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1945 Words
Al Estilo de la Emperatriz Las palabras de su amigo y escolta hicieron eco en su mente. Kaelion apretó los dientes. Sabía que Rovik tenía razón, pero la idea de tener que tratar con el sumo sacerdote le causaba más frustración que cualquier otra cosa. - No soy un hombre paciente, Rovik, - respondió con un tono sombrío - pero si eso es lo que se necesita, lo haré. Sin embargo, no espero que este encuentro sea amigable. La tensión entre ellos era palpable, pero Kaelion tenía que hacer lo que debía para proteger a Leocadia y a su futuro. No podía permitir que nada, ni siquiera su rencor hacia el clero, se interpusiera en su camino. Con una última mirada pensativa, Kaelion continuó su camino hacia su despacho, sabiendo que cada paso lo acercaba a una verdad que podría cambiar todo lo que pensaba sobre su esposa... y sobre el futuro del imperio. - ¿Y si lo hace al estilo de la emperatriz? - le sugirió Dorian - Ella estudia a su enemigo, fortaleza y debilidades, pero en vez de atacarlos le ofrece una zanahoria. Kaelion frunció el ceño al escuchar a Dorian. La sugerencia no solo le sorprendió, sino que también lo hizo sentir ligeramente incómodo. La emperatriz, Leocadia, tenía una forma de tratar a sus enemigos que, aunque efectiva, era completamente diferente a la suya. En lugar de enfrentarlos con su fuerza y autoridad, como él lo haría, Leocadia prefería estudiar, entender y luego manipular la situación para que sus oponentes cayeran en su trampa. Era un enfoque sutil, casi femenino, pero increíblemente efectivo. - ¿Disculpa? - Kaelion miró a Dorian con incredulidad deteniéndose en medio del pasillo, como si acabara de escuchar una broma de mal gusto - ¿Me estás sugiriendo que debo jugar a las zanahorias como la emperatriz? Dorian sonrió con aire travieso, disfrutando de la reacción de Kaelion. Sabía que lo que decía no era precisamente lo que el emperador esperaba, pero en el fondo también lo comprendía. La emperatriz había demostrado ser más astuta y estratégica en sus tratos que Kaelion. - Lo que quiero decir es que, en lugar de enfrentarte de forma directa al sumo sacerdote y arriesgar una confrontación, podrías ofrecerle algo que él quiera, algo que lo haga pensar que está obteniendo lo que desea, mientras tú logras lo que realmente necesitas. Estudiarlo, encontrar sus debilidades y luego usar eso para su beneficio. El tipo de estrategia que su esposa usaría - explicó Dorian, encogiéndose de hombros con una sonrisa. Kaelion entrecerró los ojos, algo desconcertado, pero no pudo evitar sentir una mezcla de respeto y frustración. Sabía que Dorian tenía razón. Aunque él preferiría ir al grano y resolver las cosas a la fuerza, también entendía que no siempre era el mejor camino. Sin embargo, el simple hecho de pensar que debía actuar con cautela y sutileza lo incomodaba. No era su estilo. - ¿Ahora trabajas para mi esposa? - respondió, levantando una ceja, casi burlón. La idea de que sus propios hombres parecieran defender el enfoque de Leocadia le resultaba irónica, pero al mismo tiempo, algo dentro de él sabía que tenía razón. Dorian no se inmutó ante la pregunta y se limitó a encogerse de hombros. - Por supuesto sirvo al emperador, pero la ayudo. En dos días llega su dama de honor y asistente. Ella se encargará de todo lo que no pueda manejar - Su tono era suave, pero seguro. Kaelion no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido desde que Leocadia había entrado en su vida. Ella, con su forma tranquila de actuar, su inteligencia afilada y su capacidad para ver más allá de las obviedades, lo había cambiado. No lo había comprendido al principio, pero ahora veía la diferencia. - ¿Qué demonios? ¿Otro cambio? - preguntó Kaelion con irritación, aunque en su tono había una pizca de sorpresa. No estaba acostumbrado a que la emperatriz tomara decisiones por él. Aunque su relación había mejorado considerablemente, todavía tenía sus reservas. Dorian asintió, sin perder la compostura. - Es alguien de confianza. La emperatriz sabe lo que hace. - Dorian hizo una pausa y luego añadió - Ella se toma su tiempo para analizar a las personas y lo que hace con ellas es... efectivo. Deberías darle el beneficio de la duda. Kaelion se quedó en silencio por un momento, mirando a Dorian y luego a Rovik, que había estado observando la conversación con una sonrisa contenida. Finalmente, suspiró, sintiéndose un poco derrotado por la situación. - Voy a tener que acostumbrarme, ¿verdad? - dijo, su tono un poco más suave, pero aún con algo de frustración. Rovik se adelantó entonces, poniendo una mano en su hombro. - Es posible, Majestad, pero a veces, el estilo de la emperatriz puede ser más efectivo que cualquier espada o estrategia directa. Kaelion reflexionó por un momento. Sabía que Rovik tenía razón. Aunque su orgullo como emperador lo impulsaba a actuar con rapidez y fuerza, también debía adaptarse. A Leocadia le debía su lealtad y su enfoque estratégico, por muy diferente al suyo, parecía ser el camino por seguir en esta situación. - Bien, voy a intentarlo a su manera - resolvió Kaelion finalmente, con una expresión que indicaba tanto incertidumbre como aceptación. Luego, miró a los demás, comenzando a poner en marcha los planes para su próxima movida. Lo que era cierto, aunque no lo admitiera abiertamente, era que, a pesar de su propio temperamento impulsivo, cada vez más encontraba que el estilo de Leocadia no solo lo desafiaba, sino que también lo complementaba. - Ahora, ¿Quién es esa dama de honor y asistente de la emperatriz? - preguntó, casi más para cambiar de tema que