Fabrizio ya había bajado las maletas de Ivana a la limosina y solo estaba esperando a que ella saliera del hotel, Ivana aprovecho el cambio de guardia y el que la luz se había ido por reparaciones para volver a ir a la bodega de documentos, necesitaba sacar otras fotos de los papeles que encontró y necesitaba también saciar su curiosidad de saber quién era realmente Enzo Marino. Nadie se dio cuenta de que estuvo en el lugar y no había quedado registro en las cámaras de seguridad tampoco, se aseguró de mandar todo a la nube de su cuenta privada para dejar la galería completamente limpia y sin rastro de sus acciones, se despidió de los recepcionista y salió del hotel sintiendo como una brisa calurosa chocaba contra sus mejillas haciéndola cerrar los ojos por unos segundos, al abrirlos vio a Fabrizio recostado sobre un lujoso Rolls Royce Phantom, no era el auto que estaba acostumbrada a ver y le sorprendió un poco porque era demasiado para ella, admiro un poco el auto antes de caminar hacia él.
– ¿Qué paso con el auto anterior? – pregunto Ivana al verlo abrir la puerta de la parte de atrás.
– El señor Marino decidió cambiarlo, se lo dio al señor Rossi para que se transporte y decidió dejar para ti este precioso modelo. – explico Fabrizio algo emocionado.
– No te emociones mucho, es demasiado ostentoso para mi gusto y obviamente no pienso quedármelo. – Ivana sonrió de lado.
La brisa movió un poco su cabello que iba atado en una coleta alta y Fabrizio la ayudo con su cartera mientras hacia una mueca por sus palabras, por un acto involuntario giro su cabeza a la izquierda viendo al hombre del día anterior, estaba de pie en la acera esperando seguramente que le llevaran su auto, era el hombre que tenía el cabello corto y ambos conectaron sus miradas de nuevo, pero esta vez él le dedico una sonrisa que ella correspondió.
– Señorita Alenka, debemos irnos. – dijo Fabrizio viendo que ya era tarde.
– Vamos. – subió a la limosina lamentando no tener tiempo para ir a hablar con él.
– La señorita Ferrero me llamo y dijo que necesitaba hablar con usted, ha intentado comunicarse directamente, pero no le responde o directamente rechaza sus llamados. – comento el hombre una vez iban en marcha.
– Que molesta, como si fuera algo de trabajo que tuviera que decirme. – Ivana gruño acomodando su cartera en el asiento a su lado.
Arreglo el saco de su traje en color marrón oscuro y cruzo una pierna sobre la otra antes de sacar su tableta personal ya que era ahí a donde mando las fotos, los asientos eran realmente cómodos y había suficiente espacio, pero tenía una idea del motivo por el que le cambio el auto, con todo lo que escucho la noche anterior no pudo interpretar eso como nada más que un intento por endulzarla; vio a Fabrizio por unos segundos y se aseguró de que no despegara los ojos de la carretera porque necesitaba revisar a detalle todas las fotografías. Fue pasando las imágenes y leyéndolas con suma atención tratando de descifrar toda la maraña que tenía su jefe, si todo eso saliera a la luz pública la empresa completa se derrumbaría como un castillo de cartas dejando a miles de personas sin empleo y posiblemente la policía comenzaría una investigación con todos los que tenían cargos como el suyo, iba tan concentrada en leer que apenas pudo escuchar el sonido de su celular.
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– ¿Por qué tanta insistencia? – pregunto con voz ronca al responder.
– Quería decirte que nos reunamos para almorzar esta tarde, Mario y yo queremos hablar contigo de unas cosas que son importantes. – dijo Dianina al otro lado.
– Lo siento, pero no puedo, tengo unas cosas que arreglar en mi apartamento y ya tenía planes para almorzar. – respondió Ivana viendo por la ventanilla.
– Ivana por favor, es importante que nos reunamos porque sin ti no vamos a poder lograrlo y tú sabes a lo que me estoy refiriendo. – lo había susurrado como si alguien fuera a escucharla.
– Que mala suerte para ustedes, porque yo aprecio mi salud y mi integridad física. – Ivana también susurro.
– El trabajo es fácil, buscar información que pruebe lo que Enzo hace y nos darán seguridad, además de mucho dinero. – Dianina de verdad se había creído el cuento.
