Amanda permanecía acostada en el suelo, no se oía más disparos pero no estaba dispuesta a ponerse en pie y recibir una bala. No cuando la vida de unos pequeños corrían peligro, necesitaba estar sana para defenderlas. Levantó un poco la cabeza y no vio nada, dentro de la casa salía muchísimo humo. —¡Oh mi3rda! Se está incendiando. Se puso en pie inmediatamente, la maldita casa se estaba quemando. Corrió hasta el interior metiéndose por la cocina, abrió la puerta del piso y sin previo aviso una bala rozo la mejilla de Amanda quien exclamó del dolor cubriéndose la zona afectada. Solo fue un simple roce, nada de lo que pudiera preocuparse, pero aun así le ardía como el infierno. —¡Amanda! ¡Dios! Micela salió del hueco para prestarle ayuda —No sabía que eras tú, como lo siento. —Está bien…