por real curiosidad. Dorian sonrió al ver cómo Kaelion comenzaba a aceptar sus palabras. - Es alguien que puede equilibrar todas las cargas que la emperatriz ha estado manejando. Pero eso ya lo verá cuando llegue. Kaelion frunció el ceño, con una nueva pregunta dando vueltas en su cabeza, pero prefirió no profundizar más. Lo importante ahora era que Leocadia tenía a alguien más de su confianza y aunque no comprendiera todos sus movimientos, debía seguir adelante. Sin más dilación, se preparó para actuar como ella lo sugería. Kaelion asintió lentamente, mientras las palabras de Rovik seguían dando vueltas en su mente. Sus amigos y más cercanos consejeros no podían haber estado más en lo cierto: la vida de un emperador no solo era gobernar el reino, también era saber delegar y confiar en los demás, especialmente cuando esos – otros - eran tan capaces como Leocadia. Pero aún le costaba aceptar ese cambio. - Véalo como el trabajo de una mujer noble que lleva la casa de su familia - dijo Rovik con tono firme, mirando a Kaelion como si estuviera guiando a su amigo por una verdad irrefutable - La emperatriz es la anfitriona del palacio y ha estado estudiando mucho para ser digna de usted y que se sienta orgulloso de ella. Kaelion, que había estado sumido en sus pensamientos, alzó la vista y se encontró con la mirada confiada de Rovik. Sabía que las palabras de su amigo no eran solo un consejo, sino una afirmación de lo que estaba sucediendo y lo que debía ser. Los ojos de Kaelion, normalmente tan firmes, titilaron con una ligera duda, pero también con un reconocimiento de la realidad que lo rodeaba. - Lo sé... - respondió con voz baja, sin evitar sentir una extraña mezcla de orgullo y desconcierto - Ella no está simplemente casada conmigo. Está trabajando conmigo. Está ayudando más de lo que pensaba. Dorian, quien había estado en silencio mientras observaba la interacción entre ambos, ahora intervino, con esa sonrisa suave que era casi un reflejo de su propio conocimiento de Kaelion. - Y eso es lo que la hace valiosa, Majestad - dijo Dorian, sin perder la oportunidad de agregar su perspectiva - La emperatriz no solo es su esposa, sino una socia en todo el sentido de la palabra. Ella está cuidando del imperio, de la casa imperial, de su legado... y se está ganando su respeto en el proceso. Ya no es solo una noble de su linaje, sino una mujer con un papel que debe desempeñar y lo está haciendo de manera excepcional. Kaelion se quedó en silencio por un momento, considerando las palabras de Dorian, mientras pensaba en lo que eso significaba para él. Él había llegado a un punto donde había empezado a ver a Leocadia no solo como su esposa, sino como una mujer capaz de tomar decisiones, manejar asuntos delicados y defender lo que consideraba justo. Sin embargo, esa línea delgada entre ser su esposo y reconocerla como una emperatriz en su propio derecho era algo que aún debía aceptar completamente. - Supongo que en algún momento tendría que admitir que tiene razón... - Kaelion murmuró, como si de repente se hubiera dado cuenta de la magnitud de lo que implicaba estar casado con Leocadia. Dorian y Rovik intercambiaron una mirada cómplice. Kaelion siempre había sido alguien de reacciones impulsivas, de tomar el control y actuar sin dudar. Pero en su relación con Leocadia, las reglas eran diferentes. Ella lo había desafiado, sí, pero también lo había apoyado y a veces, eso era lo que más lo perturbaba. - No es solo que tenga razón - respondió Dorian con una ligera sonrisa - Es que usted está aprendiendo a reconocerlo. Y créame, Majestad, es una habilidad que será invaluable para usted. Una esposa que no solo está a su lado, sino que también comparte su visión, su carga y sus sueños... Eso es algo que pocos hombres en su posición tienen. Es una bendición para el imperio Celeste y para usted. Kaelion asintió lentamente, con una mirada más pensativa que antes. No podía negar lo que Dorian y Rovik decían. Leocadia estaba haciendo más de lo que él pensaba y estaba demostrando ser mucho más que la simple esposa que él había imaginado al principio. - Lo que está haciendo... - Kaelion continuó, casi como una reflexión - No es solo por mí. Es por el imperio. Está construyendo una base para el futuro, para los dos y para los que vengan después. Rovik, siempre directo y sincero, asintió con la cabeza. - Eso es precisamente lo que está haciendo, Majestad. Ella lo sabe. Y lo que es más importante, lo respeta. Está haciendo lo que se espera de ella, pero con su propio toque. Y eso es lo que le da a su reinado el equilibrio que necesita. Kaelion dejó escapar un suspiro, sintiéndose algo aliviado, aunque con una incertidumbre residual. Sabía que tenía mucho que aprender, pero también sabía que no estaba solo. Tenía a Leocadia a su lado y tal vez esa era la parte más importante del todo. - Vaya... - Kaelion murmuró, más para sí mismo que para los demás - Esta mujer realmente me está cambiando. Dorian soltó una risa baja, casi como si hubiera estado esperando este momento desde el principio. - Lo hemos sabido todo el tiempo, Majestad - respondió con una sonrisa pícara - Pero ahora, parece que es usted quien se está comenzando a darse cuenta. Kaelion no pudo evitar sonreír, aunque su sonrisa estaba teñida de una mezcla de reflexión y reconocimiento. Estaba claro que, aunque aún le costaba ajustarse a los cambios, había algo en el aire que le decía que su relación con Leocadia estaba evolucionando a algo mucho más profundo de lo que había imaginado. Y, por alguna razón, ya no sentía tanta resistencia a ello.
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