Capitulo 6

2452 Words
Entonces tiró de mi camisa y escuché como los botones caían al suelo. Me lamió y besó por encima del sujetador pero rápidamente metió una mano para sacarme una teta y chupó con ansia mi pezón. Gemí mientras mis manos desabrochaban su pantalón y buscaban su polla. Me costó sacársela porque la tenía totalmente dura. Él seguía chupando y mordisqueando mi pezón mientras sus manos me subían la falda y luego buscaban mi coño. Gemí al notar como introducía sus dedos dentro de mí, en mi coño totalmente mojado. Le dije: - Fóllame, rápido Santi se separó de mí y me miró sonriendo, con una sonrisa lasciva y de prepotencia que me puso aún más caliente. Tiró de mis bragas hacia abajo y dejé que cayeran a mis tobillos y me moví para liberar uno de ellos. Nos miramos. Vi su polla dura y me gustó, era una buena polla. Santi se acercó de nuevo y, levantándome una pierna, me la metió con dureza. Me folló contra la pared, los dos de pie, él sujetándome una pierna mientras me empotraba una y otra vez. No tardamos en corrernos, grité sin parar hasta notar su leche dentro de mí. Nos quedamos quietos, exhaustos, respirando rápidamente, abrazados. Entonces me soltó la pierna y se salió de mí. Me derrumbé en el suelo, las piernas no me sostenían. Santi me sonrió con suficiencia y vi como se metía esa gran polla dentro de su pantalón. Entonces salió de la cocina. Me quedé unos minutos sin moverme, recobrándome. Después me levanté y me bajé la falda. Me quité las bragas del tobillo donde se habían quedado y me metí la teta dentro del sujetador. No escuchaba nada ¿Se había ido? Salí de la cocina y miré a mi alrededor extrañada, juraría que no había escuchado la puerta al irse. Vi su mochila en el suelo y escuché un ruido en mi dormitorio. Fui hacia allí y lo vi acostado en mi cama, desnudo. Me dijo: - Desnúdate, zorra - ¿Ya no soy señora? - No, ahora eres la zorra que me va a chupar la polla Lo miré, estaba buenísimo. Su cuerpo era escultural, todos los músculos marcados en brazos, piernas y torso. Y su polla, flácida pero que era anormalmente grande. Noté como me calentaba de nuevo y sonreí. Me quité la camisa y pregunté: - ¿No necesitas descansar unos minutos? Me quité el sujetador y sonreí de nuevo al observar su cara excitada al verme las tetas. Su polla reaccionó de inmediato y vi como empezaba a ponerse dura. Dijo: - No - Ya veo Me quité la falda quedándome totalmente desnuda. Dejé que me admirara durante unos segundos antes de dirigirme a la cama. Me puse sobre él a cuatro patas y fui a besarlo mientras le cogía la polla. Él me cogió las tetas y nos besamos, esta vez con más tranquilidad. Luego paró y dijo: - Seguro que eres una chupa pollas de primera “No lo sabes bien” pensé. Besé su cuello, su pecho, sus abdominales, bajando poco a poco. Sabía y olía a sudor, fuerte, desagradable pero, a la vez, me ponía aún más caliente ese olor recordando lo salvaje del polvo en la cocina. Llegué a su polla y la observé detenidamente. Era grande, el chico estaba bien armado. No era mi primera polla grande, ni mucho menos, pero siempre era excitante tener una en las manos. Me moví para situarme mejor, quería que el chico me viera, que no perdiera detalle de como le hacía la mejor mamada de su vida. Me incliné y pasé mi lengua lentamente por su glande. Lo miré y moví mi pelo para que no me tapara. Entonces empecé la mamada, lenta, húmeda, como muchos ruidos húmedos y gemidos por mi parte, como sabía que le gustaban a los tíos. Me lo tomé con calma, lamiendo y chupando toda la polla y sus pelotas, cambiando de ritmo, siempre buscando su máximo placer pero sin llegar a provocarle el orgasmo. El chico gemía y me insultaba, disfrutando en todo momento. Cuando noté que ya no iba a aguantar mucho más, me puse encima, ahora iba a disfrutar de mi coño y mis tetas. Empecé a follarlo despacio y sus manos se fueron rápidamente a mis tetas. Lo cabalgué sin poder evitar gritar y gemir, totalmente llena con su polla. Usé mis músculos vaginales para apretarle aún más la polla. Quería que aquello durara pero estaba demasiado caliente y no pude evitar buscar mi orgasmo, el cual llegó rápidamente junto al suyo. Me derrumbé encima suya, totalmente destrozada y temblando. Luego, me eché a su lado, mirando al techo mientras respiraba rápidamente. Entonces, él se puso a acariciarme lentamente, pasando