Capitulo 1
Lunes, 4 de septiembre 2023, 7:00
Carlos pulsó el interruptor y las luces de su despacho se encendieron. Como siempre, era el primero en llegar a la oficina, a las 7 de la mañana. Dejó la bolsa en el suelo y de su mochila sacó el portátil y lo conectó al dock para luego encenderlo. No esperó a ver como se encendía la pantalla, sino que cogió la bolsa que había dejado en el suelo y salió del despacho.
Fue hacia el cubículo a la derecha de su despacho, el de los técnicos informáticos. Hizo sitio en una estantería que había junto a la puerta y sacó de la bolsa la nueva cafetera. Lo había hablado el viernes pasado con los tres técnicos. Todos estaban cansados de los cafés de la máquina expendedora que había en recepción y al salir del trabajo, había tenido el impulso de comprar una cafetera. Al principio pensó en ponerla en su despacho pero allí parecería que era solo para él y seguro que Cristina y Héctor ni se atreverían a usarla así que decidió que el mejor sitio era la sala de los técnicos, que aunque estaban apretados y con todo lleno de cachivaches (impresoras, portátiles, monitores...) seguro que la cafetera no les iba a molestar.
Estuvo 10 minutos haciendo sitio y montando todo. Luego, puso 5 cajas de cápsulas de todo tipo junto a la Nespresso así como unas tazas nuevas. Llenó el depósito con agua e hizo el proceso de puesta en marcha que le habían explicado en la tienda. Tras terminar, revisó las cápsulas buscando un café que fuera fuerte, intenso, y se hizo su primer café. Lo probó con cuidado y sonrió, sabía muy diferente a la máquina de recepción.
Con la taza de café en su mano, volvió a su despacho y desbloqueó el portátil. Suspiró pensando en las tareas diarias. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer ese día pero de todos modos repasó su agenda. Era el encargado del departamento técnico pero también de recursos humanos y hoy tenía tres reuniones con empleados. Dos de ellas eran sencillas y positivas, iba a hablar con Cristina y Héctor, los dos becarios en prácticas para proponerles un contrato. Estaba contento con los dos, Héctor se había dedicado a la parte más técnica y de hierro, dar soporte a los usuarios, arreglar impresoras… mientras que a Cristina le había asignado la parte de control y revisión de los servidores. Había hablado con Silvia, la técnica senior, el día anterior y ella también estaba contenta con los dos chicos.
Pensó en el equipo técnico y recordó sus comienzos en la empresa hacía 10 años cuando volvió de EEUU tras su divorcio. Había empezado trabajando en la empresa como un simple técnico, él solo,sin nadie más, encargándose de todos los ordenadores, servidores... en una empresa de 20 personas donde nadie tenía experiencia en ordenadores. Actualmente eran cerca de 100 y con tres técnicos iban a seguir cortos de personal pero poco a poco iría solucionando ese tema. Silvia llevaba con él 8 años, una mujer muy capaz, trabajadora y siempre dispuesta a ayudar. Tenía 33 años, madre de una cría de casi dos años y casada con un compañero de trabajo de la fábrica. Tenía una melena corta de color castaño y era atractiva, especialmente por sus bonitos ojos verdes, pero no especialmente llamativa. Además, no había conseguido recuperar del todo el tipo tras el embarazo y seguía con varios kilos de más, sobre todo en la cadera, culo y piernas según se quejaba ella aunque para él le quedaban bien esos kilos de más, aunque tenía poco pecho para su gusto.
Las reuniones con los dos becarios no iban a suponer ningún problema, al contrario, siempre le gustaba dar buenas noticias y estaba seguro que ellos se pondrían muy contentos. Lo que le preocupaba era la reunión con Carmen.
“Ayyy, Carmen ¿Qué vamos a hacer contigo?” pensó meneando la cabeza. Carmen era una compañera que llevaba 6 años en la empresa. Tenía 41 años, madre de un hijo y en proceso de divorcio. Había entrado como comercial y se le daba muy bien, pero tras el embarazo, pidió dejarlo y dedicarse más a labores de oficina, y desde entonces había ido cambiando de departamento cada poco porque no se adaptaba a ninguno.
