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946 Words
Leocadia abrió la boca para responder, pero Dorian intervino, su tono calmado, pero cargado de pragmatismo. - Tal vez podamos encontrar una solución que sea útil para todos - dijo, dirigiendo su mirada hacia la emperatriz. - Majestad, he estado pensando que podría ser conveniente abrir una postulación para elegir a una dama de honor. Leocadia ladeó la cabeza, interesada. - ¿Una dama de honor? Dorian asintió. - Sí. Se supone que deben ser varias, pero no creo que se sienta cómoda - le dijo con honestidad y la joven agradeció el gesto - Creo que su grupo debería tener a su doncella personal, una dama de honor y un escolta. Tengo los postulantes de doncella, el de escolta lo está viendo Sir Rovik y la dama de honor...bueno, la necesita, pero no solo sería alguien para acompañarla en eventos sociales. También podría actuar como su asistente personal, ayudándola a organizar sus actividades y sirviendo como un filtro entre usted y las damas de la corte. Rovik frunció el ceño, claramente considerando los pros y los contras. - Eso podría funcionar, siempre y cuando sea alguien en quien podamos confiar - le dijo. Leocadia asintió lentamente, sus pensamientos comenzando a alinearse con la idea. - Tiene sentido. Si es alguien competente, podría aliviarme de algunas tareas menores mientras me concentro en asuntos más importantes. Dorian esbozó una leve sonrisa. - Exactamente, majestad. Además, sería una manera discreta de observar qué damas de la corte buscan acercarse a usted. Una postulación abrirá oportunidades para que se postulen mujeres de diferentes familias y podemos aprovechar para analizar sus intenciones. Rovik asintió, aunque su expresión seguía siendo seria. - Y que no la abrume con trivialidades o le tema al emperador. Eso significa que la elección debe ser meticulosa. La última palabra será suya, majestad, pero hasta que el caballero que escoltará a la emperatriz sea elegido, yo seguiré siendo su sombra. Leocadia dejó escapar una risa suave, aliviando un poco la tensión en el ambiente. - Entendido, Rovik. No me alejaré de ti sin aviso y que la dama tenga un corazón fuerte para no asustarse con el emperador. Rovik la miró con una mezcla de resignación y afecto antes de inclinarse levemente. - Gracias, majestad. Dorian retomó los documentos frente a él. - Entonces, si le parece bien, podemos trabajar en los criterios para la postulación. Al mismo tiempo, puedo ayudarla a estructurar las prioridades de sus planes. Leocadia se acomodó en la silla, lista para comenzar. - Perfecto. Tenemos mucho que hacer antes de que Kaelion regrese. - Si usted se queda aquí, iré al centro de entrenamiento. Vendré a buscarla más tarde. Y mientras el sol ascendía por el cielo, la emperatriz y el consejero comenzaron a trazar los primeros pasos de un plan que no solo fortalecería su posición, sino que también marcaría su camino hacia el control total de la corte. Más tarde, el estudio estaba en calma, con los rayos del sol entrando por las ventanas altas y proyectando patrones dorados sobre los muebles oscuros. Dorian había terminado de organizar los documentos y ahora observaba a Leocadia, quien estaba sentada en el borde de una silla, con una expresión decidida en su rostro. - Majestad, ¿está segura de que quiere tener un entrenamiento físico? - preguntó Dorian, levantando una ceja mientras se cruzaba de brazos. Su tono era respetuoso, pero había una pizca de escepticismo en su voz. Leocadia lo miró directamente, sin vacilar. - Completamente segura, Dorian. No puedo seguir dependiendo siempre de otros para protegerme. Necesito saber cómo defenderme si llega el momento y poder proteger a Kaelion. - ¿Al emperador? - preguntó incrédulo. Kaelion era un maestro de la espada ¿Acaso la emperatriz no lo sabía? Prefirió callar antes de ser irrespetuoso. Dorian soltó un suspiro, claramente luchando entre su sentido del deber y su preocupación por la emperatriz. - Entiendo su intención, majestad, pero el entrenamiento físico no es algo que se aprenda de la noche a la mañana. Y, además, podría atraer atención no deseada. Los nobles siempre están buscando algo que criticar. Leocadia se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas. - Dorian, los nobles ya me critican. Me subestiman, me observan buscando debilidades. Esto no será diferente. Pero si alguna vez me encuentro en peligro real, quiero tener al menos una oportunidad de luchar. Dorian la estudió por un momento, luego sacudió la cabeza con una leve sonrisa de admiración. - Tiene más determinación de la que imaginaba, majestad, pero esto debe manejarse con discreción. Si insiste en entrenarse, puedo hablar con Rovik para que la guíe. Él es el mejor para enseñarle sin levantar sospechas. Leocadia asintió, agradecida por su pragmatismo. - Gracias, Dorian. Confío en ti y en Rovik para manejar esto. Solo... no se lo digas a Kaelion todavía. Dorian levantó una ceja, claramente divertido por su petición. - ¿Quiere sorprenderlo, majestad? Leocadia sonrió con un destello de travesura en sus ojos. - Algo así, pero más que eso, quiero demostrarle que soy más que alguien que necesita ser protegida. Dorian inclinó la cabeza, aceptando su decisión. - Entonces, hablaré con Rovik, pero recuerde, majestad: esto no solo será un desafío físico. También lo será mental. Si debe defenderse, alguien podría morir. Leocadia se levantó de la silla, su postura erguida y su mirada llena de resolución. - Estoy lista para ambos. Y mientras Dorian salía del estudio para organizar los detalles, Leocadia se quedó junto a la ventana, observando los jardines del palacio con una mezcla de nerviosismo y emoción. El camino hacia su fuerza no sería fácil, pero estaba decidida a recorrerlo.
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