-mi niña, ¿estás bien? - sentí unas cálidas manos en mi rostro, volteé la mirada y me encontré con la de Luc, escuchaba los sonidos amortiguados pero lo único que veía era a él, su boca con sangre recorriendo su mentón y cuello, la herida profunda había desaparecido por completo y su piel tenía un tono rosado. -recuerda lo que prometiste- asintió mirándome, regresé mi mirada al techo de la habitación y cerré los ojos sumiéndome en la oscuridad. Calor. Eso era lo que la arena debajo de sus pies me producía, una suave y fina caricia, ¿cuánto tiempo había pasado desde mi cautiverio? No tenía ni la menor idea. ¿Días? ¿Semanas? ¿Meses? Había dejado de contar los días desde hacía mucho tiempo. Esa mañana cuando me había despertado, Luc había estado en la habitación, mirándome, observándom

