Bar. 2

4724 Words
Ivana se mantuvo en silencio por todo el camino de vuelta al hotel, al menos esta vez iba bien sentada en el asiento del copiloto y llevaba su cartera en las piernas, iba pensando en lo que había escuchado y visto en aquella carpeta, podía ser verdad o podía ser mentira, pero su mente iba atando algunos cabos que antes no le había dado nada de importancia, encajando algunas piezas que antes le parecían simples cosas absurdas que ocurrían en su día a día en una oficina movida, pero ahora tomaban un semblante turbio en toda la ecuación, sintió el auto detenerse y cuando alzo la vista se dio cuenta de que acaban de llegar al hotel. – Señorita Alenka... – la llamo el hombre – Debería pensar en lo que le dijo Olivia, usted y sus dos compañeros son nuestra única entrada para detenerlo, Enzo ha causado muchas pérdidas inocentes y hace sufrir a muchas personas. – dijo mientras la veía. – Discúlpeme señor, pero si las cosas salen mal ustedes no salvaran nuestras vidas, no nos están ofreciendo protección y nada que valga la pena para aceptar el riesgo, por dinero no venderé la seguridad de mi familia. – Ivana lo vio también. – Mi nombre es Sebastián... Sebastián Bitel y comprendo su punto, pero Enzo jamás sospecharía de las personas que tiene cerca porque confía demasiado en ustedes, en usted específicamente. – saco una pequeña libreta para anotar algo. – Lo siento, pero yo no tengo las entrañas suficientes para jugar al agente secreto y si de verdad van a acusarme de algo, háganlo... mi récord está limpio y me importa un carajo porque sé que voy a salir impune de todo. – soltó el cinturón de seguridad pensando en bajar de una vez por todas. – Ernesto solo estaba buscando tentarte, creo que lo enojaste con el golpe que le diste, es la primera vez que una mujer le pega en los bajos... – comento sonriendo – Este es mi número y mi correo personales, cualquier cosa, por muy pequeña que sea nos puede ayudar, todo será anónimo. – extendió la página hacia ella. – Prefiero no saber nada. – Ivana bajo del auto y cerró la puerta sin tomar el papel. Casi que corrió para entrar en el hotel y fue directamente a la sala de seguridad desde donde se administraban las cámaras de todo el lugar, no era muy común verla en aquel sitio pero tampoco le resultó extraño a los guardias de seguridad ya que la vieron ir directo a la bodega del fondo donde se guardaban algunos proyectos y demás documentos que le podrían competer a ella, Ivana necesitaba saciar la curiosidad que había despertado de saber quién realmente era su jefe y sabía que en ese cuarto Enzo mandaba a guardar muchos papeles importantes, la gran mayoría desconocidos para ella, por suerte tenía la llave maestra para todo el hotel. Encendió la luz y cerró la puerta con seguro para evitar que alguien entrara mientras investigaba, se aseguró de que no hubiera cámaras grabando y entonces saco su celular para quitarle el modo avión porque algo le dijo que Enzo la llamaría en pocos minutos. Con tantas cajas por todos lados acomodadas en repisas de metal no sabía muy bien por donde comenzar, se quedó de pie en medio de la habitación pensando cual de todas las cajas revisar primero y pensó en dejar las que tenían polvo en las tapas porque seguramente dejaría los dedos marcados en ellas, debía comenzar por las que se veían más usadas y sin tanto polvo por encima. Comenzó con las cajas que estaban al frente del lado izquierdo y al levantar la tapa de la primera caja escucho su celular sonar, vio que era Dianina quien estaba llamándola y lo dejo que sonara porque tenía mejores cosas que hacer que escuchar su chillona voz; los primeros cartapacios no tenían nada más que ordenes de compras para el restaurante de ese hotel, las siguientes las ordenes mensuales para los productos de aseo que se daban, cuando iba a revisar la cuarta caja escucho su celular sonar de nuevo y vio el nombre que estaba esperando ver desde que entro al cuarto. ______________________________________________________________ – Buenas noches señor Marino. – respondió lo más calmada que podía. – Buenas noches Ivana ¿Aun no has llegado al hotel? – pregunto como si nada. – Si, acabo de llegar y vine a la bodega de documentos a buscar