Carmen era todo un pibón, una morenaza de ojos penetrantes y tipazo, con una delantera y trasera que quitaban el hipo y que hacía que todos los tíos se giraran al verla pasar. Además, era guapa de verdad. Recordaba perfectamente su entrevista de trabajo, lo simpática, directa y segura que estuvo, y sobre todo, lo tenía que reconocer, lo atractiva que le pareció.
Carlos nunca había intentado nada con ella, principalmente porque se sentía viejo y feo al lado de ella, con sus 48 años mal llevados. Era una persona aburrida, sin ningún atractivo, fofo, sedentario,… Una mujer como Carmen nunca podría estar con una persona como él, o eso pensaba él siempre que se le ocurría que podría ser buena idea invitarla a tomar algo aprovechando su divorcio, y hasta ese momento, no se había atrevido a proponerle salir, ni se atrevería, lo tenía claro.
Abrió el informe de Pablo, el jefe de Carmen en su departamento actual. Pablo, muy educadamente, solicitaba el despido de Carmen por varias razones, pero la principal es que Carmen no seguía sus directrices y que faltaba mucho al trabajo. Pablo no la quería con él, y no era el único. El informe era escueto y conciso, pero Pablo había hablado con él y le había contado el mal ambiente que generaba Carmen, como siempre le intentaba quitar autoridad... Carlos meneó de nuevo la cabeza y miró los papeles del despido, ya lo tenía redactado, con un finiquito bastante superior al que le correspondería.
“Va a ser jodida la reunión con Carmen” pensó. Lo malo es que Carlos y Carmen hablaban mucho, solían coincidir en la zona de comidas del edificio y ella se sentaba con él para charlar mientras comían, y sabía lo mal que lo estaba pasando Carmen con el divorcio, sabía que el marido la había dejado por una chica de veinte y poco y Carmen estaba deprimida, no estaba en su mejor momento, y Carlos sabía lo que era eso, lo había vivido, aunque su divorcio fue por otras razones.
Tomó los papeles del despido y los rompió. Le daría una nueva oportunidad a Carmen, la última, y se lo diría, pero no podía dejarla en la calle, en ese momento no, con el divorcio y su depresión. La metería de nuevo en Ventas, pero no como comercial sino como administrativa. Escribió un correo electrónico al jefe de ese departamento para comunicarle el cambio. Él se lo tomaría mal pero era lo que había.
Carlos suspiró aliviado, lo de Carmen lo tenía estresado desde que Pablo le había informado de todo, pero ahora, una vez tomada la decisión definitiva, se sintió como si le hubieran quitado un peso de encima. Ahora todo dependería de Carmen y su actitud en el nuevo departamento.
Siguió leyendo correos y revisando documentos hasta que escuchó unos pasos suaves. Sin levantar la vista supo quien era, Héctor. Levantó la cabeza al escuchar “Buenos días, Carlos” y respondió “Buenas, Héctor”.
Héctor sonrió pero, como siempre, sin mirarlo directamente. Era un chico muy introvertido, inteligente pero excesivamente tímido. Era muy delgado, algo bajo y con una tupida, aunque corta, barba negra. Iba vestido con vaqueros y una camiseta. Lo miró dirigirse a su sitio y vio como se quedaba mirando la nueva cafetera.
A las 8 en punto escuchó un suave “Buenos días”. Carlos levantó la vista para ver a Cristina en su puerta, sonriendo tímidamente y levantando una mano a modo de saludo. Carlos le sonrió y le dijo “Buenas, Cris”. Notó que ella dudó un momento, como si quisiera decirle algo, pero entonces se fue a su sitio. Cris tenía una larga melena morena que le llegaba casi al culo, un bonito culo redondo aunque demasiado pequeño para su gusto. Cris era de esas chicas muy delgadas, excesivamente delgada, pero, increíblemente, tenía un buen par de tetas. Llevaba unos vaqueros muy ajustados, marcando su culito prieto y Carlos no pudo evitar mirarlo mientras ella se dirigía a su sitio. También llevaba una camiseta, igualmente ajustada y sin mangas, resaltando sus pechos. La chica ea guapilla, seguro que no tenía problemas para ligar. Normalmente llevaba gafas y también era tímida, aunque no tanto como Héctor.
