Protección
Kaelion miró a Dorian, Rovik, Eron y luego a Darek, observando cómo cada uno absorbía sus palabras, como si intentara que comprendieran algo que él mismo había tardado en aceptar.
- Ellos no la conocían, ni sabían lo que era capaz de hacer. Y ahora están pagando por ello. No solo porque ella sea mi esposa, sino porque se equivocaron al subestimarla. No creo que se den cuenta de lo que han perdido. Pero yo sí lo sé.
Suspiró, se acercó a la mesa y se apoyó sobre ella, pensativo.
- El problema de la familia Transa no es solo que vieron a Leocadia como una pieza en su juego, sino que no supieron ver que, aunque una princesa de sangre, ella no es una pieza fácil de manejar. Ella tiene su propio destino y yo no voy a permitir que la utilicen otra vez.
El emperador se quedó en silencio unos segundos, dejando que sus palabras calaran hondo. Luego, con una expresión más firme, continuó.
- Eso es lo que debemos tener en cuenta. No es solo un asunto de poder o títulos. Se trataba de su libertad, de su identidad y de lo que la familia Transa jamás entendió: su valor real.
Kaelion asintió lentamente, sus palabras cargadas de un peso profundo. La preocupación por lo que había sucedido con Leocadia era palpable en su voz, como si finalmente comprendiera la magnitud del peligro que enfrentaba su esposa.
- Y es por eso por lo que está en riesgo - repitió Kaelion, fijando su mirada en sus hombres con una seriedad que solo un emperador podría tener - Ellos no solo la subestimaron, sino que ahora, al darse cuenta de su verdadero valor, van a hacer todo lo que esté a su alcance para recuperarla, pero no será por amor, ni por reconocer su poder. La quieren de vuelta, solo para usarla como lo hicieron antes.
Rovik, que había estado observando en silencio, dio un paso adelante, su rostro grave, como el de todos los presentes.
- Ellos no cambiarán, majestad. No la ven como una persona, sino como una herramienta. Un instrumento para sus propios fines y no importa cuánto haya cambiado el juego. Si la familia Transa llega a saber lo que ha despertado en ella, lo que realmente es capaz de hacer… no dudarán en intentar tomarla nuevamente y esta vez con mucho más empeño.
Kaelion frunció el ceño, sus dedos apretando la mesa con fuerza.
- Lo sé. Es exactamente por eso que debemos tener cuidado. No solo por el poder que tiene, sino por lo que los Transa están dispuestos a hacer para no perderla. Si ven que ella es un medio para sus fines, no vacilarán en atacarla o incluso en usarla como arma para sus propios intereses.
Dorian intervino con calma, aunque sus ojos reflejaban también la gravedad del momento.
- La emperatriz es mucho más fuerte de lo que ellos imaginan, pero… - Dorian hizo una pausa, eligiendo cuidadosamente sus palabras. - Si logran atraparla, si la ven vulnerable de alguna manera, intentarán doblegarla. La van a presionar para que se vuelva a someter a su control, a su voluntad. Sabemos cómo son esos nobles, Kaelion. No solo buscan poder, sino que lo desean por encima de todo.
Kaelion asintió con pesar. El vínculo con Leocadia, aunque fuerte, no los eximía de la amenaza inminente. El poder que ella había comenzado a mostrar era un arma peligrosa, tanto para ella como para aquellos que la rodeaban.
- ¿Y cómo protegemos a su majestad de esto? - preguntó Eron, su voz firme, pero también cargada de inquietud. Sabía que la protección de la emperatriz era crucial, pero las amenazas que se cernían sobre ella eran complejas.
Kaelion los miró a todos y luego, con una determinación renovada, habló con claridad.
- Necesitamos movernos con cautela. No podemos permitir que el reino de Glen se entere de lo que ella ha despertado, al menos no todavía. El rey de Glen sería un buen punto de partida para obtener más información sobre su poder, pero eso también podría ponerla en peligro. En cuanto a los Transa, debemos actuar rápido y con inteligencia. Debemos anticipar sus movimientos y protegerla de manera que no la vean como una amenaza para sus intereses. Si creen que estamos ocultando algo o si ven que su poder está fuera de control, no dudarán en atacarnos.
Se detuvo un momento, mirando a cada uno de sus hombres, asegurándose de que entendieran la magnitud de lo que estaban enfrentando.
- Leocadia es más que mi esposa. Es un faro para nuestro futuro y mientras sigan buscando maneras de usarla, nuestra única opción será mantenerla segura. No vamos a permitir que la toquen. Nadie más va a tratar de manipularla como lo hicieron los Transa. No bajo mi mando.
La tensión en la sala era palpable, todos conscientes de que el camino que Kaelion había trazado no solo protegería a su esposa, sino que también cambiaría el destino de todos aquellos involucrados.
-Está en riesgo. - dijo Rovik.
Kaelion frunció el ceño ante las palabras de Rovik. Sabía que su lealtad hacia Leocadia era indiscutible, pero esa afirmación golpeó un punto sensible que aún no había considerado completamente.
- ¿Y qué sugieres tú, Rovik? - preguntó, su tono grave, pero buscando entender, mientras sus ojos no dejaban de escrutar a su amigo.
Rovik, que había servido a Kaelion durante años, había aprendido a leer entre líneas las emociones y motivaciones de su emperador. Y ahora, al ver la preocupación reflejada en el rostro de Kaelion, sabía que debía hablar con franqueza.
- Confíe en ella, majestad. - Rovik hizo una pausa, su mirada fija y seria. - Leocadia no es una dama débil, ni una mujer que necesite ser salvada constantemente. Si la sobreprotege, si la mantiene demasiado cerca, podría ahogarla, sofocar su propio poder. Ella tiene la capacidad de decidir, de tomar sus propias decisiones. Y si intenta controlar cada paso suyo por miedo a lo que pueda ocurrir, podría terminar perdiéndola, no solo como emperatriz, sino también como esposa.