sus dedos por mi cuerpo mientras me decía al oído, muy flojito, que era una diosa, que estaba buenísima,… Hacía mucho que un tío no me acariciaba y decía esas cosas tras el sexo y me gustó mucho. Tras un rato, Santi se incorporó y buscó su ropa. No quería que se fuera y le dije: - Quédate a cenar Me miró de pie, desnudo, escultural, y sentí un escalofrío que me recorría todo el cuerpo. Dijo: - ¿Quieres follar más? - Sí Me miró pensando hasta que dijo: - Vale, pide pizza y luego follamos Y se fue al baño. Sonreí mirando ese culo bien puesto. No recordaba un lunes mejor en toda mi vida. Mismo día. Lunes, 4 de septiembre 2023, 7:00 Cristina Salí del cuarto del baño con una bata mientras me secaba el pelo con la toalla. Cuando pasé por el dormitorio de Sara, mi compañera de piso, caminé despacio para no despertarla y me metí en mi cuarto. Allí me desnudé y me puse ropa interior para luego cepillarme el pelo. Me miré al espejo y no me gustó lo que vi. Tenía mala cara, con ojeras y estaba demasiado delgada. El estrés me estaba pasando factura. Septiembre había empezado fatal. El viernes le había dado a Sara mi parte del alquiler y me había quedado sin nada de dinero pero sabía que en la noche del sábado, en el bar, sacaría lo suficiente para pasar la semana. Lo malo fue que, al salir del bar, me atracaron y robaron el dinero y el móvil, todo el dinero, los más de 100€ que había sacado esa noche con las propinas y las horas que había estado. De nuevo me entraron ganas de llorar tras recordar el miedo y luego la desesperación por el dinero. En la cuenta del banco tenía 1 euro y 35 céntimos, y me había tirado horas rebuscando en mi habitación y solo había conseguido reunir monedas por un total de 4€ y poco. Tenía menos de 6€ para toda la semana, y sin móvil, sin bono de transporte que lo tenía en el móvil, y sin comida porque el domingo revisé toda la cocina y no había ni una triste lata de albóndigas o bolsa de pasta, no había nada. Era normal porque la idea era hacer la compra esta semana pero ¿Cómo iba a comprar algo con 6€? Podía pedirle prestado algo de dinero a Sara pero no quería, me parecía abusar de su amistad. Lo que había hecho fue ir a la hamburguesería para hablar con el encargado y rogarle por más turnos. Tras mucho suplicarle, me había dicho que quizás me podría dar algún turno de almuerzo durante la semana. Mi siguiente turno sería el martes por la noche pero no cobraría hasta el viernes. Le dije si ponía cambiar el turno al lunes y me dijo que no, que estaba harto de tantos cambios. Viendo que se estaba empezando a impacientar con mi insistencia, preferí dejarlo y le di las gracias y me fui. Había sido un error mudarme con Sara porque el alquiler ahora me salía casi por el doble que antes. Me había dejado convencer porque ella quería un piso sin tanta gente, por las peleas por el baño, la cocina, la tele… quería algo solo con otra persona y me lo pidió a mí, cosa que me emocionó. Sara era la única amiga que tenía, me gustaba salir con ella porque al ser tan guapa y simpática, era un imán para tíos buenos, y aunque siempre se quedaba con el bueno de verdad, algún amigo del chico podía estar bien y yo, que era incapaz de ligar, me lo quedaba y a veces hasta echaba un polvo. Suspiré mientras me ponía los vaqueros y la camiseta. El sexo, con lo que me gustaba, lo practicaba muy poco. El sexo que tantos problemas y alegrías me había dado. Y recordé lo que había pasado el domingo por la mañana. Había ido a la cocina para ver si encontraba algo para desayunar y, de pronto, me encontré con un chico totalmente desnudo bebiendo un vaso de agua. Nos quedamos los dos pasmados. El chico era guapísimo, moreno, ojos claros, musculoso, totalmente depilado y, no pude evitar mirarle la polla, que me pareció muy grande, quizás por no tener nada de pelos. Tras unos segundos callados, él se rio y dijo: - Perdona, pensaba que no había nadie en casa No dije nada, pero miré a otro lado, avergonzada. Él, sin cubrirse ni nada, dijo: - Soy Alberto - Yo… yo… Él esperó y lo volví a mirar y noté que me ponía aún más roja: - Cristina (dije muy bajito) - Encantado, Cristina… Y perdona “esto” (señalándose el cuerpo desnudo) Y se fue. Suspiré y sentí envidia de Sara, siempre conseguía a chicos así, cañones. Rebusqué en la cocina y lo único que encontré fue una caja de bolsitas de té. Me hice