unos papeles. – detuvo el celular con su hombro mientras revisaba otro cartapacio. – ¿Qué estás buscando? – pareció extrañado. – Por una estupidez borre las órdenes de compra que tenía ya hechas en mi laptop para el restaurante del hotel en Nápoles y la otra vez dijo que enviaría esas cajas con la información aquí. – había pensado en que excusa dar desde que entro. – Deben ser de las primeras cajas en el estante superior de la derecha porque hace poco las han llevado ¿No recuerdas todo lo que se pide? – pregunto Enzo. – Recuerdo algunas cosas, no todo... Pensaba refrescarme la memoria leyendo las ordenes anteriores, mañana se supone que debía hablar con los gerentes para aprobar las compras. – levanto la tapa de la quinta caja y sintió un vuelco en el estómago al ver el primer cartapacio que saco. – Si quieres te puedo mandar esas órdenes, creo que Mario tiene alguna copia en el correo para que no te mates buscando. – ella sonrió al escucharlo decir eso. – No se preocupe, acabo de encontrar la carpeta del mes pasado ¿Hay algún problema si me quedo con ella? para no volver a bajar y eso. – vio la carpeta de la que hablaban que hace rato la tenía afuera. – Claro, quédate con ella y cuando vuelvas a Nápoles se la entregas al gerente para que la vuelva a enviar. – lo engaño con mucha facilidad. – Okey, gracias. – siguió revisando lo que tenía en las manos. – Procura descansar Ivana, mañana te espera un largo camino de vuelta a Nápoles. – comento Enzo antes de colgar. ____________________________________________________________ No iba a negar que casi se le sale el corazón por la boca cuando encontró lo que estaba buscando, estaba lleno de fotografías y documentos que tenían relevancia con lo que Olivia dijo, sin duda, algunas cosas seguían manteniéndose en papel porque eran mucho más fáciles a la hora de hacer una depuración porque el fuego no dejaba rastro de nada y tampoco se podía recuperar, encontró también las rutas que los camiones de distribución de aquellas ordenes llevaban y al sacar otro cartapacio se encontró con lo mismo, millones de dólares distribuidos en diferentes paraísos fiscales al rededor del mundo y todas esas ganancias provenían de la venta de personas como si fueran simple ganado; mientras estaba escarbando entre los papeles se dio cuenta de que Enzo les vendía armas a rebeldes y criminales callejeros, también tenía alianzas con miembros de la inteligencia italiana, hacían tratos bajo la mesa y por alguna extraña razón Ivana comenzó a pensar en Sebastián, algo le decía que no era conveniente confiar en ese hombre y en su colega Ernesto mucho menos. Escucho el pomo de la puerta se movido y después dos golpes fuertes a la madera, guardo todo tal cual lo había encontrado y limpio con un pañuelo las tapas de las cajas donde estaban los documentos peligrosos, por suerte no tenían polvo y solo estaba eliminando sus huellas, tomo el cartapacio y camino hacia la puerta como si nada, al abrirla encontró a uno de los guardias de seguridad. – ¿Pasa algo? – pregunto aun haciéndose la confundida. – Estuvo mucho tiempo aquí adentro. – el hombre asomo la cabeza y vio hacia todos lados. – Estaba buscando algo del mes pasado, cuando lo encontré me quedé leyéndola porque buscaba unas cosas importantes. – se encogió de hombros antes de apagar la luz y salir. – Ya es muy tarde para que ande por estos lugares, debería estar descansando en su habitación. – el guardia la vio cerrar con llave. – Tenía permiso del señor Marino de estar aquí, pero ya tengo lo que vine a buscar. – comenzó a caminar para irse. – ¿Qué seria eso? – el hombre la vio con desconfianza. – El folder que llevo bajo mi brazo. – Ivana lo dijo con obviedad. – ¿No se lleva nada más? – el hombre cambio su tono de voz serio a uno amenazante. – Ese cuarto es solo para papeles ¿Piensas que se guarda dinero? además ustedes no tienen las llaves de ahí y yo puedo entrar cuando se me dé la gana. – deberían darle un premio Oscar a mejor actriz. – Ahí se guardan papeles importantes, déjeme revisar su celular. – intento quitarle la cartera. – ¡Oye que te pasa! – alzo la voz mientras lo empujaba – ¡Te recuerdo que yo estoy por debajo del señor Marino y por encima de ti, no tienes autoridad