Capítulo 3
Pasaron algunos minutos antes de que Daniel se uniera a Dayanna en el cuarto de estar. Necesitaba algún tiempo para prepararse para lo que iba a sufrir. Tenía una intensa pesadez en el centro de su pecho, clara señal de que estaba todo a punto de irse al carajo. Dayanna lo estaba esperando sentada pacientemente. Curiosamente, la joven estaba muy tranquila en apariencia. Su corazón latía a un ritmo normal y tenía las manos apoyadas relajadamente sobre su regazo. De algún modo, estaba completamente resignada.
Daniel entró. Se había quitado el abrigo y la chaqueta, se había desanudado la corbata y desabrochado el cuello de la camisa. No miró a Dayanna, no se atrevía a hacerlo y sin decir nada se acercó al mueble bar para servirse un whisky. ㅡ¿Quieres uno ? —Le preguntó a Dayanna.
Ella negó con la cabeza, Daniel no repitió la pregunta, ni la miró tampoco, solo interpretó su silencio. Se sirvió una generosa cantidad de whisky y se sentó en el sofá, frente a Dayanna. Dio un largo trago, necesitaba la fortaleza suficiente para enfrentar este momento.
—Tienes una amiga muy fiel ㅡdijo secamente. "Y un marido infiel", consideró Dayanna.
Daniel cerró los ojos. No la había mirado desde que entró en la habitación. Estiró las piernas y tomó el vaso con ambas manos, tratando de dilatar el mayor tiempo posible la conversación pendiente. Dayanna se fijó en sus dedos: largos, fuertes y con las uñas perfectamente cortadas. Era un hombre fuerte y alto, y siempre aseado. Buenos zapatos, trajes elegantes, camisas a medida y corbatas de seda. Estaba más pálido que de costumbre, pero su semblante seguía siendo atractivo. Sus rasgos bien formados y suaves, tenía la nariz recta y la boca delgada, en un gesto de determinación. Iba a cumplir treinta y dos años y siempre había sido masculino, aunque, con el paso de los años, habían ido aflorando otras facetas de su carácter.
Había adquirido fuerza interior, que, tal vez, suele aparecer con la madurez y una nueva confianza y conciencia de la propia valía. Su fuerte personalidad, es decir, la de un hombre acostumbrado a ejercer poder y con la capacidad de superar eficazmente las dificultades. En su compañía, se tenía la sensación de estar ante un hombre especial. Al menos para ella lo era, Daniel fue especial para ella desde el momento en que lo conoció en aquella discoteca.
Otro rasgo eminente de su personalidad, pensaba Dayanna, era su dominio de sí mismo. Daniel siempre había poseído una gran capacidad para controlar sus emociones, raramente perdía los nervios, raramente se irritaba cuando las cosas no marchaban como él quería. Ante los problemas, tenía la rara habilidad de olvidar los aspectos negativos y extraía lo más positivo de la situación, es lo que lo hacía un hombre exitoso en los negocios.
Aquel era el rasgo más sobresaliente de Daniel Schumann, presidente de Schumann industries, una organización que, en pocos años, había crecido de un modo extraordinario. Compraba pequeñas empresas que no marchaban bien y las convertía en filiales de la suya, logrando que obtuvieran grandes beneficios. Y lo había hecho todo con sus propios medios. Manteniendo un delicado equilibrio entre el éxito y el desastre, aunque sin llegar a poner en peligro el bienestar de su familia, había construido un pequeño imperio. Por el contrario, lo había rodeado de lujo, tanto como podía desear.
ㅡY ahora, ¿qué? ㅡ Solicitó de repente, levantando los párpados y revelando la belleza de sus profundos ojos verdes.
Así que no iba a tratar de negar nada, se dijo Dayanna. Deseaba encontrar algo que decir, pero no sabía qué. ㅡDímelo tú ㅡdijo, todavía con aquella tranquilidad asombrosa.
Charlotte debía haberle dicho que temía que se hubiere colgado de una lámpara o que se hubiera aventado por la ventana. Que melodramática, que novelesco. Pobre Charlotte, pensaba Dayanna con simpatía, que mal tenía que haberlo pasado pensando miles de óptimos escenarios para un suicidio.
ㅡEs una puta ㅡgruñó Daniel.
La idea que tenia de Charlotte, obviamente, no se parecía a la de Dayanna. Se inclinó hacia adelante apretando el vaso de whisky entre las manos. Tenía el ceño fruncido y le temblaba la mandíbula. Apoyó los codos en las rodillas y no apartaba la vista de la alfombra.