uno y me lo llevé a mi habitación. Al pasar por la habitación de Sara escuché los ruidos inconfundibles de un polvo. “Jo, que puta envidia te tengo, Sara” pensé y me fui a mi cuarto a llorar por mi puñetera suerte en esta vida. Ese domingo, cuando se levantaron, Sara llamó a mi puerta y me dijo que iban a salir a tomar algo, que si me apuntaba. Le dije que no, más que nada por el dinero, pero le di como excusa que me dolía el estómago. Ella se preocupó un poco por mí pero luego se fueron. Llegaron por la noche y estuvieron un buen rato follando. Terminé de vestirme y me fui a la cocina donde me hice otro té. Llevaba sin comer nada sólido desde el sábado al medio día cuando me comí un sándwich. Me estaba alimentando a base de té, y sería así toda la semana hasta que acabara con el té o Sara fuera a comprar. Mis tripas rugieron pero no podía hacer nada. Me tomé el té despacio, estaba alicaída, sin fuerzas, pero al terminar me levanté y fui a mi cuarto a coger el bolso para irme. Al pasar por la habitación de Sara volví a escuchar el ruido de un polvo. Puse los ojos en blanco, “Que suerte tienen algunas”. Cogí el autobús pagando en efectivo, con lo que me quedaban menos de 5€ para toda la semana. En el camino estuve pensando y se me ocurrió intentar hablar con Carlos. Era un tío genial, nos había tratado a Héctor y a mí muy bien, enseñándonos sin enfadarse ni perder la paciencia. Silvia también era genial aunque era mucho menos paciente. Le preguntaría a Carlos si veía posible que al final nos contrataran o no. Tenía muchas esperanzas en eso aunque, con mi suerte, nunca se sabía. Lo mismo solo podían contratar a uno y escogían a Héctor, que era mucho mejor que yo. Meneé la cabeza. “Seguro que pasa eso” pensé. Entonces caí en otra cosa, si me daban turnos de almuerzo, tendría que salir antes de las prácticas “jo, menuda mierda, no lo había pensado, es que soy muy tonta”. Medité buscando alternativas y no encontré nada, tendría que hablar de eso con Carlos. Cuando llegué a la oficina vi que Carlos ya estaba en su despacho. Le di los buenos días y dudé si entrar a preguntarle lo del contrato y mi horario de prácticas, pero me pareció muy pronto para abordarle con esas cosas, mejor más tarde. Fui a mi sitio donde ya estaba Héctor que me saludó sonriente. Le devolví el saludo y me senté cansada. Sabía que a Héctor le gustaba, era evidente, pero nunca había intentado nada con él, y él jamás me lo pediría porque era muy tímido. No es que fuera feo, al contrario, pero era mi amigo, mi único amigo, y con lo mal que se me daban las relaciones, tener un lío con él seguro que sería perderlo como amigo y eso no lo podía consentir, me caía muy bien, siempre estaba dispuesto a ayudar y era más listo que yo así que recurría a él con frecuencia. Y por él estaba en esa empresa, porque cuando me dijo que pensaba que era una buena opción para las prácticas y que él iba a ponerla en su solicitud, ni me lo pensé, quería hacer las prácticas con él, sabía que me ayudaría sin problema si no entendía algo y, sobre todo, es que me gustaba estar y charlar con él. Miré a mi alrededor notando algo raro hasta que vi que había una cafetera nueva en una estantería. Le pregunté a Héctor que señaló a Carlos y lo miramos. Él sonrió y vino. Nos explicó como funcionaba y tomamos un café que me supo maravillosamente bien. Le dimos las gracias y nos pusimos a trabajar. Al rato llegó Silvia sudando. Silvia era el tipo de mujer que me gustaría ser, es decir, inteligente, independiente, segura de sí misma, sin pelos en la lengua, guapa, atractiva, con familia… Algo que dudaba que yo fuera a tener alguna vez. En cuanto vio la cafetera empezó a bromear y llamó a Carlos y nos tomamos todos otro rico café. Después, cuando Carlos se fue, me animé a ir a hablar con él, estaba de los nervios y con el estómago vacío, y si lo dejaba más, me iba a dar algo. Lo pasé realmente mal, no por Carlos que fue todo un cielo sino por mi incapacidad para hablar y expresarme porque soy bastante inútil en todo. Pero Carlos estuvo comprensivo y me ayudó a relajarme. Le expliqué todo, quizás demasiado, porque me daba mucho apuro que la gente supiera de mis dificultades, pero no pude evitarlo, con Carlos una se siente segura, arropada, es un hombre que sabe escuchar y eso ayuda mucho.
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