Me miré al espejo y era cierto, se notaban muchísimo mis pezones totalmente duros, ni me había dado cuenta. Me sonrojé y ella se rio diciendo: - Es muy sexy, vamos Y me cogió de la mano y me llevó a su cuarto donde nos esperaba Alberto descalzo pero vestido y tumbado en la cama. Nos descalzamos y subimos a ella quedándonos de rodillas y lo miramos, las dos sin saber muy bien que hacer. Él dijo: - Enrollaos Lo miramos sorprendido y Sara dijo: - No somos bolleras - Lo sé - Queremos follar contigo - Lo sé, pero antes quiero que os beséis Ninguna nos movimos. Alberto se rio y dijo: - Venga, Sara, si llevas toda la noche cachonda mirándole los pezones - Imbécil, lo que te he dicho es que es sexy (sonriendo) - Claro, y eso te gusta y te pone - Idiota (riéndose) Pero Sara no se moví