– ¿De verdad piensas que ellos van a meter las manos al fuego por ustedes? cuando el telón caiga ellos se llevaran los aplausos y quedaran los residuos buscando venganza, ustedes pasaran a ser el precio a pagar por un bien mayor. – cerro la pestaña en su computadora y conecto una USB nueva con un adaptador.
– Van a encarcelar a todos, yo solo quiero ayudarte a que no pases esas penurias porque te van a acusar de cosas que no has hecho. – dijo Dianina.
– Me ayudas mas no metiéndome en tus cosas y dile a Mario que piense en su familia antes de en ser héroe... Ah y con respecto a las acusaciones, que bueno que gravo esta llamada. – paso todo a la USB y dejo su tableta limpia.
– ¿Vas a delatarnos? – pregunto con un tono de preocupación.
– ¿Delatar que cosa? yo no sé de qué me estás hablando, creo que estas confundiendo las cosas y no me molestes más con eso de querer que te ayude a engañar a tu novio. – corto la llamada viendo discretamente como Fabrizio le observaba por el retrovisor.
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Las dos horas de viaje se las paso trabajando en las órdenes de compra que tenía pendientes ya que debía llegar al hotel y discutir las cosas con los cocineros pues algunas se salían de lo habitual, se suponía que Enzo no regresaría a Nápoles hasta la siguiente semana porque seguía tendiendo negocios que atender en Roma y por ende solo estarían ellos tres en la empresa o eso pensaba antes de enterarse de que Mario tenía licencia por paternidad.
Al llegar a Nápoles se sintió segura porque estaba en casa, estaba en una ciudad que conocía como la palma de su mano, se despidió de Fabrizio después que este subiera las maletas a su apartamento, estando sola tomo la decisión de aprobar la orden de compra sin interrogar a los cocineros y la envió por correo electrónico al gerente para que la efectuara; se puso ropa cómoda y salió de su apartamento para ir a comer a una pequeña cafetería que no estaba muy lejos de donde vivía. Una ensalada y una botella con agua fue lo único que pidió para su almuerzo y mientras estaba comiendo pensaba en qué hacer con la USB que andaba en su pequeña cartera, sentía como si cargara una bomba que detonaría en cualquier momento de caer en las manos equivocadas.
– ¿Puedo sentarme? – la voz de Sebastián hizo que se atragantara con un pedazo de lechuga.
– Creo que sí. – dijo bebiendo agua para bajar el bocado.
– Pensé que te reunirías con sus amigos esta tarde a organizar el plan para desenmascarar a Enzo. – comento sentándose frente a ella.
– Muy raras veces cambio de opinión señor Bitel. – continúo comiendo.
– Llámame Sebastián...- sonrió de lado – Estas arriesgando mucho por proteger a Enzo ¿No te da miedo terminar encarcelada por cosas que no hiciste? – la vio detener el tenedor a medio camino por unos segundos y después lo llevo a su boca.
– Si Enzo es culpable de algo que la justicia se encargue de comprobarlo, yo no soy una espía y tampoco trabajo para una agencia de inteligencia... soy una mujer que tiene un trabajo como cualquier otra, pago mis impuestos y ayudo a mis padres... – vio a unas personas que pasaban por la acera – Si hay una guerra es algo que no me compete, yo no estoy protegiendo a nadie, me voy a mantener neutral ante todo esto y si ustedes como policías descubren algo será su problema y si a mis compañeros de trabajo les sucede algo, será su problema.- pincho una rodaja de tomate con el tenedor.
– Ernesto quiere acusarte por complicidad y Dianina lo está alentando a que eso ocurra, no están muy contentos con el hecho de que no los ayudes a investigar a Enzo. – Sebastián sí asistió a la junta.
– Que lo prueben... ¿De qué lado está usted? parece que intentara sabotear la investigación diciéndome esas cosas. – junto sus cejas con extrañeza.
– Solo quiero ayudarte y que estés advertida de tener cuidado a la hora de hablar, no le vayas a dar motivos a Dianina para poder acusarte, incluso dijo que los amenazaste. – se encogió de hombros.
– ¿Es broma? – Ivana se sorprendió mucho porque no imagino que fuera capaz de decir eso de ella.
– No, dijo que por la mañana te llamo y que no quisiste responder, cuando lo hiciste ella te invito a comer y tú te negaste, la amenazaste, a ella y a Mario. – la escucho reír.
