María Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda. «¡Ya está aquí!» Todo ese tiempo preparándose para este momento, y ahora no estaba segura de poder enfrentarlo. Su estómago se contrajo, y sus manos se aferraron al borde de la mesa para no temblar más. —Gracias, Charlotte... Dame cinco minutos, y lo haces pasar —respondió, su voz sonó firme, pero el nerviosismo traicionaba cada palabra. Colgó el teléfono y cerró los ojos por un segundo. Anthony estaba ahí, a unos pasos de entrar a su despacho. Todo lo que había reprimido durante años estaba a punto de estallar. Respiró hondo, intentando calmarse, pero su corazón seguía desbocado. «Lo perdí una vez... y ahora tengo que enfrentarlo de nuevo», pensó, sintiendo el nudo en su garganta hacerse más fuerte. Sabía que en cualquier momen

