Una oportunidad

1989 Words
Elarimil era una hábil jinete, desde pequeña fue instruida en ello, así que le era fácil avanzar a gran velocidad con la intención de dejar atrás a su esposo que no dejaba de seguirla, sabía que tenían que ir juntos al pueblo, pero estaba molesta, en la corte podía aparentar que no le importaban los comportamientos de su marido, pero en solitario dejaba salir toda su molestia. — ¡Majestad! ¡Va muy rápido! — algunos de los guardias que iban tras ella, se preocuparon por la velocidad que la princesa usaba. No los escucho y continuo con su velocidad hasta que vio cercano el pueblo, fue entonces que finalmente disminuyo poco a poco hasta encontrarse en la entrada principal donde varios pobladores ya la esperaban, siempre la recibían con flores y ovaciones, la amaban profundamente, así como ella amaba a los pobladores. — Su majestad, anhelábamos su regreso — decían en coro. — Estaba ansiosa por visitarlos de nuevo, vengan, tenemos que inaugurar una escuela. Solo volteo cuando noto que su esposo llegaba por igual, los pobladores también lo recibían aunque no de la misma manera que a la princesa, él iba detrás de ella casi siempre en silencio, sonreía y la ayudaba, pero la que hacia todo el trabajo, era Elarimil, no fue la excepción ese día, Keith se mantuvo cerca de ella, escucho los deseos de los pobladores, el príncipe prometió que una vez que su esposa y el tomaran el trono, las cosas serian mucho mejor para ellos, incluso aseguro que una clínica seria construida para ayudar a los mas desvalidos, madres solteras y pobladores en general, se ganó una gran admiración con esas palabras, por primera vez el futuro rey se sintió de verdad un monarca. En un momento dado, Keith se acerco a su esposa, se sentó a su lado en una fuente, todo fue silencio por varios minutos, ella estaba mirando al frente como si no se diera cuenta que estaba junto de ella. — Los cuervos están llegando — comento Keith al ver algunas aves cruzar el cielo. — Me pregunto que noticias llevaran — respondió. — Dijiste una vez, que querías conocer muchos lugares — comenzó a decir el lobo—, deberíamos hacerlo, nunca he ido más allá de este reino, al menos no por mi cuenta…que mejor hacerlo que a tu lado, eres una mujer aventurera, escuche…historias, sobre tus grandes habilidades en aventuras. — Que la mandaras lejos no deshará todo el daño que me has hecho — la princesa seguía mirando al frente—. — Se que no, pero déjame enseñarte que no pasara de nuevo — intento tomar su mano, ella respondió a duras penas. — Pronto serán los torneos del bosque, muero de ganas por ir — se puso en pie al ver un caballo llegar, era Kilyan quien lo montaba. — Elarimil…— la tomo de la mano para que no se fuera—, iremos juntos. — ¿Cuál es tu temor? — volteo a verlo finalmente— ¿Qué te pague con la misma moneda? No tendrías derecho a molestarte por eso. Fue lo ultimo que dijo antes de soltar la mano de su esposo, no de forma brusca porque había algunas personas mirándolos, incluso le sonrió con gentileza a su esposo, Keith se quedó perplejo, era fácil de leer para ella, lo conocía y si, su temor mas grande era que otro hombre poseyera lo que era suyo, algo hipócrita de su parte, lo sabía perfectamente, pero se negaba rotundamente a compartir a su esposa, por ello se levanto y con una calma fingida fue al encuentro con el elfo que beso la mano de la princesa una vez la tuvo frente suyo. — Nos alegra con su presencia — expreso Keith al elfo. — Lamento la demora, majestad— el elfo sonrió a la pareja. — Entendemos que tenia deberes en el castillo — dijo ahora Elarimil. — Por favor, deje que los pobladores los guíen, ellos mejor que nadie pueden enseñarles todas las mejoras que mi esposa ha hecho—, sujeto la mano de la chica, sorpresivamente, ella no se negó—, debe disculparnos, nosotros tenemos que revisar un área para la próxima clínica. — Volveremos en un momento — la princesa sonrió. El elfo no tuvo mas remedio que dejarlos irse, aunque no quería apartarse de la hermosa princesa, no podía interferir tanto porque podría hacer enojar al lobo y lo que menos debía crear eran conflictos entre ellos, era mejor actuar de forma discreta. La joven pareja camino hasta una de las zonas centrales del pequeño pueblo, había lotes vacíos, recientemente habían demolido una vieja casa en pésimas condiciones, inspeccionaron cada rincón del terreno, Keith ayudaba a su esposa a cruzar con mayor facilidad. — Quiero conocer las cascadas de la Luna — dijo de pronto la chica. — ¿Dónde están? — pregunto interesado. — Mi padre me enseño un viejo mapa, están más allá de las montañas de nieve, dice que es difícil llegar a ellas, solo los que son dignos pueden encontrarlas. — Entonces tendremos que buscarlas— Keith sonrió a su esposa—, se que me tomara tiempo, pero estoy decidido a ganarme tu perdón, quiero ser un verdadero rey junto a ti, soy lento e idiota…solo tenme paciencia. — Duerme conmigo…otra vez — respondió la princesa con un ligero color rojo en sus mejillas. El príncipe formo una sincera sonrisa en sus labios cuando escucho la petición de su esposa, se acerco a besarle la mejilla como una especie de respuesta, luego comento a los guardias que ya era tiempo de volver a casa, que su esposa se encontraba agotada por ese día y que además debían prepararse para el torneo del bosque, aseguro que iban a participar juntos, varios se mostraron sorprendidos puesto que no esperaban que la delicada princesa pudiera ser capaz de participar. Los torneos del bosque consistían en una serie de desafíos que ponían a