación en su voz que no me deja lugar a dudas de que puedo confiar en este hombre.
—Hay algo que me preocupa, don Fausto, él es una buena persona y no quiero hacerlo sufrir.
—Lo entiendo, señorita, pero está de acuerdo que no puede continuar con esta boda solo para no herirlo, siendo que al final la única que saldrá herida será usted.
—Lo sé y no me refiero a no cancelar la boda, es simplemente que no sé cómo podré explicárselo, ha sido como un padre para mí todo este tiempo —rompo nuevamente en llanto, mi chofer se acerca y me abraza hasta que me calmo.
Nunca había sentido la necesidad de que alguien hiciera esto, sin embargo, ahora es como si necesitará de alguien que me proteja y así es como me siento con él, por un momento extrañó los brazos de mi madre y que me diga que todo saldrá bien.
Mientras nos dirigimos de regreso a la hacienda Dimitri, me cuenta todo su plan, el cual consiste en que al momento de llegar a la iglesia de algunos cuantos pasos y grite frente a todos que no puedo más y salga corriendo de ahí, la marcha nupcial tendrá que detenerse y de fondo se podrá escuchar toda la conversación entre los sucios amantes.
—No estoy muy segura de que eso funcione, ¿por qué algunos pasos? ¿Qué sucederá si Facundo me alcanza antes de llegar, donde tú estés esperando por mí y me obliga a volver?
—Eso no sucederá, la distancia entre usted y él será mucho más amplia, además, con la conmoción del audio se quedará helado —expresa sin vacilación alguna—, y por favor tenga lista su maleta, a primera hora pasaré por ella y la guardaré en el maletero.
Al día siguiente el papá de Facundo pasa por mí a la habitación y al verme se le llenan los ojos de lágrimas.
—Hija, te ves hermosa, sé que tus padres estarían orgullosos de verte, así —me da un beso tan sincero en la mejilla que me entristece saber lo que estoy a punto de hacer frente a todos, pero no por Facundo, sino por don Fausto, él fue un gran amigo de mis padres y le tengo mucho cariño, estuvo a mi lado cuando mis padres fallecieron siendo un gran apoyo.
—Gracias.
Es lo único que pude decirle, ya que siento un nudo en mi garganta que amenaza con hacerme llorar igual que ayer y solo soy capaz de darle un pequeño abrazo.
Cuando llegamos a la iglesia, don Fausto me ayuda a bajar de la limusina y dándome su brazo me encamina hacia lo que hubiese sido mi propia destrucción de no ser por lo que haré en un momento.
Cuento algunos cuantos pasos justo como me dijo Dimitri y me doy cuenta de que tiene razón, para Facundo será imposible alcanzarme, corro como alma que lleva el diablo (que irónico estando dentro de una iglesia pienso eso) y escucho los gritos de Facundo, sin embargo, no entiendo lo que me dice, pero de repente se queda callado y puedo ver de reojo como los invitados que en un principio estaban alterados se quedan de piedra al escuchar la verdad del porqué decidí plantar a esa basura y los murmullos que habían llenado la iglesia se apagaron en cuestión de segundos.
Subo a la limusina y Dimitri arranca sin darle tiempo a reaccionar a los invitados.
—Señorita, ¿a dónde la llevo? —pregunta después de un largo rato mirándome a través del espejo retrovisor.
—A cualquier lugar, ¿arreglaste lo que te pedí? —indago antes de comenzar a llorar nuevamente.
—Sí, el señor Fausto tenía que recibir su carta en cuanto estuviésemos a una distancia considerable. No se preocupe, señorita, conseguí un mensajero.
—Gracias Dimitri.
Ayer por la noche le escribí una carta al papá de Facundo explicándole el motivo de mi huida y sé que ya la recibió porque mi celular no deja de sonar, mientras él intenta comunicarse conmigo. Decido apagarlo, no quiero lidiar con nadie en este momento, no tengo cabeza para nada, lo único que quisiera en este momento es desaparecer para dejar de sentir este dolor inmenso justo a mitad de mi pecho.
Durante gran parte del viaje me quedo mirando por la ventana sin mirar nada en absoluto, y pensando en que hubiera sido de mí si no hubiese escuchado ayer por la tarde la conversación entre esas dos personas que ahora me resultan unos completos extraños.