CAPITULO V

1445 Words
Así que aquí estábamos ahora sentadas en las sillas incomodas del salón, miré las paredes color verde con escasa decoración el profesor John de gimnasia ojeaba una revista de deporte con los ojos entrecerrados, volví mi vista al pupitre, ignorando, o por lo menos fingir que lo hacía, evitar chocar mi mirada con la de Luc. Desde que había entrado en la sala no había dejado de fulminarme con la mirada, y eso que había una chica en su regazo dándole la "atención" que quería. Ni si quiera entendía porque el profesor estaba aquí, si no le importaba. Todos estaban haciendo lo que querían. -oye Val, lamento haberte metido en este lio- suspiro con los ojos aguados- entiendo si no quieres ser mi amiga, este ha sido un primer día terrible- una pequeña lágrima rodo por su mejilla. -tranquila- le sonreí- ya era hora de rebelarme un poco- reí, Beth levanto la vista apartando con su mano la lagrima que resbalaba en su mejilla, riendo también y me abrazo. No es como si mis padres se fueran a enterar. ¿los veré hoy? Probablemente no. -Gracias, no sabes lo feliz que me hace escuchar que seguirás siendo mi amiga y como recompensa te comprare un helado, ¡¡el que tú quieras!!- se limpió las lágrimas de nuevo con la manga de su chompa color rosado. Saque mi libro favorito y se lo enseñe a Beth que emocionada me dijo los nombres de todos sus autores favoritos- aunque también la poesía me gusta- suspiro. Al fin alguien que comprendía la belleza de las letras como yo. -¿qué poeta te gusta?- le pregunte emocionada. -Bécquer- abrí los ojos y solté un pequeño grito emocionado, que hizo voltear a una gótica a mi costado dirigiéndome una mirada fría. - él también es mi poeta favorito- susurre mordiendo mi labio inferior intentado contener mi grito de alegría. La siguiente hora nos la pasamos charlando acerca de los poemas que conocíamos de Gustavo hasta que termino la Detención, Beth se fue corriendo diciéndome que tenía que recoger a su hermanito y que nos veríamos mañana porque me compraría mi helado, me dirigí a mi casillero y guardé los libros, la puerta de este se cerró con fuerza y peque un salto de la sorpresa, por la fuerza con la que impacto, hasta tenía una abolladura y sentí una cálida respiración en mi cuello, mi pulso se disparó y trague fuerte. - al parecer alguien tiene que contarme algo- su nariz acaricio mi cuello y mi bello se erizo, me voltee rápidamente con el corazón en la boca me había encerrado, la repulsión cobrando vida por todo mi cuerpo. - la rata de biblioteca, ¿no tiene lengua? - sonrió dejando a la vista una hilera de perlas blancas. Negué con la cabeza buscando desesperada una salida- yo… yo no tengo nada- me odie por responder con voz temblorosa. Pero él estaba demasiado cerca para tocarme y yo estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. Demasiado cerca. -bueno yo creo que entonces tendrás que darme algo a cambio, ¿no crees? Después de todo me enviaron a detención por tu culpa- me miró fijamente mientras se acercaba, me pegué todo lo que pude al casillero. Pude notar como su pálido rostro contrastaba con el cabello n***o que tenía, encarno una ceja esperando una respuesta, cuando vio que no pude formar una frase coherente, acorto aún más la distancia. Yo estaba a punto de gritar de pavor. Paso su nariz por mi mejilla mientras yo apretaba los puños y contenía las ganas enfermas de vomitar. -¿Luc?- gritaron pero lo único que él veía era a mi sin dejar de acortar la distancia. Mire a los lados intentado mirar quien se acercaba- sh…- tomo mi rostro entre sus manos, sus ojos volviéndose a encontrar con los míos- concéntrate en mi- sus ojos adquirieron un brillo, el violeta desapareciendo y dando paso al color de la obsidiana, parpadeé, el violeta seguía ahí. ¿lo imagine? ¿Tan mal estoy? -¿Qué es eso?- desvío su mirada de mis labios a mi muñeca, me di cuenta entonces que mis pulseras se habían bajado mostrando mis casi imperceptibles cicatrices. Retire la mano y la escondí detrás de mi espalda, levante la otra mano y quite su agarre de mi rostro, pase saliva y me arrime hacia un costado intentado escapar de él. -Nada que te importe- gruñí forcejeando, me agarraba la muñeca tan fuerte que sentía que me la iba a romper en cualquier momento. Podía ver como se ponía roja. Sonrió, tiro de sus labios en una pequeña mueca- eso, sí que es interesante. ¿Quién lo diría? Después de tantos años- negó con la cabeza, su cabello n***o se sacudió- tu… Fruncí el ceño sin comprender. -¡Luc!