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1919 Words
Princesa de Glen Kaelion se quedó mirando fijamente a Dorian, sin poder evitar una ligera sorpresa en su rostro. El hecho de que Leocadia hubiera comenzado a estudiar de manera tan intensiva en su ausencia no era algo que él hubiera esperado, aunque debía admitir que, con su determinación, no debería haberle sorprendido tanto. - Me sorprendió cuando me pidió ayuda, pero tiene una base sólida. - dijo Dorian, con una sonrisa irónica que reflejaba su admiración por la emperatriz - Al parecer, tuvo varios tutores. Y no solo se limitó a aprender sobre el gobierno, también tiene un conocimiento bastante amplio sobre otras áreas que realmente me dejaron impresionado. Kaelion frunció el ceño, asimilando las palabras de Dorian. No había sido consciente de la profundidad del estudio que Leocadia había realizado, ni de cuánto se había preparado en su ausencia. El hecho de que ella hubiera comenzado a estudiar cosas fuera de lo que le correspondía como emperatriz era una señal de que estaba dispuesta a comprometerse aún más con el imperio y eso lo inquietaba, pero también lo llenaba de una extraña admiración y alegría ya que si se comprometía con Celeste significaba que podría permanecer a su lado. No lo dejaría. - Ella fue formada como princesa... - Kaelion comenzó a explicar, con una calma que reflejaba su profunda conexión con el tema. Su mente comenzó a ordenar los recuerdos de sus días en Glen, de cómo había visto a Leocadia siendo una niña, pero también una joven capaz de afrontar responsabilidades mucho mayores que las que normalmente le corresponderían a alguien de su edad. - Desde pequeña, su formación fue de una exigencia muy alta. La familia real de Glen no solo la preparó para ser una futura emperatriz, sino que se la entrenó para convertirse en embajadora, con una perspectiva internacional. Todo para representar a su gente con honor y eficacia, incluso más allá de las fronteras de su reino. Rovik y Dorian intercambiaron una mirada intrigada, escuchando atentamente mientras Kaelion continuaba. - Es por su linaje, su conexión con Nerias, el dios de la sanación. Todos los miembros de la familia real de Glen reciben una educación especial, con el objetivo de transmitir la fuerza curativa de Nerias. Y, aunque no todos poseen esa habilidad de manera directa como ella o el rey, todos son formados para entender su conexión con el dios y cómo puede utilizarse para ayudar a los demás. - Leocadia... - Kaelion se detuvo un momento, observando sus propios pensamientos antes de seguir - ...ella fue entrenada no solo para gobernar, sino para transmitir la energía de sanación de Nerias a aquellos que la necesiten. Dorian y Rovik asintieron en silencio, comprendiendo ahora mejor por qué Leocadia parecía tan capaz y cómo su conexión con el dios de la sanación influía en la manera en que había asumido su papel como emperatriz. - Recuerdo cuando estuve en Glen... - Kaelion continuó, el tono de su voz ahora más nostálgico, como si la imagen de Leocadia, tan joven y determinada emergiera vívida en su mente - Aunque ella era seis años menor que yo, estaba entrenada al mismo nivel que otros nobles que eran mucho mayores. Tenía clases conmigo en muchas áreas. A veces se notaba que estaba un paso adelante de todos, incluso de los adultos. Nunca fue solo una princesa destinada a ser una figura decorativa... siempre fue mucho más. Dorian, que había estado observando a Kaelion con atención, asintió lentamente. - Parece que Leocadia ha estado preparándose para este momento toda su vida, aunque no de la manera en que uno podría esperar. La manera en que maneja su poder, sus responsabilidades y su relación con el imperio muestra que no solo es una mujer de gran potencial, sino también de gran resiliencia. Kaelion asintió en silencio, recordando aquellas lecciones y conversaciones con Leocadia en su juventud. Aquella niña que había visto crecer se había convertido en una mujer formidable, capaz de llevar sobre sus hombros una carga mucho mayor de lo que él había pensado cuando la había conocido. - Nunca pensé que ella se prepararía de esa manera... - musitó Kaelion, en voz baja, mientras pensaba en el impacto que todo esto tendría sobre su relación. Ya no era solo su esposa. Ahora, Leocadia era alguien que entendía las intrincadas dinámicas de gobierno, que no solo había asumido el rol que le tocaba, sino que lo había hecho de manera consciente y comprometida. Y había aprendido todo eso sin que él estuviera cerca para guiarla, sin que él supiera hasta que ya era demasiado tarde para detenerlo si quería. - Creo que fue una decisión tomada en su juventud, mucho antes de lo que imaginabas - dijo Rovik, con una sonrisa comprensiva, como si estuviera interpretando la confusión de su amigo - Ella nunca dejó de prepararse, incluso si no lo veías. Tal vez ella no lo hacía solo por el título, sino por el futuro de su gente. Kaelion observó a sus amigos y, por un momento, se sintió como si no pudiera escapar de la inevitable realidad que se estaba formando a su alrededor. Lo que había comenzado como una obligación, un matrimonio de conveniencia, ahora se estaba transformando en algo mucho más profundo. Leocadia no solo era su esposa, sino una aliada en su misión, una mujer capaz de todo para proteger a su gente, incluso si eso significaba arriesgar su vida en más de una ocasión. - Parece que tengo mucho que aprender de ella... - dijo Kaelion, esta vez con una mirada más suave, como si aceptara finalmente que su vida