– Creo que lo más conveniente será alejarme de esa arpía, me voy a ganar la cárcel si sigo con ella, la cárcel o el cementerio, cualquiera de los dos es malo. – puso los ojos en blanco.
– ¿De verdad no vas a cambiar de opinión? – pregunto Sebastián poco confiado de ella.
– En este juego de ajedrez yo soy un simple espectador, la policía contra Enzo... – termino de comer – Cada uno tiene sus peones y los moverán según les convengan, yo no quiero ser un peón más al que están dispuesto a sacrificar, por eso solo seré un observador. – termino el agua de la botella.
– Eres muy lista... – la vio fijamente a los ojos – ¿Puedo hacerte una pregunta personal? – ladeo su cabeza.
– Si lo son... – dejo escapar un suspiro – Es el color natural de mis ojos y no tendría por qué usar lentillas para cambiarlos de color. – supuso que se trataba de eso porque no dejaba de verle los ojos.
– Ya sabía que tenías los iris bicolores, no olvides que investigue un poco de tu pasado, solo quería saber porque lo ocultas con una lentilla, en unas fotos apareces con ojos de color avellana y en otras los tienes naturales. – dijo Sebastián sonriendo.
– Porque hay personas indiscretas que cuando ven a alguien diferente es como si vieran a un fenómeno de circo, porque son bastante claros y resaltan demasiado. – desvió la vista pensando en que era momento de irse.
– Es un lindo color, azul zafiro y el otro color avellana, casi miel. – movió la cabeza buscando verla.
– Me tengo que ir...- arreglo su pequeña cartera cruzada- Espero que no nos volvamos a ver de nuevo. – se puso en pie.
– Yo espero que sí. – dijo el hombre antes de que ella se alejara.
Mientras estaba hablando con Sebastián tomo una decisión sobre qué hacer con la USB y lo más conveniente era guardarla en un casillero, específicamente el casillero que tenía pagado en el gimnasio donde iba a entrenar, estaba segura que sería el último lugar donde cualquiera que la investigara iría a buscar y como no tenía un nombre asignado al casillero ni era algo que usara para guardar sus cosas cada vez que iba, podía fácilmente deslindarse de eso; se aseguró de que no hubiera nadie donde estaban los casilleros y dejo la USB dentro de una cajita de regalo bajo el fondo falso que tenía el pequeño espacio rectangular que en su tiempo uso por temor a que le robaran sus documentos o el dinero, al salir se sintió mucho más ligera y mientras caminaba se puso a pensar en que debía tomar en serio sus propias palabras ya que eso no era su asunto, paso un gran estrés por estar cargando con unas simples imágenes pues sabía que eso podía costarle la vida, la carrera, la seguridad de sus padres y Dios sabe que más.
Caminando por la calle pensó en surtir su nevera ya que con el viaje a Las Vegas se aseguró de no dejar muchas cosas en ella porque se podrían arruinar, pensó también en que era una buena idea tomar un mes de vacaciones y así quitarse de encima a los policías incompetentes que iban tras ella buscando ayuda, no solo se iba a librar de ellos, también lo haría de la víbora ponzoñosa de Dianina que se atrevía a tanto, podría apaciguar los sentimientos de Enzo con respecto a la idea de querer conquistarla. Cuando volvió a su apartamento casi se le detiene el corazón al ver al mismísimo Enzo esperándola el vestíbulo del edificio, el hombre sonrió y se puso en pie de inmediato cuando la vio llegar.
– Deja que te ayude con eso. – le tomo las pesadas bolsas que llevaba en las manos.
– ¿Qué hace aquí? – cuestiono saliendo de su sorpresa.
– Vine a hablar contigo de algo importante ¿Por qué te pusiste tan pálida al verme? – le tomo de la barbilla para verla.
– ¿Viene a despedirme personalmente? – pregunto con un tono de broma, pero con una expresión seria.
– Claro que no preciosa. – Enzo rio, tocándole la punta de la nariz con el índice.
– Bueno, vamos a mi apartamento entonces. – caminaron hacia el elevador ella llevando las bolsas menos pesadas.
No pudo controlar el temblor en sus manos al tocar el botón y sabía que Enzo lo noto, pero fue tan buena persona que no le comento nada, mientras esperaban a que el elevador llegara al piso cinco ambos se mantuvieron en silencio e Ivana trataba de pensar en que podría ser tan importante para hacerlo viajar de Roma a Nápoles en un solo día cuando aún tenía trabajo que hacer, que era tan importante que no pudo decirle por teléfono o solo enviarle un correo electrónico; las puertas se abrieron y Enzo la dejo salir primero, Ivana abrió la puerta de su apartamento y rápidamente para dejar sus bolsas sobre la cocina, corrió hacia él de nuevo y le tomo las bolsas del comprado para dejarlas sobre la barra de desayuno.
