Angélica y mi padre miran a Ilda e Idalia como había hecho Maya. Sin embargo, no fue la única sorpresa que se llevarían. Indra, Ígor e Ian se acercaron al ver que había más personas con nosotros, pero al ver sus miradas sabía que estaban enfadados, pues habían escuchado a sus hermanas decir que me habían intimidado, algo que mis hijos odiaban. —¿Qué sucede, Idalia? En cuanto Ígor habla con su tranquila voz, Maya parecía que estaba por caerse de la sorpresa. —Esas personas están intimidando a mami, a Nani, al abuelo y a nosotras. Uno por uno de mis hijos comenzaron a expresar su enojo como una manera de protegerme de quienes me estaban intimidando, según ellos cinco. —Abuelo, nos iremos primero. Vendremos luego a verte, vamos niños. —Isabella Davies. Me quedo quieta al escuchar la v