para darme órdenes y mucho menos tocarme! – siguió alzando la voz, era muy buena para hacer drama. Todas las fotos que tomo las envió directo a la nube de una tercera cuenta que tenía y se aseguró de que nada se quedara en el celular por si algo así llegaba a pasar, el guardia de seguridad intento quitarle la cartera de nuevo y justo en ese momento entro Enzo siendo testigo de lo que pasaba, por la expresión que tomo su rostro fue muy evidente de que se molestó. – ¿Se puede saber qué haces? – pregunto con una voz molesta. – Piensa que me he robado algo del cuarto. – comento Ivana manteniendo su papel de víctima. – Estuvo mucho tiempo metida en ese cuarto señor, no me quiere dar su celular para que lo revise. – dijo el de seguridad. – No tengo porque darte mi celular aun si le hubiera tomado fotos a alguna orden de compra para el hotel. – retrocedió al ver que el hombre la iba a agarra de nuevo. – ¡No te atrevas a ponerle una mano encima! – sentencio Enzo con una voz tan profunda que hasta ella se espantó – Ivana tenía mi permiso para estar ahí adentro, ella misma me dijo que era lo que andaba buscando y será mejor que vuelvas a tu puesto o te daré de baja, tampoco vuelvas a acercarte a ella. – lo amenazo con la mirada. Tomo a Ivana por la cintura y la llevo afuera antes que los ánimos se caldearan mucho más, las últimas palabras de Enzo ella las interpreto como que le iba a dar de baja literalmente, ósea, que le iba a asesinar si no dejaba de hablar porque era muy sospechosa la actitud tomada por el guardia de seguridad. – ¿Qué custodian en ese cuarto? – pregunto Ivana mientras caminaban hacia el elevador. – Sabes que solo son papeles de los hoteles, no sé qué demonios le pasa que se siente el señor de todos, ya recibí varias quejas directas por eso. – Enzo rodo los ojos. – Si no fuera la única que tiene las llaves juraría que ese tipo ha guardado algo ahí, algo muy malo. –Ivana negó con la cabeza. - ¿Te hizo algún daño? – pregunto manteniéndola sujeta de la cintura. – No, estoy bien, solo intento arrebatarme la cartera de las manos. – Ivana entro al elevador cuando las puertas se abrieron. – Estoy pensando seriamente en despedirlo. – él también entro. – No sería mala idea. – no vio nada extraño que el hombre la siguiera, él también tenía una habitación en el último piso del hotel. – El gerente me dijo que pediste que te cambiaran de habitación ¿Paso algo? – la vio cuidadosamente. – Los chismes vuelan... – Ivana sonrió – Me topé con una mujer después de que habláramos, me dijo que la acompañara a cenar y que necesitaba hacerme una propuesta, creí que era alguna espía corporativa o algo así... la loca subió y deslizo una tarjeta bajo la puerta de mi habitación. – ni de niña había dicho tantas mentiras que aprendió muy bien de sus fallos. – Que extraño, debiste haberla reportado a seguridad. – las puertas se abrieron y ella salió primero. – ¿Para qué? no me hizo nada y solo deslizo una tarjeta bajo la puerta. – abrió la puerta de su habitación y entro seguida del hombre. – ¿Qué tal te fue en el bar? – la vio dejar el cartapacio amarillo con la cartera sobre la cama y el celular sobre la cómoda. – Bien, aunque me fui más temprano de lo que había pensado porque un tipo se puso pesadito. – Ivana estaba muy tranquila y fue al baño por toallas húmedas para quitarse el maquillaje. Mientras ella estaba hablando desde el baño Enzo se acercó a la cómoda para tomar el celular de Ivana y sabía cuál era su contraseña, aunque al primer intento la puso mal, con el segundo pudo desbloquearlo y fue directo a la galería de fotos, mientras la estaba revisando Ivana salió del baño y su sorpresa fue evidente porque no debía tenerlo en sus manos. – Dianina te estaba llamando y tienes el móvil en vibrador. – dijo Enzo muy tranquilo. – Me ha estado llamando hace rato, no he querido responder porque imagino que no debe ser para nada relacionado al trabajo porque era de su número personal. – todos sabían que ella tenía dos celulares. – ¿Vas a volver mañana a Nápoles? – cambio el tema viéndola quitarse los zapatos. – Si, a más tardar saldré del hotel a las diez, mañana temprano voy a llamar a Fabrizio para decirle. – fue al espejo de la habitación para asegurarse