- una animadora se acercó ignorándome por completo- ¿qué haces con ella?- intento separarlo de mi lo cual no impedí, estaba tan pegado a mí que con cada respiración nuestros pechos se tocaban. Agradecí como nunca su presencia, a pesar de que me hacia la vida imposible desde pequeñas, lo agradecí. -Adelántate May, diles a los chicos que luego los alcanzo necesito la tarea de mate y no me voy a ir hasta conseguirla- mintió desviando su mirada unos segundos, sus ojos echaban chispas cuando volvió a mirarme. Traía una falda ajustada y unas botas del mismo color, removió su trenza de su hombro- ok, pero no pierdas mucho tiempo, recuerda que tenemos una fiesta en lo de Mateo, va a inaugurar el nuevo carro de su papa. -sí, sí, adelántate- le contesto sin desviar su mirada de mi rostro. May parecía querer discutir pero al darle Luc una sonrisa marca registrada se fue corriendo no sin antes echarme una mirada de completo desprecio e indiferencia. me aclare la garganta, debía hablar tranquilamente para resolver este mal entendido-Suéltame me estas lastimando- me queje. ¿cómo rayos era posible que un chico tuviera tanta fuerza? Mi mano estaba tornándose morada porque no había circulación, siguió su mirada a mi muñeca y la soltó inmediatamente, se pegó más a mí y apoyo ambas manos a los lados de mi cabeza y me observó detenidamente, sus ojos violetas tenían un brillo rojizo que nunca antes había visto. Por supuesto eso debía ser que me estaba volviendo loca, ¿debería ir a ver a la psicóloga? Esto era acoso escolar e invasión del espacio privado pero, ¿iba a decir algo? No, porque ahora no solo se las verían conmigo sino que a Beth también la involucrarían, lo más probable es que el no dejara pasar esto así de simple. -A-aléjate de mí- tartamudee en voz baja, mi voz era casi inaudible hasta para mis oídos- hablemos acerca de esto, tranquilamente. Ha sido un mal entendido. - ¿Quién puede desperdiciar tanta sangre?- murmuró, lo mire incrédula. ¿Acaso había dicho eso? ¿Le importaba mis cortes? Negué con la cabeza, intentando concentrarme. Esta conversación estaba yendo a ninguna parte. - ¿Que- que has dicho?- murmuré confundida. -Dime porque lo haces- Luc acaricio mis marcas. Aparte casi de inmediato mi mano, evitando que el contacto se propague. Las náuseas y la ansiedad cobrando vida. -No- dije firme, evite mirar sus ojos y me arrime otro poco más. -Dímelo- inclino su rostro intimidándome con su altura. Era demasiado alto, tenía que estirar mi cuello para mirarlo a los ojos. Sentí el enojo reprimido todos estos años de sufrimiento surgir- ¿quieres saber por qué? Enserio no tienes ni una sola idea de ¿por qué lo hago? - asintió apretando la mandíbula- bien pues te lo diré - escupí tomando una bocanada de aire ignorando el ligero roce de nuestros cuerpos- Porque cuando las personas que tu amabas se vuelven tus enigmas, porque cuando el mundo te marca por rara y te hace sufrir te hace llorar y te hace desear morir... Esto es lo único que me libera- dije con lágrimas en los ojos mirándolo con odio- porque cuando la gente como tú que tiene todo y te desprecia, esto es lo único que te queda, porque cuando yo necesitaba un amigo ustedes se encargaron de alejarlos- escupí en su rostro- y por eso los odio a todos ustedes son la peste en persona pero tú- puse un dedo en su pecho- tu eres el rey de la mierda eres un miserable que se regodea en el sufrimiento de los demás - sentí lagrimas calientes bañar mi rosto- ¡por eso lo hago imbécil!- le grite con un sollozo amortiguado- te odio por hacerme esto por hacerme tomar esa estúpida decisión, porque si no hubiera sido por ustedes- lo mire a los ojos- yo... sería feliz- susurre sintiéndome mareada, mi vista tornándose borrosa, los ruidos amortiguados para después desvanecerme, no sentí el suelo llegar sino algo frio y cálido a la vez y por un momento me deje arrastrar por el sin saber lo que vendría después.
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