– ¿No has ido a ver a tus padres todavía? – pregunto viendo los regalos que él mando sobre la mesa del comedor.
– Aun no, tenía unas cosas que hacer y ya las hice ¿Quiere algo de beber? – pregunto comenzando a guardar las compras.
– Un vaso con agua estaría bien... – se sentó en el taburete – Ivana ¿Recuerdas que una vez te comenté sobre invertir en un restaurante? – tomo el vaso que ella le extendió.
– Si, era algo que lo emocionaba mucho. – siguió sacando las cosas de las bolsas.
– Bueno, Antoni Giuseppe es un empresario que tiene muchos restaurantes, bares y discotecas bajo su apellido, hace poco me propuso hacer negocios. – dijo Enzo.
Las manzanas casi se le caen de las manos cuando escucho el apellido Giuseppe, hace diez años no sabía nada de los hermanos y algo le dijo que Enzo hablaba del mismo Antoni que ella conocía.
– ¿Qué negocio? – pregunto ahora más interesada en saber.
– Ser socios en un nuevo restaurante que piensa abrir en la isla de Sicilia, yo era muy amigo de su padre y ahora quiero hacer negocios con él, posiblemente con su hermano también, los dos mocosos formaron un imperio. – explico Enzo.
– Que bien, me alegro mucho que vaya a invertir en un proyecto así, los restaurantes podrían ser muy viables a corto plazo y más en un lugar tan visitado por turistas como lo es Sicilia. – sonrió sin saber muy bien si era solo por eso que había ido a buscarla.
– Si, pero tengo un gran problema y es que no puedo ir porque tengo viajes de negocios ya programados... – le tomo la mano cuando se acercó a tomar otra bolsa – Quiero que vayas tu como mi representante. – soltó la bomba.
– ¿Que? no... Lo siento, pero no podría representarlo porque no tengo ni idea de cómo se lleva un restaurante, sabe que me muevo en los hoteles solamente. – quería ver a Antoni, pero ir en representación de Enzo era una locura.
– Eres quien más me conoce y estoy seguro que no puedo confiar en nadie más que tú para ese trabajo... si quieres que me ponga de rodillas para convencerte lo puedo hacer. – bajo del taburete.
– ¡No hace falta, iré! – exclamo algo asustada porque no quería verlo hacer eso.
– Ivana, eres un sol... – fue hacia ella y la abrazo de forma efusiva e inesperada para ella – Te prometo que te daré una buena compensación por ser la mejor empleada. – dijo mientras aun la tenía en sus brazos.
– Por cierto, me gustaría tener el antiguo auto. – no se alejó de él porque se sintió cómoda con el abrazo.
– ¿No te gusta la nueva que te asigne? Es una limusina de lujo. – alzo una ceja mientras la veía a los ojos.
– Esta muy bonita, pero es demasiado ostentosa para mi gusto y ya me había acostumbrado a la camioneta Nissan. – arrugo la nariz un poco.
– Esperaba que te gustara, pero si no es así te voy a enviar las imágenes de otros modelos para que escojas la que más te guste. – bajo sus manos a la cintura ajena.
– ¿Cuánto tiempo voy a estar en Sicilia? – pregunto alejándose con discreción y cambiando el tema.
– Unas dos semanas nada más. – comento respetando la distancia que ella puso en esos momentos.
– Creo que necesito vacaciones, puedo estar las dos semanas como su representante y coordinar todo con el señor Giuseppe... ¿Podría tomar dos semanas de vacaciones en la isla? – pregunto esperando que el hombre accediera a darle ese tiempo.
– Claro que sí, te rentare un apartamento para que te quedes un mes entero y te distraigas lo que quieras, conozco uno que esta frente al mar y que es espectacular porque tiene todo cerca. – Enzo sonrió.
– Esta bien, me descuenta la renta de mi paga. – Ivana sonrió aliviada porque podría alejarse de todos por un buen tiempo.
– No digas tontearías, te dije que te merecías unas vacaciones con todo incluido y te las daré, todo corre por mi cuenta. – le tomo la mano y le dio un beso en el dorso.