ㅡSi no hubiera metido las narices, podrías haberte ahorrado todo esto. ¡Ya había terminado! ㅡEspetó furioso ㅡ¡Si supiera cerrar la maldita boca, se habría dado cuenta de que todo había terminado! Esa pequeña perra me la tenía jurada. Ha estado esperando a que cayera para hincarme el diente. Pero nunca pensé que caería tan bajo como para hacerlo a través de ti.
Era cierto, pensaba Dayanna. Maldita Charlotte, ¿por qué se había metido donde no la llamaban? Si tan solo hubiese cerrado la maldita boca ella seguiría tan ignorante como siempre, esperando las migajas de amor que Daniel le daba.
ㅡ¡Di algo, por dios! ㅡGruñó Daniel, histérico.
Dayanna parpadeó perpleja, por que Daniel nunca le había levantado la voz, y se dio cuenta de que, desde que Daniel había entrado, tenía los ojos fijos en ella pero sin verla realmente. Sólo se fijó verdaderamente en ella en aquellos instantes, como si necesitara que sucediera algo para darse plena cuenta de lo que estaba ocurriendo. Aunque, en realidad, no deseara que sucediera por temor a echarse a llorar y derrumbarse. "Así debe de sentirse uno", se decía en su mente, "cuando muere un ser querido".
ㅡQuiero el divorcio ㅡdijo Dayanna de pronto. Fue lo primero que le vino a la cabeza y se sorprendió tanto de oírlo como el propio Daniel.
ㅡTu puedes marcharte, yo me quedare con la casa y los niños. No creo que tengas dificultades para mantenernos ㅡañadió y se encogió de hombros. No cabía de asombro ante su propia tranquilidad, cuando lo normal era gritarle como una esposa ofendida, por que ofendida estaba y sobre todo estaba extremadamente dolida.
ㅡ¡No seas estúpida! —Gruñó Daniel. ㅡEso no es posible y tú lo sabes. No podemos divirciarnos, Dayanna. —La desesperación se marcaba en sus masculinas facciones.
ㅡNo grites, vas a despertar a los niños. —Dijo con toda calma, mientras fijaba su intensa mirada en su esposo.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Daniel se puso en pie y dejó el vaso sobre la repisa de la chimenea con un sonoro golpe, derramando el liquido sobre el mármol de la repisa. Daniel miró a Dayanna con furia, pero no pudo sostener por mucho tiempo su mirada. Agachó la cabeza apesadumbrado y metió las manos en los bolsillos.
ㅡMira... ㅡDijo al cabo de unos instantes, tratando de recobrar la calma ㅡNo era lo que tú crees, lo que esa perra te haya hecho creer. Sabes perfectamente que Charlotte exagera y solo desea hacerme daño. Todo sucedió solo... Solo por casualidad... Y se acabó casi antes de empezar ㅡdijo haciendo un seco ademán.
"Pobre Clarissa ", pensó Dayanna. "Guillotinada de un plomazo". Es lo que se gana una mujer cuando se mete con un hombre casado...
ㅡTenía mucha presión en el trabajo. La compra de Dink ha sido muy arriesgada y amenazaba todo lo que he conseguido. ㅡProsiguió Daniel, y tomó el vaso de whisky y dió un largo tragó. ㅡHe tenido que trabajar día y noche. Tú has tenido que ocuparte de Al completamente sola y he pasado más tiempo con ella que contigo. Luego, James y Lily tuvieron sarampión y no quisiste que contratáramos a una enfermera. Estabas agotada, casi enferma y yo estaba preocupado por ti, por los niños, por Al, que no dormía más de media hora seguida, y con más dificultades que nunca en la empresa. Creí que lo mejor para ti era que no te preocupara contándote mis problemas en la oficina...
Daniel hablaba de los meses anteriores. Un periodo en el que Dayanna pensó que todo podía ir mal y en verdad había ido mal. Pero no se le había ocurrido añadir a la lista de problemas que su marido lo engañara con otra mujer. Realmente en aquel entonces no se lo esperaba.
ㅡDayanna... ㅡDijo Daniel con voz grave ㅡno era mi intención. Ni siquiera quería hacerlo. Pero ella estaba allí cuando yo necesitaba a alguien y tu no estabas, y yo...
ㅡ¡Cállate! ㅡexclamó Dayanna, por primera vez desde que la conversación inició mostraba una expresión en su hermoso rostro. La furia destellaba en sus ojos miel.