de que no tenía rastros de maquillaje. – Me llamas cuando salgas y cuando llegues a casa, te dejare en recepción un par de regalos para tus padres, aunque preferiría que te mudaras a Roma, estarías a cargo de este hotel y quizás te suba el sueldo un cinco por ciento más. – Enzo se acercó a ella por la espalda e Ivana lo vio por el espejo. – Me gusta Roma, pero me gusta más vivir en Nápoles... ¿Por qué se ve tan extraño? – alzo una ceja intrigada porque nunca se había acercado tanto a ella, al menos no estando a solas. – ¿Por qué preguntas? – dio un paso más al frente, casi rozaba su pecho con la espalda de ella. – Es que lo noto extraño, nervioso, como si quisiera decirme algo... ¿Qué pasa? – junto sus cejas. – Pasan muchas cosas la verdad...- Enzo la cogió de los brazos con suavidad – Te ves como una diosa con ese vestido y... cuando te vi me pusiste a pensar en el cariño especial que te tengo, que te he tomado en todo este tiempo trabajando juntos y que se hace más incontrolable con el paso del tiempo. – termino de acortar la milimétrica distancia que los separaba. – Señor Marino... – Ivana se alejó con rapidez – Disculpe, soy una mal pensada y no quiero mal interpretar esto porque estaría muy mal por mi parte, creo que ya es muy noche. – se rasco la nuca ya nerviosa. – Yo pensé que había sido claro con mis palabras. – se acercó y le tomo las manos. – Perdón, pero creo que está perdiendo el norte... – se volvió a alejar – Usted es mi jefe y yo soy una de sus colaboradores principales, hay una gran barrera entre nosotros y eso incluye todos los niveles. – no esperaba que nada de eso pasara, aunque lo haya imaginado unas cuantas veces, lo pensaba en broma, se puso muy nerviosa porque no tenía el control del momento y no estaba segura de por dónde iba todo eso. – ¿Por qué no puedes ignorarlas como las ignoras cuando coqueteas con extraños en los viajes? – la había visto en un par de ocasiones durante los eventos a los que asistían. – Ninguno de ellos volvería a atravesarse en mi camino de nuevo, por ética se mantiene una distancia con los compañeros de trabajo y mucho más con los jefes. – respiro profundo tratando de tomar el control de alguna manera. – Por eso rechazaste tantas veces a Mario... – ella desvió la vista unos segundos – Quiero que me respondas una pregunta y que seas completamente honesta con tu respuesta, Ivana ¿Yo te gusto? – pensó en ser más directo con ella. – Señor Marino, ya es muy tarde y cuando el sol salga no me querré levantar. – desvió la vista de nuevo aún más nerviosa. – No te forzare a decirlo, aunque tus gestos fueron suficientes... – se acercó y la tomo de la barbilla – Sentía que me estaba ahogando manteniendo eso en secreto, seis años creo que es suficiente tiempo para que algo involuntario nazca y yo también tengo mi política de no enamorar a mis empleadas o socias, pero te juro que no pude frenar nada, por más que lo intente y termine cautivado de ti. – con esas palabras Ivana sentía que la cabeza le estaba dando vueltas. – ¿Qué pasara con mi trabajo si digo que no? – pregunto preocupada porque iba a rechazarlo, pasara lo que pasara, le gustaba, pero no era tanto como para meterse en esos temas. – No te voy a despedir porque me des un no por respuesta, soy un caballero y un hombre maduro, se lidiar con esas cosas... – le acaricio el mentón – Pero te pido que al menos me dejes intentarlo, que no vayas a rechazar mis detalles por favor, ya no puedo seguir ocultando las cosas y quisiera que me dieras la oportunidad de ganarme ese lindo corazón que tienes. – le dedico una sonrisa dulce y llena de ilusión. – Necesito descansar, mañana tengo un largo viaje que hacer. – Ivana bajo la cabeza un poco y sintió una suave caricia en su mejilla. – Esta bien, creo que ya te incomodé demasiado... – le dio un beso en el dorso de la mano derecha – Descansa y espero que tengas un buen viaje mañana, escríbeme cuando llegues a tu apartamento, sabes que me preocupo por tu seguridad. – la vio sonreír de lado. – Pase buenas noches señor Marino. – susurro alejándose un poco de él. – Buenas noches, preciosa Ivana. – fue retrocediendo hacia la puerta y salió no sin antes dedicarle la última sonrisa dulce Se quedó sola en la