Carlos
Escuché como daba los buenos días a Héctor y luego le preguntaba “¿Y esto?” señalando la cafetera. Héctor se encogió de hombros y dijo algo en su habitual tono bajo que no escuché. Cris me miró y sonreí. Me levanté y fui con ellos. Les dije que era una cafetera para todos, que podía usarla cuando quisieran, pero que tendríamos que poner un bote para reponer las cápsulas. Héctor se quedó inmóvil, sin reaccionar, pero Cris fue a la cafetera y me preguntó:
- ¿Cómo funciona?
Se lo expliqué a los dos, y Cris se hizo su primer café. Héctor, tímido, no se atrevió así que le hice yo uno y se lo di. Cris dijo:
- Mmmmm, que bueno
- ¿Sí?
- Sí, que idea tan buena has tenido, Carlos, muchas gracias
- Jeje, de nada ¿A ti no te gusta, Héctor?
Héctor se puso rojo de vergüenza y asintió rápidamente. Me reí y los dejé.
Silvia llegó a las 9 porque ella tenía un horario especial por su hija, trabajaba de 9 a 2. Los pasos de Silvia eran inconfundibles, rápidos y fuertes. Me dio los buenos días con un fuerte “Buenos días, jefe, que calor hace aún”. La miré sonriendo. Silvia intentaba andar más y dejaba el coche lejos para poder hacer algo de ejercicio aunque fuera así y siempre llegaba sofocada. Llevaba un vestido de verano hasta las rodillas. Sus bonitos ojos relucían por el sofoco pero sonreía mientras se abanicaba con la mano. Le dije:
- Buenos días, y sí, hace calor este septiembre
- Cambiará a mediados, como siempre
- Esperemos
Entonces me preguntó muy bajito:
- ¿Se lo has dicho ya?
- Aún no
- Ah, vale, es para no meter la pata
- En un rato los llamo
- Vale, vale, se van a poner muy contentos jiji
Y me saludó con la mano para luego irse a su sitio donde escuché su potente voz dando los buenos días y luego diciendo “pero ¿Quién ha estado tocando mis cosas?”. Cristina señaló con la mano hacia mí y Silvia me miró y dijo a voces “jefe, que tengo todo bien ordenado y ahora me lo has desordenado todo”. Me reí y le dije “Ya, un desorden ordenado ¿No?”. Ella se rió y dijo “Eso es” y luego dijo “Anda, ven y te tomas un café con nosotros”.
Me levanté y nos hicimos todos un café mientras Silvia se reía y me decía que menuda ocurrencia, que iba a tener ganas de café a todas horas con ese olor, que eso no podía ser, pero todo el rato riéndose encantada.
Tras terminar el café me volví a mi despacho y vi un mensaje en el chat de la empresa. Era Silvia:
- Muchas gracias por la cafetera, eres un encanto, pero no hacía falta
- Es una tontería
- Ya, tus tonterías que siempre me encantan, gracias, eres un cielo
Sonreí y entonces escuché “Carlos ¿Te podría consultar una cosa?”. Levanté la mirada y vi a Cris, nerviosa, tanto que parecía a punto de dar saltitos. Le señalé una de las sillas frente a mi mesa y le dije:
- Un momento, termino este correo y hablamos
- Ah, entonces vuelvo en…
- No, no, venga, siéntate, es un minuto
La vi sentarse y removerse nerviosa. Terminé el correo y, tras enviarlo, la miré. Cris, muy nerviosa, dijo:
- Es que verás, Carlos, yo… mmmm es que mi… mmmm es…
La miré extrañado ¿De qué iba todo esto? Miré a Silvia pero ella estaba a lo suyo, y Héctor también, parecía que era algo exclusivamente de Cristina. Le dije:
- No estés tan nerviosa, respira hondo y luego hablas
Cris lo hizo, y tras una pausa de unos segundos, dijo:
- Gracias
- A ver ¿Te pasa algo?
- No, bueno, sí, pero…
- ¿Te vas a ir?
- ¿Qué? ¿Irme? ¿A dónde?
- No sé, a otra empresa, que te han ofrecido un trabajo ¿No?
- N…. no, eso no, bueno, es sobre trabajo, sí
La miré expectante. Ella volvió a respirar profundamente y dijo:
- Verás, mi situación mmmmm familiar mmmm es un poco mmmmm...