Ecos Silenciosos
El viento frío de la mañana envolvía el campus de la universidad. Las hojas caían suavemente de los árboles, mientras los estudiantes caminaban de un lado a otro, envueltos en sus propias preocupaciones. Clara caminaba con Valeria, tratando de disimular el nudo que sentía en el estómago. A pesar de los intentos de Valeria por mantenerla distraída, había algo en el ambiente que la inquietaba, algo que no podía ignorar.
Desde lo sucedido en el banco, Clara se había sentido extraña. Su mente revivía constantemente aquel momento en que se había sostenido sin el bastón, bailando al ritmo de Michael Jackson. Era como si una chispa se hubiera encendido dentro de ella, recordándole que, a pesar de todo, aún había fuerza en su interior. Pero esa chispa, en lugar de hacerla sentir mejor, la había llenado de una sensación de vacío. Como si ese pequeño destello de esperanza hubiera dejado en evidencia todo lo que aún estaba roto.
Valeria lo notaba. Desde hacía días, su amiga estaba más callada, más introspectiva. Sabía que parte de eso tenía que ver con Adrián. Aunque Clara no lo mencionara, sus miradas decían más de lo que las palabras podían.
—¿Estás bien? —le preguntó Valeria, rompiendo el silencio mientras caminaban hacia la cafetería del campus.
Clara la miró y trató de esbozar una sonrisa, pero sus ojos la delataban.
—Sí... estoy bien —murmuró, sin mucha convicción.
Antes de que Valeria pudiera decir algo más, lo vio. Adrián estaba sentado en una de las mesas al aire libre, con Carolina a su lado. Aunque parecía estar prestando atención a lo que ella decía, sus ojos estaban fijos en Clara. Valeria frunció el ceño, notando la tensión en la mandíbula de Adrián y cómo intentaba disimular su mirada.
—Ignóralo —susurró Valeria, entre dientes—. No merece tu atención ahora.
Clara asintió, aunque sabía que era más fácil decirlo que hacerlo. El corazón le latía rápido, sintiendo el peso de la presencia de Adrián incluso a la distancia. Se sentaron en una mesa cercana, y Valeria, siempre decidida a levantar el ánimo de su amiga, sacó su teléfono.
—Vamos, chica peligrosa. Es hora de movernos un poco. —Con una sonrisa pícara, Valeria puso otra canción de Michael Jackson, esta vez "Smooth Criminal".
Clara no pudo evitar soltar una pequeña risa al escuchar los primeros acordes. Aunque su ánimo no estaba en su mejor momento, la energía de la canción comenzaba a infiltrarse en ella. Valeria, por supuesto, no perdió tiempo y se levantó de la mesa, moviéndose al ritmo de la música, incitando a Clara a unirse.
—¡Vamos, Clara! No puedes dejar que este día te venza —le dijo, imitando algunos de los pasos icónicos del videoclip.
Clara sonrió un poco más, sintiendo cómo, poco a poco, la música aliviaba la tensión en su pecho. Valeria siempre tenía esa habilidad. A pesar de todo, siempre sabía cómo hacerla sentir mejor, aunque fuera por un momento.
Desde su mesa, Adrián observaba en silencio. Ver a Clara reír, moverse con esa naturalidad, lo llenaba de una mezcla de emociones que no sabía cómo manejar. La imagen de ella bailando aquel día seguía grabada en su mente, y ahora, verla de nuevo tan viva, lo desarmaba por completo. Sin darse cuenta, apretó el puño, luchando contra el impulso de acercarse.
—Adrián, ¿me estás escuchando? —preguntó Carolina, molesta por su falta de atención.
Él desvió la mirada rápidamente, tratando de concentrarse en lo que ella decía, pero era inútil. Sus pensamientos seguían volviendo a Clara una y otra vez, como si una parte de él no pudiera soltarse de ese pasado que compartían.
De vuelta en la mesa de Clara, la situación había tomado un giro inesperado. Valeria, como siempre, se había tomado la libertad de hacer un pequeño espectáculo, arrastrando a Clara a moverse más y más al ritmo de la canción. Y, en un momento dado, sucedió de nuevo. Clara se levantó de la silla, olvidando completamente su bastón, y comenzó a moverse, dejándose llevar por la música.
Valeria se quedó boquiabierta, deteniéndose un momento para observar a su amiga. Clara, sin darse cuenta, estaba sosteniéndose sola, moviéndose con una gracia que no había mostrado en mucho tiempo. Valeria, emocionada, aplaudió.
—¡Eso es! ¡Eres increíble! —gritó, intentando no romper el momento con demasiada euforia.
Clara, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se detuvo abruptamente. Su mirada se dirigió a sus piernas, y la sensación de miedo y asombro la invadió al mismo tiempo. Pero antes de que pudiera procesarlo completamente, Valeria la abrazó.
—Lo hiciste otra vez, chica peligrosa. Eres más fuerte de lo que crees.
Al fondo, Adrián lo había visto todo. Desde su mesa, no pudo evitar sentir una punzada en el pecho al ver a Clara moverse, más fuerte, más viva que nunca. Carolina, al notar la atención de Adrián completamente perdida, frunció el ceño, preguntándose qué estaba pasando.
—Adrián, ¿qué te pasa? —insistió, cada vez más molesta.
Pero él ya no escuchaba. Su corazón estaba con Clara, aunque su cuerpo estuviera sentado junto a otra persona. La tensión entre lo que sentía y lo que debía hacer lo estaba consumiendo.
"¿Qué me pasa?" pensó Adrián. La pregunta que Carolina le había hecho resonaba en su mente, pero no tenía una respuesta clara. Lo único que sabía era que, por más que intentara ignorarlo, Clara siempre estaría ahí, latiendo en lo más profundo de su ser.
La canción de Michael Jackson seguía sonando, pero esta vez, las notas llevaban un eco silencioso que conectaba a Clara y Adrián, aunque estuvieran a metros de distancia. Y ese eco, tan poderoso como invisible, seguía arrastrando sus corazones, a pesar de todo.