prueba las habilidades de caballeros de todos los reinos, tanto de los altos reinos como de los bajos, los últimos ganadores de dichos juegos habían sido Vlad y Nikolai Morgoth, hermanos mayores de Elarimil, nunca había participado una mujer en los eventos, así que desconcertaba que el príncipe asegurara que su esposa seria una participante mas del evento a su lado, se sabia que eran eventos muy peligros y que algunos incluso habían perdido la vida en ellos. — Su majestad, es muy peligroso — se atrevió a decir uno de los guardias. — Confió en sus habilidades — respondió el príncipe— ahora llévennos al castillo. Esta vez volvieron juntos en el carruaje, Elarimil iba algo pensativa por el comentario del guardia, la miraban como una mujer débil, por su complexión y su estatura era algo a lo que se enfrentaba desde que tenía memoria, sin embargo, sus padres nunca la trataron como un ser inferior, sus hermanos mucho menos, la criaron para saber defenderse por si misma, ella no era una princesa en apuros, jamás se iba a permitir serlo, había entrado hasta cansarse, se convirtió en una dama con las mismas habilidades que tendría un experimentado soldado, pero no veían en ella mas a que mujer que debía cumplir sus deberes estando en el castillo creando herederos al trono. — No dejes que te intimiden— Keith la sacó de sus pensamientos—, tú hermano, Niko, charlo conmigo un poco en los momentos en que dejaba de bailar con mi hermana, me conto sobre lo maravillosa que eres con el arco. — He querido participar antes, pero nunca me lo permitieron— admitió ella con algo de pesar en sus palabras. — Bueno eso está por cambiar — aseguro el lobo. — ¿De verdad harás eso por mí? — pregunto con ilusión la princesa. — Claro que lo hare — beso su frente. Ella sintió un calor en su pecho, quería creer en la calidez de su esposo, pero el temor aun estaba implantado en ella, tenia temor de que esa mujer volviera y todo se fuera abajo, no obstante, decidió no sumirse en los pensamientos negativos, quería disfrutar de los momentos buenos con su esposo en ese instante, de su amabilidad, de su apoyo, la estaba apoyando a participar en un evento donde solo habían participado hombres por miles de siglos, quería demostrar de lo que era capaz. El resto del camino al castillo fueron hablando sobre algunas otras cosas, Elarimil le contaba sobre su hogar natal, donde la nieve no era muy común, pero que cuanto ella nació, los sabios decían que había ocurrido la tormenta de nieve mas fuerte registrada en miles de años. — El significado de mi nombre es “La estrella plateada prometida” han dicho en algunas ocasiones que mi nacimiento es una especie de profecía, pero nunca me han dicho que — contaba a su esposo que la escuchaba atento—, solo pienso que los dioses me quisieron regalar estos ojos. — Son unos ojos preciosos — dijo Keith—, cuando los miro es como si pudiera apreciar unas bellas gemas, me hacen sentir en paz, como si… — ¿Las hubieras visto antes? — Si, exacto ¿Cómo lo sabes? — Cuando era pequeña, soñaba con unos ojos como los tuyos, no recordaba el rostro de quien los portaba, pero si ese dorado intenso, cuando te miré la primera vez, supe que eras tu el hombre de mis sueños, por eso…por eso…no quiero volver a ser herida. — Te prometo que no volveré a herirte, quiero ver a esos hermosos ojos felices — beso sus manos. Llegaron al atardecer, los reyes esperaban por su regreso, tenían noticias para ellos, al bajar del carruaje se toparon con una pareja que caminaba de la mano y se miraban mas tranquilos, se sintieron aliviados, pero sabían, la reina en especial sabia que la princesa durante los meses de su matrimonio había estado ingiriendo bebidas especiales para evitar embarazos, ella pensaba que era por la fragilidad de su matrimonio, respetaba esa decisión, aunque tenia la esperanza que con la partida de Anne del palacio, los jóvenes terminaran de enamorarse para finalmente romper la maldición que los hacia vivir en terror, esperaban con gran ansias el momento en que Elarimil quedara embarazada, lo veían como su gran salvación. — Madre, padre — Keith los saludo alegremente. — Nos agrada tenerlos de vuelta — la reina dio un abrazo a su nuera—, tenemos una agradable noticia. — ¿De que se trata? — pregunto Elarimil. — El príncipe Nikolai Morgoth ha pedido la mano de tu hermana, Leslie— dijo el rey con una amplia sonrisa. — ¡Que gran noticia! — dijeron al unísono los jóvenes. — La boda se celebrará en el reino de los vampiros, viajaremos ahí en una semana. — Me fascina la idea, quiero conocer el lugar de nacimiento de Ela — Keith se mostro bastante emocionado por la noticia. — ¿Por eso llegaron tantos cuervos? — pregunto la princesa a lo que los reyes afirmaron. Elarimil estaba bastante feliz por la noticia, en años su hermano mayor no había mostrado interés alguno en tomar esposa, aunque muchos pensaban que podría comprometerse con una bruja o habían llegado noticias incluso de que se estaban formando una muy pequeña alianza con las hadas, quienes por siglos se mostraron hostiles ante otras criaturas, pero aquello siempre había sonado mas como un rumor, ahora los lazos entre los Morgoth y los Phoenix se agradaba con ese compromiso, al ingresar al palacio encontraron a una Leslie que se miraba inmensamente feliz con su compromiso y presumía de su anillo con todas las damas de la corte, era una preciosa joya, tenía un rubí adornando la base de oro. Por su parte, Keith se sentía feliz por conocer el lugar que vio nacer a su esposa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD