— Traigan al sanador — pidió Elarimil una vez estuvo en su cama. — Si, su alteza— la mucama salió de prisa en busca del sanador que atendía a la reina. El sanador no tardo en llegar en menos de diez minutos ya estaba atendiendo a la reina que apenas podía lidiar con la noticia del nombramiento de Anne, su llanto no lograba detenerse, fue difícil atenderla en ese momento tan doloroso para ella. — Debe guardar reposo, su alteza, por la seguridad del niño— dijo el sanador una vez la logro tranquilizar—, el rey debería saber de su estado. — No, ya es demasiado tarde para eso, no quiero que lo sepa— respondió la reina— ¿Mis suegros volvieron de su viaje? — Si, su alteza. — Por favor llámenlos, quiero que vengan en cuanto estén libres. Sin poder hacerla cambiar de opinió

