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1134 Words
Rebote Constance cerró la puerta del baño con manos temblorosas, apoyando la cabeza contra la fría superficie mientras intentaba calmarse. Su respiración era errática, su corazón latía a un ritmo frenético y las emociones se arremolinaban en su pecho, haciéndola sentir como si fuera a explotar. Apenas podía creer lo que acababa de suceder. La intensidad de su conexión con Riku, la necesidad que él había demostrado, la manera en que la había tocado... todo era demasiado. Había esperado sentir la intensidad del vínculo de segunda oportunidad de Riku, sí, pero no estaba preparada para lo que significaba en realidad. El amor que crecía en su interior, la conexión emocional y física, todo la abrumaba. Se miró al espejo, intentando encontrar algo de control en su propio reflejo, pero lo único que vio fue a una mujer vulnerable, aterrada por la magnitud de lo que sentía. El silencio en el baño era casi absoluto, salvo por el sonido del agua corriendo en el lavabo mientras se mojaba la cara, intentando enfriar el fuego interno que la consumía. No podía permitir que Riku percibiera lo que estaba pasando por su mente y su corazón. No quería que él descubriera la verdad. No todavía. Porque sabía que él, por más que la deseaba y por más fuerte que fuera su conexión, seguía resistiéndose al vínculo. Riku había sido herido antes, lo sabía. Se resistía a entregarse por completo, a aceptar lo que eran el uno para el otro. Aunque acababa de demostrar lo intenso de su necesidad de estar con ella, Constance sabía que su miedo al vínculo lo contenía. Y eso la aterrorizó debido a que ya no eran unos niños. - No puedo dejar que lo sepa… no puedo dejar que lo sienta. No si aún no está listo… se regañó en su mente. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, pero se obligó a contenerlas. No podía permitirse perder el control de sus emociones, no cuando Riku podría percibir cualquier fluctuación a través del vínculo. Se llevó las manos a la boca, ahogando un sollozo ¿Qué pasaría si él descubría que lo amaba? ¿Qué pasaría si él no correspondía a ese amor, si el dolor de su pasado lo mantenía atrapado en esa barrera invisible que no podía cruzar? Su rechazo le dolería demasiado. El miedo era palpable. No temía al vínculo en sí, ni siquiera al dolor que podía traer, sino al rechazo. Al hecho de que, tal vez, Riku nunca pudiera amarla como ella ya lo amaba. Había sentido su desesperación, su necesidad, pero sabía que eso no era suficiente. Él estaba luchando contra algo más profundo, algo que ella no podía alcanzar por sí sola. Cerró los ojos con fuerza, intentando borrar esos pensamientos, pero eran implacables. Sabía que el vínculo de segunda oportunidad era algo raro, casi sagrado y que muy pocos lo experimentaban. Pero también sabía que si él no estaba listo, si seguía resistiéndose, el vínculo podría destruirlos a ambos y ella no quería hacerle daño. Dentro de la habitación, Riku estaba acostado en la cama, con la respiración todavía entrecortada. Su cuerpo aún resonaba con la intensidad del momento, pero algo en su interior le decía que algo no estaba bien. Sentía el vacío que dejaba la ausencia de Constance, el eco de sus emociones distantes, como si estuviera bloqueando deliberadamente el vínculo. Se sentó, su mirada dirigida hacia la puerta cerrada del baño, intentando entender qué estaba pasando ¿Había hecho algo mal? Sabía que el vínculo era abrumador, que la necesidad de cercanía lo estaba consumiendo, pero lo que acababa de ocurrir entre ellos había sido algo más profundo. Algo que no podía ignorar. - ¿Qué estás escondiendo, Constance...? - susurró. El vínculo entre ellos lo mantenía en vilo, la falta de sus emociones lo desconcertaba. Quería entrar, tocar la puerta, pedirle que hablara con él, pero temía presionarla. Temía que, si insistía, rompería algo más frágil que su conexión: su confianza. Estaba confundido por su reacción y porque ella liberó su bloqueo de guía con él, sin resistencia ni cuestionamiento, sólo porque era su compañero y eso lo hacía especial y diferente de cualquier otro. Con eso le decía que lo validaba como su esper. Único. Su compañero. Fue su manera de demostrar de la manera más honesta y descarnada que confiaba en él. Para un guía, abrir el bloqueo de guía era casi como estar a piel desnuda en una tormenta de hielo, sin protección y totalmente vulnerable. Era la muestra de confianza más absoluta para un guía, en especial para su esper, el que había elegido como compañero. Si no lo sintiera así, la guía podría haberse negado a liberarlo cuando él se lo pidió, pero ella fue capaz de hacerlo, para él. Sólo para él. Ese gesto había volado la barda en la mente de Riku. Aoto, en todos los años que estuvieron juntos jamás lo hizo. Nunca, ni en el momento más intenso del vínculo. Años durmiendo lado a lado, pero sin intimidad, sin complicidad y Constance, a quien conocía hace dos días le había entregado ese regalo preciado. Ni siquiera la virginidad era tan importante como lo que le había dado. Del otro lado de la puerta, Constance se deslizó lentamente hasta el suelo, abrazándose las rodillas. Sabía que debía salir, enfrentar lo que había entre ellos. Pero el miedo de perderlo, de perder esa chispa de esperanza, la mantenía encerrada. No quería que él viera lo que realmente sentía, no cuando aún estaba tan insegura de lo que él estaba dispuesto a ofrecer. Mientras se acurrucaba en el frío suelo del baño, una sola verdad resonaba en su mente, una verdad que la asustaba más que cualquier otra cosa: estaba completamente enamorada del esper y no tenía idea de cómo manejarlo. Riku esperó en la cama más tiempo del que habría deseado. La puerta del baño seguía cerrada y aunque su instinto le decía que algo estaba mal, trató de controlarse. Se obligó a darle espacio a Constance, pero cada segundo que pasaba sentía una creciente ansiedad apoderándose de él, como si algo oscuro estuviera arrastrando el aire de la habitación. El vínculo le devolvía ecos de emociones reprimidas. Sentía su lucha, pero no podía acceder a ella. Con cada minuto, la sensación de angustia y vacío se hacía más fuerte, hasta que ya no pudo resistirlo más. Se levantó rápidamente y cruzó la habitación en apenas unos pasos. Tocó la puerta del baño con suavidad, pero no obtuvo respuesta. - Constance… ¿Estás bien? - le preguntó Riku con una mezcla de preocupación y firmeza. El silencio que siguió fue insoportable. Golpeó la puerta con más fuerza, el miedo ahora subiendo por su garganta. - ¡Constance! - llamó más fuerte, preocupado.
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