habitación y con la vista fija en la puerta, menudo lio que había sido su día y quiso pensar que las palabras de Enzo solo habían sido una treta para enredarla buscando sacar algún tipo de información, en ocasiones Ivana era un poco paranoica; se sentó en la cama y reviso su celular viendo la foto de Enzo cuando puso mal su contraseña, no estaba tan equivocada sobre que estuvo buscando algo; su celular tenía una herramienta que tomaba una foto a la persona que intentaba entrar a su celular sin conocer la contraseña y entonces pensó que debía ser cuidadosa con lo que estaba haciendo si quería seguir investigando, aunque también debía pensar en no meterse en cosas que no eran de su incumbencia. Si Enzo realmente tenia sentimientos sinceros por ella y si le llegaba a permitir algún acercamiento, lo que menos le convenía era saber más de la cuenta. ********************************************************************************** Ivana llevaba dos años conviviendo con la familia Giuseppe, ese tiempo la hicieron tomarles el mismo amor que les tenia a sus padres; ese día se celebraba el día del padre y por eso Ivana estaba preparando dos tarjetas de felicitación, una era para su padre Nicolai y otra se la iba a regalar a Leonardo porque para ella ambos eran sus padres, lo aseguraba frente a todos sus compañeros; termino de cortar el papel con las tijeras decorativas y las puso a un lado de la mesa mientras sus otros compañeros ya iban más adelantados que ella, corto el papel blanco y con mucho cuidado lo centro dentro de la tarjeta, era tan cuidadosa y dedicada cada vez que hacia algo porque le encantaba que las cosas salieran bien. – ¿Por qué haces dos tarjetas? – la maestra se acercó al verla afanada trabajando por dos y es que era una suplente que había llegado hace poco, no conocía la historia de Ivana y tampoco se había tomado el tiempo para hacerlo. – Porque tengo dos papás y le voy a dar una tarjeta a cada uno. – Ivana no levanto la vista ya que estaba decorando sus tarjetas con la brillantina. – ¿Y tienes mamá? – se agacho para verla trabajar. – Si, dos... Si no tuviera mamá no hubiera nacido nunca. – a Ivana no le agradaba la nueva maestra, era muy entrometida con todos y extremadamente religiosa. – ¿Cómo se llaman? – pregunto viendo que estaba dibujando. – Mis primeros padres se llaman Nicolai y Mónica, los otros se llaman Leonardo y Nanava... tengo dos hermanos mayores. – con ocho años ya sabía distinguir las cosas, pero le encantaba decir que tenía dos familias porque le divertía ver las caras de confusión. Todos en el colegio sabían que Antoni y Jace eran hermanos de Ivana, también sabían que si se metían con uno era para traer problemas con los otros dos porque se cuidaban las espaladas, por suerte el timbre sonó y la maestra se alejó de ella para sacar a los que ya habían terminado, las amigas de Ivana se despidieron de ella ya que se tenía que quedar para terminar las tarjetas o en casa no las iba a poder terminar porque se le iba a olvidar, después de un buen rato donde solo quedaba ella trabajando, vio a Jace asomar la cabeza por la puerta, siempre pasaba buscándola cuando él iba hacia la salida. – ¿Qué haces enana? – pregunto entrando. – Termino las tarjetas para papá Nico y papá Leo. – dijo terminando de colorear los corazones que le había dibujado. – Te quedaron bonitas. – comento Jace viendo la que ya estaba terminada. – Gracias ¿Tu qué hiciste? – escribió el nombre de Leonardo en la portada de la tarjeta. – Una corbata con una frase en honor al día del padre que la maestra imprimió. – se quitó la mochila y la saco. – Esta bonita también, la va a colgar en el mural junto a las demás cosas que le hemos regalado ¿Qué habrá hecho Antoni? – comenzó a guardar sus cosas pues había terminado. – Creo que también hicieron tarjetas. – Jace la ayudo a guardar sus cosas. – Disculpa ¿Quién eres tú? – la maestra entro y los vio solos – ¿No sabes que no puedes entrar a salones desconocidos a hablar con las niñas? – tenía una expresión molesta. – No es una desconocida, es mi hermana. – dijo Jace volviendo su atención a Ivana. – Ivana es hija única, voy a tener que levantar un reporte contra ti por estar acosando a las niñas de mi salón. – se