con Leocadia no solo estaba formada por alianzas y compromisos, sino por una verdadera asociación, una donde ambos estaban destinados a complementarse de maneras que no había imaginado. Dorian sonrió ante la reflexión de su emperador, mientras Rovik simplemente asentía, sabiendo que Kaelion, por fin, estaba comenzando a ver a Leocadia no solo como su esposa, sino como alguien con un rol fundamental en el futuro del imperio. La familia Transa, al igual que muchas casas nobles, se guio por la conveniencia y la percepción superficial del poder que podían obtener a través de una unión estratégica. En su mente, Leocadia no era más que un medio para alcanzar un fin: el título imperial y las riquezas que venían con su matrimonio. Nunca se tomaron el tiempo de conocerla realmente, ni de entender el valor y la profundidad de su linaje, algo que, por desgracia, es común en muchas familias poderosas que ven a los demás como piezas de ajedrez en un juego de poder. El hecho de que Leocadia fuera la hija de un reino tan diferente, tan marcado por su relación con Nerias y la magia sanadora, era algo que los Transa no entendían o no querían entender. No estaban interesados en su verdadera identidad, en lo que representaba para su gente, ni en el significado real de su habilidad. Para ellos, ella era simplemente una princesa, como las demás, una figura decorativa que podía ser utilizada para aumentar su propia posición dentro de la nobleza. Los Transa probablemente pensaban que el matrimonio con ella sería como cualquier otro: una forma de consolidar poder sin la necesidad de comprender la cultura o el legado detrás de la persona con la que se casaban. Tal vez, creían que ella sería fácilmente moldeable, un peón sumiso que aceptaría su destino, al igual que muchas princesas de otros reinos lo hacían. No imaginaron que Leocadia no solo sería diferente, sino que estaba destinada a ser mucho más. Su magia, su formación y su conexión con Glen la hacían única, algo que los Transa jamás pudieron ver, ya que no buscaban nada más allá de las apariencias. Además, su trato hacia ella refleja un desprecio generalizado por las personas y las culturas que no se ajustan a sus propios estándares de poder y control. Si bien esperaban que Leocadia fuera una figura de prestigio para su familia, no estaban dispuestos a valorar la persona que realmente era ni a ver el potencial que tenía más allá de su título. Al final, su falta de comprensión y de empatía con ella solo los llevó a subestimarla y a fallar en su intento de dominarla. Este desdén y esa falta de apreciación también reflejan el problema más grande que enfrentan los Transa: un deseo insaciable de poder que los ciega a las verdaderas cualidades de las personas con las que se relacionan. No entendieron que una princesa como Leocadia no solo era una pieza en su tablero de ajedrez, sino que tenía el poder de cambiar las reglas del juego por completo. - Si era tan especial, ¿Por qué la familia Transa la trató como si no tuviera valor? – murmuró el secretario. Kaelion, al escuchar la sugerencia de Dorian y de los demás, se quedó pensativo unos momentos. Luego, con su mirada fija en el vacío, empezó a hablar, dejando salir un tono grave que reflejaba su frustración y la rabia contenida por todo lo que Leocadia había tenido que sufrir. - ¿Por qué la familia Transa la trató como si no tuviera valor? - repitió la pregunta en voz alta, como si buscara dar respuesta a la confusión que había estado rondando su mente desde que conoció la verdad detrás del trato que Leocadia recibió. Luego dejó escapar una risa amarga - La respuesta es simple: ellos la vieron como una herramienta, nada más. En su mente, Leocadia no era más que una princesa con un título que podían usar para obtener poder, no una persona real con su propia fuerza, su propia identidad. Creyeron que sería una pieza más en su juego, una figura decorativa, que solo servía para consolidar sus propios intereses. Kaelion caminó hacia la ventana, observando la luz del amanecer que iluminaba el horizonte, su mente atrapada en la traición que su esposa había sufrido. - Lo peor de todo es que ni siquiera intentaron conocerla. No entendieron el peso de su linaje, ni lo que significaba ser la hija de un reino como Glen, ni lo que eso implicaba. Su conexión con Nerias, el dios de la curación no es algo que se pueda entender desde una perspectiva superficial. Y, sin embargo, ellos la trataron como si fuera solo una más en la larga lista de princesas que solo son buenos para casar, dar herederos y no mucho más. Kaelion apretó los puños, como si quisiera golpear algo, pero se detuvo. Sabía que no podía dejarse llevar por la ira. Ellos querían el título, sí. Pero se olvidaron de que Leocadia es mucho más que su título. Y lo peor de todo es que, en su afán de usarla, subestimaron el poder que ella lleva dentro. No era solo una princesa que necesitaba ser protegida, sino alguien que podía transformar todo a su alrededor si se lo proponía. Y eso, en su arrogancia, nunca lo vieron. Kaelion se giró nuevamente hacia ellos, su mirada ahora más intensa. - Y ahora, después de todo lo que ha pasado, después de todo lo que ha tenido que soportar, ¿Quién es la que está demostrando la verdadera fuerza? Ella. Leocadia no es solo una víctima. Ya no. Se está levantando y está tomando el control de su vida, de su destino. El poder que ha despertado en ella... es solo el principio. No solo por su linaje, sino por la persona que ha llegado a ser.
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