Kaelion se quedó en silencio, sus pensamientos girando rápidamente. Lo que Rovik decía resonaba con él más de lo que le gustaría admitir. Leocadia había demostrado ser capaz, inteligente y valiente, más de lo que él había creído al principio. Y, sin embargo, el miedo a perderla, a verla en peligro, lo impulsaba a actuar desde un lugar de protección excesiva.
- Sé que lo que dices es cierto… - murmuró Kaelion, casi para sí mismo, mientras se pasaba una mano por el rostro, visiblemente frustrado - Pero no puedo evitarlo. La idea de verla atrapada nuevamente, de que la usen como lo hicieron los Transa… me consume.
Dorian, que había permanecido en silencio hasta ese momento, intervino suavemente.
- El amor y el miedo van de la mano, majestad, pero un hombre que actúa por miedo pierde el control sobre lo que más ama. Leocadia necesita espacio para ser ella misma, para usar su poder como lo ha hecho siempre, para decidir su camino. Si confía en ella, si le da ese espacio para crecer, la protegerá mucho mejor que cualquier decisión tomada por puro instinto.
Kaelion suspiró, tomando un momento para procesar las palabras de sus consejeros y amigos. Sabía que no podían seguir adelante con una visión tan cerrada, sobre todo si lo que querían era asegurar la paz en su relación y proteger a su esposa.
- Es difícil, Rovik… - confesó, su voz más suave de lo habitual. - El miedo a perderla me hace actuar sin pensar, pero sé que debo aprender a confiar. No solo en ella, sino también en nuestra unión.
Rovik asintió lentamente, reconociendo que Kaelion, aunque se mostrara firme, estaba lidiando con una guerra interna que solo él podía ganar.
- Ese es el primer paso, majestad. Ella ya ha demostrado que está dispuesta a ser fuerte, y su amor por usted no la debilita, la fortalece. Si confía en ella, su vínculo se hará más sólido y la protegerá sin perderla.
Kaelion, aunque aún preocupado, se sintió ligeramente más aliviado por las palabras de su escolta. A veces, su impulso de proteger a Leocadia cegaba su juicio, pero también sabía que el verdadero respeto y amor venían de la confianza mutua.
- Lo intentaré, Rovik. No quiero perderla. Ni a ella, ni a lo que somos. - Kaelion exhaló profundamente. - Lo que necesitamos es ser inteligentes, cautelosos. Protegerla sin encadenarla. Ayudarla a ser quien es.
Dorian sonrió, satisfecho con la reflexión de su emperador.
- Sabía que lo comprendería, majestad.
Con un suspiro de resignación, Kaelion se enderezó y se preparó para enfrentar lo que venía. Sabía que, mientras más comprendiera la necesidad de darle espacio a Leocadia, más fuerte se volvería su relación. Aunque el camino no sería fácil, estaba dispuesto a caminar a su lado.
Kaelion, con el ceño fruncido y la mirada fija en el horizonte, dio la orden con una frialdad que solo él sabía transmitir.
- Desplieguen a las sombras. Quiero saber cada paso que dé mi primo. Si lo conozco, irá a ver a su amante. Y si Transa está involucrado, también quiero saber dónde se encuentra. No me importa cómo lo hagan, pero quiero información antes del atardecer.
Rovik asintió con rapidez, reconociendo el tono decisivo de Kaelion. El emperador estaba tomando las riendas de la situación y su impulso de proteger a Leocadia, así como su creciente desconfianza hacia su primo y los Transa, se estaba convirtiendo en una fuerza imparable.
- Lo haremos, majestad. Movilizaré a los mejores hombres para que rastreen cada pista, aunque sabemos que Ian es escurridizo - Rovik se giró hacia los otros escoltas, que ya sabían que la misión era crucial - No dejaremos cabos sueltos.
Dorian, que había estado escuchando en silencio, intervino con un tono más calculador.
- La clave está en Transa. Si está apoyando a Ian, las acciones de su familia deben estar conectadas. Buscar información sobre sus movimientos podría revelarnos mucho más de lo que imaginamos - Dorian se acercó a Kaelion, dejando una ligera sonrisa de complicidad en su rostro - Si no conseguimos nada en este intento, podríamos cambiar de enfoque... y hacer que la emperatriz se involucre en este asunto. Ella tiene una forma muy particular de obtener lo que quiere sin que los demás lo noten.
Kaelion, al escuchar las sugerencias de Dorian, meditó un momento. No le gustaba la idea de involucrar a Leocadia en estos asuntos tan peligrosos, pero sabía que ella era inteligente y que su poder podría ser útil. Sin embargo, la preocupación de protegerla aún pesaba en su mente.
- Por ahora, prefiero que no se involucre. Lo que está en juego es demasiado peligroso, pero tomaremos sus palabras en cuenta. Que las sombras se movilicen rápidamente. Necesito que el sol se ponga sin que nosotros estemos a la merced de esos traidores.
Los caballeros y asesores de Kaelion asintieron, reconociendo la urgencia en sus palabras. En la oscuridad de los pasillos del palacio, los ojos invisibles de las sombras se comenzaron a mover, siguiendo el rastro de Ian Lunia y de Transa, sabiendo que no podían fallar.
Rovik, Dorian y los demás sabían que cada paso que daban era crucial. Y Kaelion, aunque consciente de la peligrosidad del momento, confiaba en que su red de espionaje conseguiría la información necesaria para adelantarse a lo que se avecinaba.