– No me gusta mucho esa idea. – le vio con algo de recelo.
– Ivana no desconfíes de mí, te doy eso porque te lo mereces, has estado dedicada muchos años a la empresa y no has pedido vacaciones, nunca me has decepcionado y siempre cumples perfectamente con todo lo que te mando, no lo hago esperando algo a cambio. – se vio un poco cabizbajo.
– Lo siento. – se sintió un poco culpable, era su jefe y le tenía aprecio porque a pesar de sus defectos era un buen hombre, con ella al menos y eso pasaba por fuera de lo que recién sabia.
– No te disculpes querida, aunque si quisieras darme algo... – movió el cabello largo hacia atrás y se acercó a su oreja – Me conformaría con un beso en la mejilla. – susurro con una sonrisa burlona.
– ¡Señor Marino! – Ivana alzo la voz y se alejó.
– Estoy bromeando Ivana, no desconfíes de mí, ya te había dicho que soy un caballero y que no voy a forzarte a nada. – dijo mientras se reía un poco.
Ivana también se rio y en esos momentos de verdad que le costaba creer que un hombre como Enzo fuera capaz de hacer algo tan bestial, se veía tan dulce y era tan amable que llego a pensar en confesarle todo lo que estaba pasando para que se defendiera de alguna forma, pero decidió callar pensando también en que era lo mejor para ella porque no todo lo que brilla es oro y los seres humanos siempre cubrían sus verdaderas personalidades con máscaras. Cuando Enzo se fue de su apartamento, Ivana se sentó en el sofá de la sala mientras su vista se quedaba perdida en algún punto de la alfombra rosa que adornaba el piso; diez años habían pasado desde la última vez que vio a los hermanos Giuseppe y seguramente a esas alturas del partido ya no se recordarían de ella, Ivana solo tenía una vieja foto de los tres cuando eran adolescentes apoyada en la mesita de noche junto a su cama y no se podía hacer una idea de cómo se verían ahora que eran hombres adultos, Antoni estaría casi en sus treinta mientras que Jace apenas iría cumpliendo los veintisiete y estaba segura que serían completamente diferentes a los chiquillos que veía en el portarretrato cada mañana al despertar.
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Mientras iban rumbo a casa, Antoni llevaba a Ivana sentada en sus piernas porque iba jugando con su celular y a ella le gustaba ver, además que iban compartiendo una paleta, Jace iba acostado en el asiento frente a ellos jugando también con su celular; la limosina comenzó a disminuir la velocidad hasta que se detuvo y entonces Leo bajo la ventanilla del lado donde iba él, un oficial de policía se inclinó sobre la ventanilla viendo hacia adentro y sonrió cuando sus ojos enfocaron a Ivana ya que iba por ella.
– ¿En qué puedo ayudarlo oficial? – comento Leo con una sonrisa.
– Recibimos una llamada diciendo que había secuestrado a una niña del colegio señor Giuseppe. – respondió el hombre y Leo soltó una carcajada.
– Como puede ver solo van mis dos hijos y mi sobrina consentida. – dijo mientras los veía.
– La profesora Magdalena Rossi fue quien hizo la llamada, dijo muchas cosas de usted y ninguna de ellas fue muy grata, creo que iremos a buscarla por hacer acusaciones falsas contra usted señor Giuseppe. – el policía le dio unos golpecitos al auto con la mano.
– Deja las cosas así y solo consígueme su dirección, esta tarde iré a tener una conversación muy seria con ella. – dijo Leo subiendo el vidrio.
– ¿Vas a hablar con ella? – pregunto Antoni.
– Si, no me gusta que las personas hablen mal de mí y voy a ir a aclarar algunas cosas con ella, además trato muy feo a Jace y tu madre no va a estar muy contenta cuando se entere de lo que hizo. – paso la mano por el cabello de su hijo menor.
Ivana le dio la tarjeta que había hecho para él y estaba feliz de verla en la pizarra de los recuerdos junto a las tarjetas de los otros dos, esa tarde no hubo clases extra y cuando terminaron de hacer sus tareas se dedicaron a correr por todo el jardín como caballos desbocados. Al siguiente día la profesora de Ivana no llego a dar las clases y despacharon a todo el segundo grado, aunque ella tuvo que quedarse en el salón de Antoni porque nadie conocido podía irla a recoger ya que tenían muchos pendientes en casa.