37 | Despedida de soltera Sam cerró los ojos cuando se estampó contra aquel traje n***o. Dio dos pasos atrás, se ajustó las gafas y observó los botones del saco a la altura de sus ojos. Subió la mirada lentamente, notando la tinta de unos tatuajes que sobresalían por la piel del cuello de aquel hombre. Alessandro la observó con un gesto inquisitivo, tratando de descifrar por qué alguien tan pequeña y, a sus ojos, peculiar, salía de la oficina de Michele. Samara pestañeó dos veces ante la imponencia del sujeto. —Lo siento —dijo ella, caminando a un lado de Alessandro sin reparar más en su presencia. Supuso que era un mafioso, uno muy guapo y con una mirada tan azul como el cielo matutino; imaginó que ese edificio estaría infestado de hombres como él. Katherine se alegró cuando Sam

