Pato llevaba días inquieto. Su habitual rutina segura y sin sobresaltos se había visto envuelta en nuevas iniciativas que no estaba dispuesto a aceptar. Haber pasado un día entero en aquel comedor, pero sobre todo haber conocido a alguien como May parecía haberle devuelto esa voluntad que creía esfumada. No sólo se había sentido entusiasmado por regresar para volver a verla, también había comenzado a creer que allí había muchas cosas posibles por hacer. En el pasado había ayudado a varios sectores vulnerables, pero siempre había sido a través de un cheque o llevando lo único que sabía hacer para darles un rato de esparcimiento. Sin embargo, ahora veía que ayudar era mucho más que eso. Ayudar era involucrarse, poner el cuerpo, creer que todo puede cambiar. La había visto a May. La hab