acercó a ellos con intención de sacarlo por la fuerza. – ¿Pasa algo profesora? – pregunto Leo de pie bajo el marco de la puerta. – ¿Le puedo ayudar en algo? – lo barrio con la mirada de pies a cabeza. – Vine por mi princesa Ivana y campeón Jace... – comento el hombre viendo a la profesora – Vamos niños, hay que irnos a casa. – los vio con una sonrisa. Ivana se iba a levantar de su asiento, pero la mano de la profesora sobre su hombro derecho la volvió a sentar con brusquedad, levanto la cabeza viendo a la mujer y después vio al hombre quien junto sus cejas con molestia ante la acción. – Yo tuve la oportunidad de conocer a los padres de la pequeña y me gustaría que viniera la señora Mónica porque quiero hablar con ella. – dijo la profesora sin soltarla. – Me llamo Leonardo Giuseppe y estoy en la lista de las personas que pueden sacar a Ivana del colegio, por favor suéltela o se nos hará tarde para el almuerzo. – mantuvo la calma, aunque estaba evidentemente molesto por la actitud de la profesora. – La voy a llamar para que venga por su hija, ella no se va con usted... si este es su hijo, lléveselo, pero la niña no. – empujo a Jace sin discreción. – Yo no me quedo con usted vieja loca. – Ivana se deslizo bajo la mesa y salió del aula corriendo junto a Jace Leo vio a la mujer de una forma bastante intimidante y salió tras ambos niños que lo estaban esperando afuera, ya tenía dos y le faltaba uno; Antoni estaba en la etapa de la pre-adolescencia y le gustaba pasar más tiempo con sus amigos que en casa, pero había algo que le causaba mucha gracia al hombre y es que Ivana tenía más poder sobre sus dos hijos que él mismo. – Princesa, ve por Antoni que está en el jardín interior, ya le hablé y no me hizo caso. – Leo le tomo la mochila rosa de unicornios. La vio correr de nuevo hacia adentro para buscarlo, cuando Leo entro al colegio le dijo que fuera al auto porque recogería a los pequeños y después se irían, sin embargo, Antoni no hizo caso; Ivana paso entre unos chicos grandes y lo vio sentado en la mesa tonteando con sus amigos de costumbre, un par de amigas que no veía muy seguido con ese grupito, cuando Antoni la vio se le borro la sonrisa del rostro porque si Ivana fue por él era porque su padre lo iba a regañar. – Mira, tu novia te vino a buscar. – comento un chico del grupo que no era amigo cercano de Antoni. – ¡Cállate! – Antoni tomo su mochila y bajo de la mesa de donde estaba sentado. – Nos están esperando, papá te dijo que fueras al auto y no hiciste caso. – dijo Ivana acercándose un poco más. – Que rara eres niña... – dijo una de las chicas – Te pareces a mi perro con los ojos así, solo que él es más bonito... Antoni no se te vaya a pegar esa enfermedad tan rara. – se rio junto las dos chicas que la acompañaban. – Compadezco a tu perro, debe ser difícil para el tener a una dueña tan idiota e ignorante como tú. – Ivana no era quien aparentaba ser. – Te recomiendo que pienses mas en leer y menos en querer ser mi novia, los ojos de Ivana son de diferente color porque es un tipo de mutación por la falta de melanina de los iris, no son por una enfermedad contagiosa. – Antoni le tomo la mano. – Y su condición se llama heterocromía, es tan rara en personas que eso la hace una niña muy especial y no una básica. – dijo el mejor amigo del chico. – ¿Quién no quisiera ser tan único como ella? – cuestiono el otro amigo. – Es un fenómeno. – una de las chicas se cruzó de brazos. – Es mejor ser un fenómeno que una idiota ignorante y más les vale que no se vuelvan a meter con mi hermana. – Antoni se molestó mucho con las chicas. Antoni tenía cuatro mejores amigos con los que más tiempo pasaba y los cuatro también se llevaban muy bien con sus dos hermanos, con Ivana más que todo porque era muy amable con ellos y siempre les estaba compartiendo de sus gomitas; dejaron al grupito de chicas con el primer chico que hablo cuando llego la pequeña, se despidieron de todos y ambos fueron al estacionamiento donde los estaba esperando Leo con los brazos cruzados, el hombre le dedico una mirada retadora a su hijo mayor por desobedecer sus órdenes y este solo se encogió de hombros antes de subir a la limosina.
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