Le dieron nauseas y tuvo que llevarse la mano a la boca para no vomitar sobre su preciosa y carísima alfombra. Se levanto, Daniel hizo el amago de ayudarla y ella le dirigió una mirada hostil. Fue dando tumbos hasta el mueble bar y, con manos temblorosas, se sirvió un vaso con whisky. Era una bebida que detestaba, pero, en aquellos momentos, sentía la angustiosa necesidad de beber algo fuerte.
Daniel seguía de pie. La miró con desconsuelo al verla beber el vaso de whisky de un trago y cerrar los ojos echando la cabeza hacia atrás, mientras se quejaba bajito por el escozor de su garganta.
Dayanna trataba de mantener la calma, pero la tormenta se había desencadenado. Su cuerpo fue sacudido por emociones violentas. Le palpitaba el corazón y trató de respirar profundamente, pero tenía la sensación de tener los pulmones escarchados. Sentía paralizados los músculos del estómago, en cambio su cerebro, al contrario de su estómago, estaba sumido en un torbellino de angustia y dolor.
ㅡ¡Se ha acabado, Dayanna! ㅡDijo Daniel con una voz grave que la joven nunca le había oído ㅡ¡Por Dios, Dayanna, se ha acabado! ¡Entiende de una maldita vez! ¡Esa mujer no significa ni significó absolutamente nada para mí!
ㅡ¿Cuándo se acabó? ㅡLe preguntó mirándolo a los ojos ㅡ¿Cuándo te permitiste el lujo de volver a hacer el amor conmigo? Pobre Clarissa. ㅡEl whisky comenzaba a hacer el efecto deseado. ㅡ¿Me pregunto a quién de las dos tomas por imbécil? ㅡDaniel sacudió la cabeza negándose a aceptar la lucha.
ㅡSimplemente, ocurrió. ㅡDijo tristemente, pasándose la mano por su oscuro pelo. ㅡOjalá no lo hubiera hecho, pero no puedo echar marcha atrás, aunque sea lo que más deseo. Por si te sirve de algo, te diré que me avergüenzo de mi mismo. Pero te lo juro por Dios, te doy mi palabra de que no volverá a suceder de nuevo.
ㅡHasta la próxima vez ㅡdijo Dayanna y salió de la habitación antes de que los sentimientos sombríos que se agolpaban en su interior con amargura la alcanzaran.
ㅡ¡No! ㅡExclamó Daniel, agarrándola del brazo y atrayéndola hacia él. ㅡ¡Tenemos que arreglarlo! Por favor, se que te he hecho daño pero necesitamos...
ㅡ¿Cuántas veces? ㅡLe espetó Dayanna, perdiendo el control. ㅡ¿Cuántas veces has venido oliendo a su perfume? ¿Cuántas veces me has hecho el amor por obligación después de haberte acostado con ella? ¡Responde, Daniel!
ㅡ¡No, no, no! ㅡDijo agarrándola de ambos brazos mientras la joven trataba de liberarse ㅡ¡No, Dayanna! ¡Nunca! ¡No he dejado que llegara tan lejos! ㅡSe puso muy pálido ante la mueca de incredulidad de Dayanna. ㅡ¡Te quiero, Dayanna! ㅡDijo con voz grave ㅡ¡Te quiero, maldita sea!
Por alguna razón, aquella declaración desesperada enervo a la rubia y llevada por la violencia, le dio una bofetada con tanta fuerza que le dió vuelta la cara. Daniel se quedó de piedra. Dayanna se apartó de él. Nadie que la conociera le habría creído capaz de sentir lo que revelaban sus ojos. Daniel estaba atónito, tratando de digerir el horror que contenía aquella mirada.
Sin decir más, Dayanna dió media vuelta y salió de la habitación. Se detuvo en la puerta de la habitación que compartía con Daniel y luego, se dirigió a la habitación de su pequeño hijo Albert. El niño ni se movió cuando entró, Dayanna se acercó, se inclinó sobre la cuna y se quedo mirando a su hijo preguntándose si el intolerable dolor que sentía en su interior la haría enfermar. Por que su corazón dolía, dolía como jamás antes lo había echo.
Luego el dique que contenía sus emociones se rompió y con un sollozo cayó sobre la cama que sería de Albert cuando creciera. Se arropó con la manta y ahogo su llanto en la almohada, para que nadie la oyera. Debía aprovechar para descargar el inmenso dolor que sentía, por que al día siguiente debería mostrarse fuerte y entera frente sus pequeño hijos. Por esta noche, se permitiría ser vulnerable y llorar su pérdida hasta que los ojos le escocieran.